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[Reseña] Mikal Cronin – MCIII

mikalcronin_900pxEn una época donde el electropop marca el camino de la popularidad en la música, es tremendamente refrescante encontrar propuestas como la de Mikal Cronin: un músico que por su naturalidad artística y su aparente modestia de imagen, parece venido de otros tiempos. Unos donde lo realmente importante era aquello que tenías que decir, el contenido, rockero por excelencia, sin importar demasiado el envoltorio. Cronin, como una digna florecilla salvaje crecida bajo el sol del sur de California, ha dado un paso silencioso más en la construcción de una carrera que, por su juventud y claridad de ideas, tiene pinta de que va a ser larga y fructífera. Sin llamar demasiado la atención, sin variaciones de fórmula excesivamente reseñables ni grandes hits que resuman o reduzcan el disco a una frase o eslogan, MCIII se perfila como el disco más importante de los tres que ha publicado el norteamericano en solitario, más que nada por la solidez conceptual de su propuesta, por compacto, coherente y sólido.

Las coordenadas básicas de este notable trabajo descansan en la voz y la guitarra de Cronin, sencillas y familiares ambas, y en sus melodías abiertas que, si las dejas respirar, serán capaces de aprovechar las corrientes para seguir volando durante años. Además, el omnipresente montón de arreglos de cuerdas y vientos le dan un carácter cuidado y detallista, perfecto para definir a un artista que se debate entre la normalidad de su imagen y la excepcionalidad de su capacidad compositiva y estilística. Salido de un panorama colindante con los terrenos del rock alternativo garagero, Cronin poco a poco va delimitando sus propios huertos de inspiración, dándole a sus frutos un sabor característico, pese a que estén precocinados bajo los mismos rayos abrasivos que, por ejemplo, Ty Segall, con quien ha colaborado en varias publicaciones y en su banda para los directos. Más dulce, sensible y juicioso, nuestro querido Mikal, tiene cada vez una entidad más propia fuera de las etiquetas más comunes.

El disco refleja un mismo discurso fragmentado en 11 pistas: una sucesión de buenos momentos hechos canción, que están en ese punto exacto tan difícil de alcanzar en el que todas se parecen un poco entre ellas, pero todas difieren en algo, extendiendo su abanico estilístico casi completamente sobre un enorme fondo de rock independiente. Una serie que arranca con el entusiasmo cargado de distorsión y violines de Turn Around, con el trotar ligero de Made My Mind Up, y el desmelene de Say, en una versión de sí mismo más movida, festiva y “sucia”, que se repite más adelante en temas como ii) Gold y iv) Ready, verdaderos motores a explosión de todo el entramado rítmico del disco. Ahora, los motores sentimentales, que se mueven sin necesidad de combustibles pesados, se encuentran en los requiebros nostálgicos de las líneas melódicas de Feel Like y I’ve Been Loved, en la sutileza del inicio de i) Alone, en la positividad de iii) Control, y en el mágico sabor a despedida aceptada de ‘vi) Circle’, un tema capaz de mandarte de vuelta a la primera casilla.

Podemos hablar de madurez, o de que, con 29 años, está a punto de entrar en la que a priori será su mejor etapa; pero lo que realmente extraemos de la sucesiva escucha de MCIII es el deseo de que Mikal Cronin no cambie nunca. Que se mantenga genuino, cercano y libre de ataduras, que no se sienta nunca esclavo de su trabajo, y que no trate que contentar a nadie más que a sí mismo. Un tío que no es capaz ni de imitar su propio reflejo en un espejo, campando sin correas ni mirones por los amplios campos del llamado rock independiente. Yo quiero ser (como) Mikal Cronin.

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