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[Reseña] Tame Impala – Currents

currents-tame-impala-album-cover-art-2015-500x500La prensa musical de nuestro país en ocasiones es injusta por capricho; o, peor aún, por llamar la atención. Da la sensación de que en ciertos círculos se ha elegido a Tame Impala como diana de las críticas a lo incipientemente popular, crucificando su nuevo trabajo antes incluso de que pudiera respirar. ¿Y qué si tienen ademanes de pop almidonado de cámara pija en Yes, I’m Changing? ¿Acaso no se han ganado el derecho de explorar y explotar su música a su santo antojo? Es más, ¿desde cuándo un artista ha de pedir permiso o ganarse el derecho de hacerlo? Parece que a veces olvidamos que el mal llamado crítico no es más que un espectador más, y que sus expectativas personales no son más importantes que la voluntad y el derecho del artista de querer llegar a tal o cual gente. Es verdad, Currents es más accesible que Innerspeaker; pero cuando dieron el salto de ese a su segundo disco, cuando la apertura hizo posible que viéramos la mejor versión de Tame Impala, nadie protestó porque se estuvieran traicionando.

Algunos acusan a Kevin Parker de haberse dejado influenciar por Mark Ronson a la hora de concebir este nuevo trabajo, pero lo cierto es que el australiano se ha aislado incluso de su propia banda para componer las 13 canciones que componen Currents. En todo caso, habría que considerar también si esa influencia sería taxativamente negativa, o si podemos encontrar aportes positivos en la pulcritud y en un relleno arreglístico más amplio de lo que ya era de por sí, evidentes en este nuevo álbum. Desde luego hay también concesiones al pop comercial, no nos vamos a engañar, y personalmente estaría más contento si del disco se eliminaran Past Life, ‘Cause I’m a Man, Reallity in Motion y Love/Paranoia, que dilatan innecesariamente el tiempo y el cinturón de su inconfundible pero irreconocible estilo. Ahora bien, hagan una prueba: traten de escuchar el disco una vez de principio a fin, como si fuera lo primero de Tame Impala que llega a sus oídos. Comprobarán que el irresistible sabor de Let It Happen se les queda impregnado como en su día Elephant o Feels Like We Only Go Bachwards, y que quieren volver a sentirse dentro del ritmo trotón y sofisticado de The Moment.

Si definimos a Tame Impala como el grupo que hace melodías doradas e inocentes de pop-rock, un poco psicodélicas y un poco progresivas, encapsuladas en un frasco estético atemporal, debemos admitir que en Currents siguen haciendo básicamente lo mismo. Es cierto que más allá de los hits, en las canciones, digamos, de clase media, no hay ese halo de coherencia morfológica tan característico del Lonersim, ni la densidad tensada de Innerspeaker; y que Currents es seguramente el trabajo menos estimulante de los australianos, pero no por ello hay que despreciar las cosas buenas que contiene, y que lo convierten en un trabajo más que notable. En primer lugar, resulta admirable comprobar la voluntad de evolución de Parker, en lugar de haberse anclado a una fórmula que sabe que funciona, dejando que la inercia y el público decidan que ha de hacer. Y en relación a esto, pienso que es positivo que de alguna manera hayan dejado un poco en segundo plano la inspiración setentera, para adentrarse por sus propios medios en los – por lo visto – fangosos y censurables terrenos del pop a secas, parece que conduciendo sin manos.

Luego si queremos rescatar temas en concreto, es posible que no haya para más que un Ep generoso. Let It Happen preside imponente todo el tinglado, y su efecto de poprock electrónico, templado al fuego de un teclado brutal, perdura hasta bien entrado el disco. Impresionante el puente rítmico que se marcan a mitad de tema, como si por veinte segundos hubieran sido poseídos por Justice o por Disclosure. The Moment funciona desde la base de un bajo galopante y un teclado fino y fijo en las alturas; Eventually desde la sedosa envoltura de su fuego tenue, como marcando el estilo a cámara lenta; y The Less I Know The Better y Disciples, dos de las mejores piezas del disco, básicamente porque suenan bastante cercanos a su versión más pura. La primera por la inmensa clase que rezuma, y la segunda por enrevesada y arielpinkesca. Puede que en opinión de otros me deje alguna, pero buscando un consenso habría que admitir que todas estas canciones tendrían sitio en un The Best Of Tame Impala. Y para ser su peor disco hasta la fecha, no está del todo mal. Seamos justos.

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