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The Hives – Black and White Album

Tres años después del exitoso Tyrannosaurus hives (Interscope, 2004), los suecos de la urticaria reaparecen con su uniforme escolar en blanco y negro y nos proponen otra tormenta punk-rock, aliñada con riffs incisivos, garaje nórdico y melodías vitamínicas. Sin romper el molde que les ha hecho populares en todo el mundo, The Hives acaban con el maleficio del cuarto disco –cuando eran jovencitos prometieron retirarse en el tercero- y presentan curiosas novedades sonoras en The black and white album (Universal, 2007). La banda, que confesó que tenía más de treinta canciones grabadas, propone un nuevo viaje musical donde sorprenden los diferentes registros que, bajo el sello Hives, nos trasladan a discotecas de los setenta, cabarets con chicas simpáticas o películas de terror de serie Z.

Para iniciar el viaje y no perdernos nos ofrecen tres trallazos marca de la casa. Primero Tick tick boom, apabullante single con grititos «yeah yeah», avisos de bomba y que, probablemente, será otro clásico para su discografía. Después Try it again, que rememora los habituales riffs mecánicos y nos anima a poner cara de bobos mientras tatareamos el estribillo. Y por último You got it all… wrong, donde el impresionante cantante Howlin’ Pelle Almquist eleva la voz sin respiro realizando unos gallitos impensables en un ser humano. Lo dicho, Hives en estado puro.

A partir de aquí la cosa cambia con la aparición de Pharrell Williams como productor. La estrella incontestable del hip hop firma Well all right! –recorrida por un aire negro de vieja escuela- y una insólita T.H.E.H.I.V.E.S., que rememora el sonido más preciso de la música disco de los setenta. Voz de falsete y bajo machacón –por eso es el tema favorito de Dr. Matt Destruction- para animar los agradables guateques suecos en la tienda de comida de IKEA. Siguiendo en el apartado de curiosidades destacan A stroll through hive manor corridors, un instrumental con caja de ritmos y órgano tenebroso, y Puppet on a string, una sorprendente y experimental canción que podría estar firmada por el sobrino de Tom Waits durante unas vacaciones en Malmö.

Al margen de experiencias novedosas, la producción de Dennis Herring –también firma Jacknife Lee algún tema- actualiza el sonido Hives sin fisuras y con contagioso espíritu feliz. Al fin y al cabo, estamos hablando de unos chicos de un pequeño pueblo industrial de Suecia que, como los automóviles Volvo, son seguros y enérgicos, aunque un poco anticuados. Son chavalotes sanos que saben hacer su trabajo, y por tanto no hay que preocuparse. Pueden experimentar con drogas mexicanas, contratar al productor de Manolo Escobar o participar en series de dibujos animados, pero estos hombrecillos de Fagersta no cambiarán. Alabados sean por ello los dioses vikingos.

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