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[Reseña] Tunng Presents… Dead Club

En su séptimo álbum de estudio, el nuevo proyecto del sexteto británico tunng, con el titulo de DEAD CLUB, le llevó dos años 2 años en desarrollo, ya que no sólo derivó en nuevo disco, sino también una serie de podcasts de ocho partes producida por la banda con entrevistas extensas con expertos, escritores y pensadores en el campo del dolor, la pérdida y la filosofía, desde filósofos y médicos hasta poetas y antropólogos forenses. Esa investigación conformó prácticamente la letra, y también consiguieron que Max Porter, cuyo libro El duelo es esa cosa con alas– publicado aquí en 2016 por Editorial :Rata_- fue el origen inspirador de todo, escribiera dos piezas en prosa, Man y Woman. Así, cada episodio, y, por lo tanto, posteriormente en cada una de las canciones, cuenta con las aportaciones de los podcast de un invitado diferente, entre los que encontramos a Derren Brown, Speech Debelle, Kathryn Mannix, Dame Sue Black, Alain de Botton, AC Grayling, Kevin Young y el propio Max Porter.

El lema sobre el que se asienta todo el proyecto es la muerte, y, sobre todo, el final como tabú, como establece el título de una de sus canciones: Death is the new sex, como si la muerte, como lo fue el sexo en el siglo pasado, fuera el veto del siglo XXI, cuando, al fin y al cabo, cuando remarcan «la muerte es el nuevo sexo, pronto nos follará a todos». Así esta conflictiva y en un principio inquietante e incómoda materia se explora desde distintas perspectivas, alguna más irónica e inesperada que otra, como el comienzo con el canibalismo- en Eating the dead, basada en el pueblo Wari de Brasil que, hasta hace poco, supuestamente practicaba esta costumbre- la actitud adecuada ante el duelo ajeno – Three birds, Tsunami– los objetos que conservar tras la despedida– SDC, inspirado también a su vez en otro libro, El arte sueco de ordenar antes de morir de Margareta Magnusson – o, en definitiva, como apuntan en Scared of death, el miedo mismo a lo desconocido. Aunque pueda parecer un disco oportunista en el año en que su fondo parece protagonizar las noticias, DEAD CLUB ya se había grabado en su mayor parte antes del confinamiento y solamente quedaban ultimar algunos arreglos. Con todo, DEAD CLUB, en su sonido incluso menos experimental y más pop que los anteriores, es equilibrado, no resulta necesariamente un disco sombrío ni morboso, y aunque sólo sea por lo arriesgado de su planteamiento- poco habitual en una banda pop -merece la pena darle una oportunidad.

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