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[Reseña] James Blake – The Colour In Anything

jamesblake-thecolourinanythingEl color según James Blake

James Blake nos prometió su tercer álbum hace más de un año, pero algo debió ocurrir durante su proceso de preparación porque no es normal que la demora se haya alargado tantísimo. Ha cambiado incluso el nombre, que en principio iba a ser Radio Silence –como la canción inaugural–, por lo que cabe la posibilidad de que, en realidad, lo haya rehecho de nuevo casi por completo en estos últimos meses. Solo es una hipótesis, pero la morfología más volátil y el chorreo de canciones –17, 76 minutos– casi sin filtro y sin el hilo conductor fijo que siempre ha mantenido el británico en sus trabajos, nos hacen pensar que, de algún modo, Blake se ha deshecho de golpe y por fin de muchas de sus propias ataduras. The Colour In Anything podría ser su canto a la liberación: el primer trabajo que nos muestra al productor londinense en actitud expansiva, alejándose de la interpretación hermética, reclusiva y excluyente del amor que siempre ha determinado su música. Blake tiene novia nueva, disco nuevo, y una actitud renovada que no le ha restado un ápice de atractivo ni de calidad.

Debido a su opulencia, resulta francamente difícil abarcar todo el álbum de una sola tacada: hacen falta varias escuchas para que podamos crearnos una imagen completa del mismo. Pero eso sí, aunque no reconozcamos del todo los árboles por los que ya hemos pasado varias veces, nada nos impide disfrutar del inmenso bosque de electrónica R&B que ha creado Blake en The Colour In Anything. Desde el principio resulta evidente que el artista británico sigue balanceándose entre dos polos que siempre ha logrado mantener pegados: por un lado el soul–R&B blanquito, sintetizado y sofisticado que nace de su majestuosa voz, y por otro una electrónica estructural que poco a poco se va desligando estéticamente de aquello que se vino a llamar post-dubstep a raíz de su álbum de debut homónimo. Pero el discurso aquí, en líneas generales, es mucho más accesible y heterogéneo que en sus dos anteriores trabajos, como si, efectivamente, hubiera arrojado color a unas partituras que, en principio, nacen de una concepción minimalista y casi binaria del sonido. A una escala mucho mayor, más viva y extrovertida, el mismo James Blake de siempre nos ha dado por fin su propia versión del cromatismo en la música.

El hecho de que en el disco hayan participado artistas como Frank Ocean, Connan Mockasin o su amigo Justin Vernon (Bon Iver) nos habla de su voluntad aperturista y de un claro intento por introducir nuevos puntos de vista en su impermeable fórmula. Se nota en el trasfondo conceptual del álbum, pero no tanto en la apariencia superficial de las canciones. Éstas, de entre las cuales no destacan apenas hits de congoja festivalera, fluyen una tras otra con inercia y coherencia, sin cortes dramáticos o efectistas: un discurso sin apenas signos de puntuación. En cualquier caso, temas como  Radio Silence, Points o Timeless evocan al Blake más sugerente y escapista; I Hope My Life y Choose Me al más respondón y descarado, e incluso Two Men Down y Always a una versión más novedosa del británico que mira de reojo al electropop más luminoso y discursivo. James Blake, un camaleón que pese a no modificar su estructura ósea ni su masa cárnica, cambia sutilmente de color para camuflarse mejor con el entorno musical que le ha tocado vivir.

Porque de otra forma sería insostenible un disco basado únicamente en su capacidad interpretativa desnuda, en sus dotes de pianista y baladista, y en su infinita habilidad para crear atmósferas íntimas. Se podría extraer sin problemas un generoso sub-disco de temas como Love Me In Wheather Way, la inmaculada f.o.r.e.v.e.r., Waves Know Shores, The Colour In Anything o Meet You In The Maze, crudas y solitarias, engarzadas con los pocos extractos que recuerdan al Blake de su primer álbum, como Put That Away And Talk To Me o My Willing Heart. Pero quedaría cojo de rimo y plano de emociones. Todos nos hemos emocionado mucho en el pasado con este gran artista, nadie lo pone en duda; pero incluso a los más apreciados músicos se les exige una perenne actualización de sus aptitudes, y James Blake no ha fallado en este nuevo examen. En la encrucijada de su tercer álbum ha decidido que no quería ser ya más un músico de habitación enmoquetada, y efectivamente ha salido de su burbuja. The Colour In Anything, por tanto, es como ese primer choque controlado de color que nos invade cuando abandonamos una guarida en la que hemos hibernado durante años. Poco a poco, James.

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