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[Reseña] The War on Drugs – Lost In The Dream

war-on-drugs-lost-in-the-dreamCabalgando en solitario.

A Adam Granduciel le ha ido bastante bien desde la marcha de Kurt Vile de la banda The War on Drugs en 2009. Juntos la fundaron hace casi diez años, recién llegado el primero desde su California natal a Philadelphia, y retornado el segundo a esta última tras dos años en Boston. Disfrutaban tocando codo con codo, más allá de la formación que ya aglutinaba a su alrededor Vile por aquel entonces, y dieron forma a Wagonwheel Blues (Secretly Canadian, 2008), primer Cd de The War on Drugs, y, a la postre, único de autoría compartida. Desde entonces han seguido caminos separados, pero paralelos, en el que también parecen compartir un mismo horizonte. Granduciel, pese a los cambios en la formación, siempre al frente de The War on Drugs, y Vile, siempre indomable, en solitario y al frente de sus Violators.

La del de Philadelphia es una personalidad más única, mientras que la de Granduciel recuerda bastante más a otras más arquetípicas de la cultura norteamericana. El californiano acaba de publicar el tercer álbum de la banda, el segundo sin Vile, y en él parece haber dado rienda suelta a un trasfondo de americana, cuasi fílmica, que conecta directamente con el mejor Springsteen, con el Knopfler más rockero, y con el Dylan más eléctrico. Vaya tres patas para una mesa. En Lost In The Dream (Secretly Canadian, 2014) aflora un Granduciel liberado y completamente a sus anchas: con canciones largas, más retocadas que en anteriores trabajos, pero siempre dejando espacio para la divagación basada en su íntima relación con la guitarra. En Suffering y en Dissapering parece fundirse lentamente con ella, y en general, crea constantemente, a través de las cuerdas, hermosas atmósferas inmaculadas y libres.

Se trata de un disco muy compacto, donde ningún tema destaca excesivamente sobre los demás. Impera en él siempre el mismo espíritu de rock clásico, zurcido en los ’80, que tira de caja de ritmos, teclados y pianos con más bien poco protagonismo, y ocasionales harmónicas que, como en Lost In The Dream, canción que da título al disco, evocan la paz que aporta llegar al ocaso con el trabajo bien hecho. El tono general, sobre un medio tiempo que parece el galopar emancipado de un experto corcel sobre la gran llanura americana, lo marca Under The Preasure desde el principio. Sigue en la transparente y carismática Red Eyes, y en An Oceans In Between The Waves, esta última con giros muy a lo Dire Straits. Y no es la única referencia inevitable, pues recoge en la ejemplar Eyes To The Wind el mismo legado de Dylan que heredó su propio hijo, Jakob (The Wallflowers). Fuentes, eso sí, de las que fluye puro el torrente de Granduciel.

La gran cabalgada de The War on Drugs, con las pernoctaciones pertinentes de Suffering, Disspering y The Haunting Idle, culmina en Burning. Con teclados siempre altos, y una voz que no pierde credibilidad en ningún momento, el Cd va ganando a medida que se le presta atención. Llegar a su última canción, In Reverse, del tirón, tiene recompensa. Construida con calma y perfecta praxis, puede significar la puerta de entrada a una segunda escucha, que es donde este Lost In The Dream adquiere verdadero estatus de gran obra. Puede que requiera paciencia, cierta atención y ser escuchado en un momento adecuado, pero cuando logras sumergirte y perderte por entre las texturas, sabores y sensaciones que ofrecen las exploraciones de guitarra de Granduciel, ya es muy difícil que quieras salir. Cuidado que enganchan, y no han hecho más que empezar.

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