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[Reseña] Oso Leone – Gallery Love

A dos metros sobre la tierra.

Gallery Love, el nuevo trabajo de Oso Leone, es un disco tan delicado que parece que si lo escuchas muy intensamente lo vas a romper. Es tan sutil, que parece que si lo escuchas dos veces suena distinto cada vez, con variaciones que antes no estaban ahí. Como una mansión abandonada donde, de repente, ves un jarrón con flores donde antes no había nada. Dentro de una increíble sensación de estática ambiental minimalista, contiene vida: una presencia sigilosa que se siente en cada tema, en cada estancia de la especie de caserón semivacío que parece revelar el interior de Xavi Marin, compositor principal. Alejado de cualquier canon genérico, el álbum es puro detallismo: ese instante de pausa y observación capaz de convertir un soplo de aire perfumado, el destello de una luz filtrándose por las rendijas o una ráfaga de recuerdos en un momento de perfecta eternidad. Un disco deliciosamente liviano: el último paso antes de levitar y flotar en el éter, sobre sí mismos, dos metros por encima del suelo.

Seis años después de sentar cátedra con Mokragora, la restructurada formación mallorquina ha volado del nido Foehn mirando al extranjero para presentar su tercer trabajo a través del sello inglés Apollo Records (subetiqueta de R&S Records). Entre fantasmagórico y acristalado, el álbum se caracteriza por sus texturas, muy cuidadas, y por unas formas que parecen estar casi en segundo plano, como si la música pasara de un estado físico a uno espiritual e incorpóreo. La percepción del paso del tiempo es caprichosa, cada pequeño sonido agudiza nuestros sentidos para no perder detalle y la realidad se mezcla con la ensoñación.

De hecho, aparentemente, en la lírica poética de Marin se filtra algo de esa dicotomía: el dilema de cómo conectar con lo universal, con lo espiritual, con todo aquello que está por encima y nos supera, sin desconectar de lo concreto, de lo real, del suelo. Esto se sugiere de alguna forma en Cos.imo!, un vidrioso corte a través del cual pasa una luz cálida, donde solo la voz y la guitarra rompen la quietud, que en su minimalismo y en su tenue evolución marca uno de los paradigmas del sonido conjunto del disco.

En esa línea de canciones espaciosas aparentemente deshabitadas, estáticas y casi arrítmicas, se incluye también una solitaria, abandonada y oscura Blue Come In, donde solo sobresale la voz siempre susurrante, temblorosa y vulnerable de Marin: una suerte de lamento por las conexiones humanas frías y distantes. Así como Agró Blanc, esa breve pieza fantasmal y translúcida, casi completamente difuminada en un aire yermo y desencantado, o River of Jasmines, su continuación, tan sutil y silenciosa como llena de mágicas luciérnagas instrumentales, extraordinariamente reconfortantes. También Samuel Sings, breve extracto de neosoul sintético al estilo del primer James Blake, muy sutil y minimalista, o la titular Gallery Love: pura quietud con brotes huidizos de vida.

Al otro lado de la balanza, en la fórmula de Gallery Love, hay canciones con más ritmo y movimiento; más habitadas, más terrenales. Algunas de ellas, de hecho, marcan el punto de continuación con respecto a sus dos primeros discos. A Pale Blue Dot, por ejemplo, por su percusión naturalista trópico-desértica y por ese final en trance guiado por el bajo, tan marca de la casa. Y la soleada Vernal Pools, elegante y sensual, porque aunque también levite, huele al campo por el que pisan habitualmente Oso Leone, como olía todo Mokragora. Igualmente sinuosa y fina es la inaugural Virtual U, rica de texturas e instrumentación, quizá el fragmento del disco donde más evolución se percibe junto a Best in Yo’, a continuación, la pieza de R&B sintético lo-fi que parece existir en el nivel de conciencia deformada típica de los sueños o los recuerdos.

En definitiva, si Mokragora era un disco construido hacia fuera, este lo es hacia dentro. Introspectivo e impermeable, Gallery Love supone una arriesgada apuesta de estilo para una banda consolidada como Oso Leone. Tras una larga ausencia, no han vuelto precisamente marcando terreno, insistiendo sobre patrones ya usado y/o tratando de ensanchar el perímetro de sus dominios, sino que han optado por replegar hacia dentro, abarcándose solo interiormente e invitándonos a entrar sin hacer concesión alguna a la accesibilidad. Y si entras, de aquí no esperes llevarte de souvenir una melodía pegadiza ni el hit del verano. Si acaso, la enseñanza de pararte a observar y un buen puñado de instantes eternos.

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