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The Chemical Brothers – Push the button

Nada nuevo bajo el Sol en esta nueva entrega de los hermanos químicos. Beats elementales y escuchados hasta la saciedad, cajas de ritmo machacadas durante una década por pseudomúsicos de pacotilla, sonidos planos y predecibles… En definitiva, una amalgama de temas de baile, estudiados y pensados para destrozar los oídos de miles de jóvenes mientras se mueven al son de la cantidad de pastillas que su sangre haya podido resistir en cualquier discoteca ibicenca.

El aburrimiento va haciendo mella en el oyente mientras el disco avanza y la falta de originalidad ya presente en su anterior álbum, Come with us, irrumpe de forma brusca a cada golpe de sintetizador. Y es que desde Surrender su carrera ha ido en total declive. De hecho, salvo Galvanize y el corte final, Surface to air, todas las piezas de este trabajo bien podrían estar firmadas por cualquier músico revientapistas. Un desastre total.

Galvanize es, por lo tanto, lo único medio salvable de Push the button. Un tema que ronda los siete minutos, muy inteligente, con claras señas de la identidad del grupo y un magnífico sample de cuerda de música árabe. Desde aquí hasta el final, cerca de 45 minutos de tedio. Y aunque Shake break bounce pueda librarse de la quema, hasta el insufrible DJ Tiesto sentiría verguenza ajena al contemplar cómo se puede realizar semejante engendro y tirar por la borda una buena parte del supuesto respeto que Chemical Brothers ha tenido siempre dentro de la escena de la música electrónica.

En definitiva, otros que tienen los días contados. Al menos en cuanto a que lo que puedan ofrecer en un futuro tenga la más mínima calidad, siempre que sigan por esta línea tan simple y aburrida, sólo recomendable para fans acérrimos y a la vez perdidos.

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