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Sigur Rós – Heima

heimaLa belleza es algo fácil de definir pero difícil de explicar. Ni siquiera se puede acotar, al igual que sucede con otras sensaciones, con la ausencia de complejidad o simpleza. El sonido de un salto de agua o el brillo del ocaso sobre el mar son buenos ejemplos de ello. A Islandia le ocurre algo parecido. En principio se puede pensar que un paisaje desolado por el intenso clima polar y las continuas erupciones volcánicas es un mero erial, sin vida, y debe de ser algo totalmente alejado de la belleza. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los verdes valles destacan en medio de picos creados en erupciones, con casas aisladas acompañadas sólo por el viento. Playas de arena azabache y aguas gélidas, donde las olas rompen entre hermosos trozos de hielo. Glaciares que, en su lento y mastodóntico tamaño, avanzan, centímetro a centímetro, ignorando el paso normal del tiempo e imponiendo su ley allá por donde pasan. Todo es hermoso. Pero si algo tiene Islandia, además de su tremenda belleza paisajística, es la increíble sensación de soledad: las poblaciones son pequeñas y están muy separadas entre sí. Al ser un lugar tan duro en el que vivir, no es extraño encontrar edificios abandonados. Lugares que, lejos de resultar decadentes, son misteriosos y sobrecogedores. Unos oasis de recuerdos pasados en la tierra del fuego y del hielo.

Se puede pensar que, con un escenario así, el trabajo de este documental está medio hecho. Sin embargo cualquiera, hasta el más mitómano de la tierra islandesa, se aburriría con noventa minutos seguidos de imágenes bonitas de dicho país, sin más. Ahí es donde entra el trabajo de una gran banda como es Sigur Rós. Sus melodías, tremendamente suaves, dulces y a veces empalagosas, encajan como anillo al dedo con las imágenes de su país de origen. No se pueden escuchar sus deliciosas canciones sin dejar de pensar que están inspiradas en lo que han visto y vivido durante toda su vida. Desde el primer minuto, donde el nombre de la banda es escrito en una pequeña cartulina, todo lo creado en esta cinta hace que tu alma vuele místicamente a la isla, que navegue plácidamente por sus aguas, que acaricie el verde de sus prados y que finalmente se integre entre sus gentes. Sin duda, Heima es una experiencia única e irrepetible. El mejor embajador de un lugar, una cultura y un pueblo.

Texto: Rand

Heima, Islandia, 2007
Director: Dean DeBlois; Fotografía: Magni Ágústsson y Alan Calzatti; Música: Sigur Rós; Género documental.

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