Domingo , 23 de abril de 2017
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Tame Impala – Lonerism

El gran ejército humano y musical.

El mundo de la música es agotador: la simple tarea de estar al día, que a veces llega a ocuparnos días y semanas de intensas escuchas, puede quedar obsoleta en un fugaz pestañeo. Quizá sea decir mucho, pero alguien que, por ejemplo, hubiera estado secuestrado por Al-Qaeda los últimos 8 años, como el Sargento Brody de Homeland, ¡imaginaros cuántas nuevas bandas se habría perdido! Muchas de las cosas que hoy en día consideramos la cumbre de la música, como Bon Iver, Arcade Fire, The XX o Beach House, por poner algunos ejemplos célebres, hace nada no existían; y es muy posible, sin que a nadie le sorprenda demasiado, que el mejor álbum del año sea el de una banda que hace cuatro no tenía ni sello ni más de media docena de temas. Puede que la popularidad, ahora más que nunca, sea más rápida que la pólvora; puede, también por el mismo fenómeno globalizador, que se haya democratizado el acceso de las bandas al público (a parte del obvio proceso inverso), y que por todo ello el mercado musical parezca ahora más grande y transitado: como esas autopistas de 7 carriles, frente al camino rural que era antes.

Pero nada de eso explicaría por sí solo la extensión del éxito inmediato de Tame Impala tras la edición de su segundo Lp, Lonerism (Modular Recording, 2012). El único motivo real es que los australianos se han marcado un pedazo de disco que se sale por los cuatro, los seis, o los doscientos lados que queramos concebir. Un disco que algunos, con razón, han tildado ya de generacional. Al parecer, mediante algún tipo de milagro o de iluminación artistica se ha producido la transformación de un sonido, el del Innerspeaker (Modular Recording, 2010), su primer disco, que ya llamó bastante la atención por la impronta tan particular y extraña que le daban al rock, en algo tremendamente depurado, brillante y absolutamente icónico. Todo el Cd parece una gran imagen coral, un cuadro en movimiento y vivo, como El jardín de las Delicias de El Bosco, en el que puedes recrearte horas y horas con los detalles de cada fragmento, sin perder de vista el global.

Lonerism es compacto por su coherencia interna, porque cada nota parece estar emparentada profundamente con todas las demás; es masivo porque cada canción y cada pasaje están formados por cientos de elementos que se dirigen de vuelta y nos conducen, al unísono, a un lugar onírico más allá del final de los ’70, y mucho antes del inicio de los ’80; y es, en definitiva, como un ejército inmenso e imparable, pero de voluntarios, de gente libre que lucha, sin usar las manos ni torcer la sonrisa jamás, por derribar algo que ni el tiempo ni la historia pueden ya sostener. Además, curiosamente, podría compararse con el impresionante conjunto de los Guerreros de Xian por el estilismo: un inmenso bloque formado por miles de elementos que, vistos desde lejos, parecen uno, pero vistos al detalle, se demuestran como la perfecta unión de miles de fórmulas, semejantes pero distintas, de un mismo estilo soberbiamente definido. Sin olvidar que lo que hacen es un rock un poco psicodélico, un poco retro (aunque desde esa perspectiva vintage ultramoderna [en el buen sentido]), bastante alternativo e indie, pero accesible y enormemente magnético. Legendario.

Recorre transversalmente todo el Cd una sensación muy característica de cierta acidez, como si todo lo viéramos u oyéramos tras una fina película, o lente, alterada térmica y cromáticamente. Una alteración que da la sensación de que es fruto de la propia capacidad imaginativa y deformativa de la mente humana. Además, las constantes muestras de elasticidad, a través de una batería horizontal y muy plásticca, y de unas guitarras gomosas y edulcoradas, aportan una tridimensionalidad muy particular: dinámica y curvada, parece un viaje en una de esas atracción de feria por las que no pasa el tiempo, pero en ligero slow motion. En muchos aspectos, y en más de una canción, Tame Impala son como una fotografía viva y en movimiento de un lugar que se pierde en la memoria colectiva, donde los años no tienen casi sentido. Lugares, momentos, olores, texturas, sabores y sensaciones eternas. Lonerism es uno de esos discos que pones una y otra vez, y en el orden que sea, y siempre siempre te resultará sorprendente, rico, colosal y perfecto; en su acotado y demarcadísimo estilo.

El viaje del Cd empieza sobre la obsesiva base de Be Above It: una voz casi jadeante en bucle, una batería de tambor y palo que la remarca, y pinceladas de guitarra, gordas, onduladas, y moradas de la adulteración. A partir de ahí salimos a volar: la larga intro de Endors Toi parece el primer salto, y los primeros minutos de planeo musical; y el ralentí de teclados saturados de Apocalypse Dream, el primer contacto con ese extraño efecto de flotabilidad sobre la tierra. Para cuando suena Mind Mischief, de ritmo chulo, resultón, y un riff repetido que se difumina en las colas de cometa que tejan guitarras y teclados tras el estribullo, ya nos parece normal el estado de embriaguez musical que nos domina. Music To Walk Home By casi pasa desapercibida: es de las que hacen disco (o plantilla, como se dice en fútbol). Entonces es cuando Lonerism empieza a alcanzar cotas elevadísimas de calidad y carisma: cuando entendemos que el viaje no es un salto, sino un vuelo; a la altura donde la música pone sus banderas.

Why Won’t They Talk To Me?, Feels Like We Only Go Backwards, Keep On Lying y Elephant tienen ese algo especial que hace que una canción sea mítica: cierta nostalgia retro, el inconfundible aroma a libertad creativa, la sensación de que podrían tocar eternamente, sin principio ni final, experimentando desde la comodidad (al estilo Pink Floyd o Greateful Dead), y la seguridad y chulería que emana de los grandes rockeros, respectivamente. Son el epicentro de un álbum que forma su propio ciclo: porque en los grandes discos siempre huele a final cuando éste se acerca. Nothing That Has Happened So Far Has Been Anything We Could Control, de alguna manera, es la cumbre de este viaje sin retorno al reino de los sueños y el recuerdo. Y Sun’s Coming Up, una figurita de barro que recuerde la experiencia.

Lonerism, en mi opinión, es un enorme salto de calidad; demuestra mucha decisión, determinación y fe ciega en una fórmula. Tame Impala, sin colocarse al frente de ningún movimiento o género musical, defienden a capa y espada la elección de ser diferentes, de construir una identidad y una estética propias. Y, desde luego, ha resultado ser una de las fórmulas más interesantes, atractivas y sólidas del año. ¿Será 2013 el año de la confirmación en directo del prometedor futuro de Tame Impala? Veremos a ver qué festival se lleva el pato al agua trayéndonoslos…

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