conciertos

Sixty Nine Millon Inches + The Shakers (Madrid, 10-02-2006)

¿Concierto en la sala El Sol por 6€? Sin duda que el cuarto aniversario de la web SupernovaPop era una excusa perfecta para conocer un par de grupos nuevos, semifinalistas en el pasado Proyecto Demo organizado por el Festival de Benicàssim. Nada como el placer de ir a ciegas a descubrir bandas que tal vez dentro de poco nos vuelvan locos con sus canciones. Para la ocasión teníamos a los madrileños Sixty Nine Million Inches y a los leoneses de nacimiento, pero madrileños de adopción, The Shakers. Los primeros editaron el pasado noviembre Wet your whistle con Junk Records, los segundos están ya fichados y a la espera de sacar álbum con la misma discográfica. Discográfica de la que habrá que estar pendientes, ya que en los últimos meses ha empezado a moverse seriamente para fichar a grupos emergentes de la capital.

Para empezar, Sixty Nine Million Inches. Batería y dos guitarristas comienzan un tema acústico e instrumental de raíces sureñas. Poco a poco aumentan la intensidad, y logran dibujar una escena realmente espectacular, con trazos de western épico. Cuando se acercan al final aparece en escena el cantante, calzado con un sombrero de cowboy. La impresión no es muy buena: se queda parado esperando a que acaben, y acapara toda la atención que hasta entonces se centraba en las evoluciones musicales del grupo. Ya nos podemos imaginar por dónde van a seguir los tiros, y nunca mejor dicho. Temas con reminiscencias country, que podrían ser banda sonora de cualquier película del oeste. Pero al cantante no se le nota cómodo: demasiado hierático sobre el escenario, tenso, su voz no logra encajar correctamente ante la mayor soltura de sus compañeros. Aun así la propuesta resulta más que interesante. Gracias a los amplificadores Vox, y sólo con los instrumentos eléctricos justos, acompañados de palmas y silbidos, logran un aspecto muy orgánico, cercano a lo que podría oírse de manera atemporal en cualquier frontera entre Méjico y Estados Unidos.

Entonces el guitarrista se disculpa por las ausencias y por el concierto pseudoacústico. Se descubre que en realidad no han podido acudir todos los miembros de la banda. Falta un trompetista que les acompaña en algunos temas, además del bajista, con lo que toda mi teoría sobre la premeditación de su sonido se va al garete. Esto quizá también explique por qué no acaban de mostrarse todo lo sueltos que deberían. Así que, como parece que no estamos asistiendo a todo lo que puede dar de sí Sixty Nine Million Inches, sólo me queda apuntarme mentalmente que debo verlos en otra ocasión, esta vez con la formación ya completa. Y tal vez así podría escribir con un poco más de sustento, en lugar de realizar hipótesis baratas de crítico enteradillo de tres al cuarto. Y, si pudiera ser, que en esta futura actuación los asistentes al menos en un tema se limiten a escuchar la música en lugar de hablar por encima de ella. Aunque ya está más que comprobado que esto es un mal endémico de casi todo el público musical, no importa el tipo de concierto.

Tras un breve descanso, aparecen The Shakers y de un solo redoble sacuden todas las telarañas del respetable allí concentrado. Es un hecho que la irrupción comercial de The Strokes dio paso internacionalmente a una manera de entender el rock que ha calado hondo por todas partes. Eso es algo que a mucha gente no le gustará nada, pero cuando se cogen las similitudes y se hace algo interesante con ellas, solo queda disfrutar sin complejos. Con una entrada en tromba, pegadizos riffs de guitarra, bajo punzante y batería imparable, hay que tener muy poca sangre en las venas para no bailar, o al menos menear la cabeza. Con enorme presencia (y demasiada ropa; menos mal que se quitó el abrigo que llevaba sobre la sudadera, bajo riesgo de morir de una lipotimia), el cantante se encarga de llevar el mando. Con una voz en inglés un tanto incomprensible y difícil de imaginar cantando en español, pero con buenos registros vocales, nos ofrece canciones directas como puñetazos, cambios de ritmo y continuas entradas y salidas.

Sí, de acuerdo, a veces incluso en la pose la banda se parece demasiado a los ya mencionados americanos. Y sí, no pueden mantener un comienzo con una fuerza tan arrolladora, y a partir del tercer tema pierden algo de energía. Pero hay que ser muy simplista para no ver más allá en sus temas. Surf y garage rock de calidad y muchas ganas, hacen que al final realmente merezca la pena la noche. Tal vez podríamos estar horas discutiendo sobre por qué siempre parece que hay más público haciendo acto de presencia que disfrutando de la música, pero eso es lo de menos. Lo importante es que ya tenemos otras dos bandas a las que seguir la pista y, no nos olvidemos, una web dedicada a la música alternativa que ya va directa a cumplir su primer lustro de existencia. No queda más que desearle a Supernovapop que cumpla muchos más. Y, por supuesto, que nosotros lo veamos.

Autor: Miguel González
Fotos: Andrés Cabanes

Etiquetas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Cerrar