sábado , 21 de octubre de 2017
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Soap&Skin – Narrow

Anja Plaschg tardó un año en terminar Vater, la canción que abre Narrow (Solfo/PIAS), el segundo disco de Soap&Skin. Durante muchos meses estuvo peleándose con el corte, buscando el tono adecuado, pero no era capaz de rematarlo. La austriaca quería dedicar el tema a su padre que falleció hace tres años, y por eso buscaba que sonará lo más honesto posible (canta en alemán, su lengua materna). Y la verdad que lo ha conseguido porque Vater es una elegía sobrecogedora que nos empuja hacia un universo lleno de perdición, belleza y desolación.

Narrow es una obra arriesgada que Anja ha creado al limite de sus capacidades físicas y mentales (la inanición ha sido fundamental para componer). Esta vez la enigmática artista ha echado mano de la electrónica vanguardista (parece que poco a poco el sintetizador le gana terreno al piano) y del pop de cámara para vestir su sufrimiento. No es un disco perfecto y en ocasiones tiende a ser demasiado rudo y desconcertante, pero poco importa después de escuchar la maravillosa versión que hace de Voyage Voyage, el tema que popularizó  Desireless en los ochenta. Una balada penetrante  que formó parte de la banda sonora de la película Still Life (Sebastian Meise), donde la austriaca debutó como actriz.

Otro de los momentos álgidos del disco es la industrial Deathmental, una canción inspirada en un novio que cambió su vida y en la que exhibe su lado más rígido (entre una Bjork más severa y una Zola Jesus con algo más de garra). La dulzura la ponen temas como Cradlesong y Wonder, este último el corte más bello y sencillo de todo el disco. Pero el tema que mejor resume de forma metafórica su tragedia personal es Boat turns towards the port: un barco que llega a puerto después de haber navegado en aguas turbulentas para quedarse un tiempo amarrado (un corte donde recuerda a la Cat Power más medicinal).

Anja ha publicado una obra muy valiente que, a pesar de tener sólo unos meses de vida, tendrá que digerir poco a poco. Ahora quedaría bien eso de: ‘este disco es no recomendable para depresivos’. Pero dejando a un lado frases estúpidas, este es un álbum para cualquier persona que esté dispuesta a escuchar como una artista de tan sólo veintidós años se expone por completo a través de ocho canciones devastadoramente bellas. Un disco de alta voltaje emocional que refleja el poder terapéutico de la música.

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