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[Reseña] Sufjan Stevens – Carrie & Lowell

sufjancarrieSufjan tenía mucho que contar. “Y no sé por dónde empezar” dice en Death with dignity, la canción que abre su séptimo trabajo, como en el comienzo de una difícil confesión en la que cuesta ordenar todos los caóticos sentimientos que uno quiere transmitir. Desde esas palabras ya nos anuncia que este es su trabajo más crudo y personal, un sentimiento de pérdida transformado en palabras que nunca tuvo la oportunidad de decir.

Al contrario que el resto de su obra, no es un disco conceptual, es un álbum de fotografías descoloridas. Es un disco de emociones encontradas, preguntas sin respuestas dirigidas a Carrie, madre del compositor que sufría esquizofrenia y que abandonó a él y a sus hermanos cuando sólo tenía un año, dejándolos junto a un padre alcohólico. En Fourth of July, una de las piezas más notables, es su propia madre la que se dirige a su hijo: “¿Por qué lloras? Siento haberme ido, pero era lo mejor. A pesar de que nunca estábamos bien, mi pequeño Versalles”. Carrie and Lowell es, sin embargo, un paso a la reconciliación. “Te perdono, madre, tengo muchas ganas de estar cerca de ti, pero cada camino conduce a su fin”. En otra sobresaliente canción, la que cierra el disco, Blue bucket of gold, deja una tenue luz a la esperanza dirigida hacia los que se quedan: “Levanta tu mano derecha, dime que me quieres en tu vida”.

Para su séptimo disco, Sufjan se aparta esta vez de experimentos, de la profusión electrónica y los arreglos orquestales, siquiera asoma una batería. En esa extrema desnudez de sentimientos apenas deja sitio para banjo, piano, guitarra y pinceladas de amigos como Thomas Bartlett, Laura Veirs o Sean Carey, la otra cara de Bon Iver, que ayudan a completar un cuadro sombrío y colmado de emociones.

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