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Tears For Fears – Everybody loves a happy ending

Trás «Raoul and the kings of Spain» vuelven Tears for Fears, esta vez con Curt Smith, que no participaba en el proyecto desde aquella obra maestra llamada «The seeds of love».

«Everybody loves a happy ending» es un disco menor. Incluso «Elemental» o «Raoul..», sus predecesores, se pueden considerar superiores. Basado en un sonido bastante «Beatle», lo nuevo de TFF destaca por su falta de emotividad, cuando es este punto en el que parece han querido dar mayor trascendencia.

Porque TFF es Roland Orzabal, y Curt Smith queda aquí mejor como segunda voz o coro. Aunque ambos siempre han aportado calidad y emoción, sobretodo Orzabal, estas dos cualidades casi desaparecen en este nuevo album. La reentrada de Smith en el proyecto ha sido insuficiente, en cuanto a la composición deja mucho que desear y más que compenetrarse ambos, Smith y Orzabal, parece como si chocaran en cada verso del album.

Los mejores momentos son aquellos en donde calidad compositiva y emoción se unen de la mano. El primer single «Closest thing to heaven» es lo mejor, lo que suena más TFF. «The devil», «Who killed Tangerine» y «Ladybird» lo mejor que aporta Orzabal. «Secret World» de lo más trabajado del disco. «Size of Sorrow» lo mejor que aporta Smith. Y como conjunto, un mágnífico tema mutuo, el precioso «Call Me Mellow», un tema pop brillante.

Creo que ha sido una unión forzada, y forzado es el resultado. Como demuestra el tema que le da título al album. Intentan buscar de nuevo sus raices como grupo y es el disco que menos TFF suena. Las reminiscencias beatlenianas quedaban estupendamente en «The seeds of love». Aquí suenan como atropelladas, como si hubiesen querido repetir la magnífica idea de homenajear a los Beatles, pero por pura inercia comercial. Curiosas las evocaciones hacia el cuarteto de Liverpool, hasta hay pasajes del propio George Martin, podemos escuchar el despertador de «A day in the life» en el tema que abre el album.

Una lástima, esperar emoción y encontrarte algunos espacios musicales algo helados.

No obstante y en resumidas cuentas, no es mal disco, rezuma cierta calidad y cierta añoranza a tiempos mejores, como el sabor de ciertos vinos con reminiscencias añejas, pero Roland Orzabal debe buscar su soledad, nuevamente.

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