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The Hives – Tyrannosaurus Hives

Hace 35 años los MC5 salieron al escenario del Detroit’s Grande Ballroom para grabar su primer disco, no en un estudio, sino en directo. Kick out the jams resultó ser tan potente, tan incendiario, que las secuelas todavía perduran. La energía no se destruye, se transforma. Un, dos, tres… Abra cadaver arranca pisando el acelerador a un ritmo frenético, velocidad abrupta, descarga de adrenalina en tan solo minuto y medio.

Por si había algún despistado, la banda sueca The Hives saca su tercer largo tras Veni vidi vicious y Barely legal, cuatro años después de ese pequeño submundo-revival del garage rock (The White Stripes, The Strokes…). Y no sólo quieren convencernos de que su paso a una multinacional no va a producir un relajamiento o cambio estilístico, si no que tratan de avisarnos que vienen para intentar conquistar el mundo del rock’n’roll. El álbum, bautizado como Tyrannosaurus Hives, nos introduce en tan sólo media hora (prácticamente como su predecesor) en ese tan rodado ejercicio de inmediatez rock, garra a raudales, potencia guitarrera y vocal que llevan practicando desde hace ocho años. El objetivo es revivir el pasado setentero (el punk es obligado), tomando retoques de los 50-60 y aportando un toque personal y moderno. Todo ello para buscar, como ellos mismos aclaran, su hueco en el olimpo del rock, ése que no caduca con los años.

La línea que va definiendo el sonido The Hives, la misma que traza el disco, se orienta hacia unas guitarras a lo Undertones con una mayor electricidad, tensión, con más nervio. También cabe destacar que pese a ese frenesí guitarrero, dan cabida en éste, como en el laureado Vini vidi vicious, argumentos pop e incluso electrónicos utilizando sintetizadores y beats (Love in plaster) enriqueciendo el concepto general. Está claro, The Hives hacen punk y rock, no hacen electrónica, pero siempre es de agradecer que dentro de un mismo estilo se pueda indagar con otros instrumentos y/o modalidades. La energía que irradia su música se disuelve fácilmente con las ganas de diversión transmiten, tanto en disco como en directo. Se lo creen, disfrutan y convencen. Por lo menos dignificarán un poco esas listas de ventas del cada vez menos creíble mainstream. The Hives quieren comerse el mundo, pero independientemente de si lo conseguirán o no, será un pequeño pero efectivo estimulante que llenará de fuerza al oyente, tanto en los buenos como en los malos momentos; y si no, escúchalo un sábado noche y un lunes por la mañana.

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