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[Reseña] Glass Animals – Zaba

GAZCPaseo por los ritos de apareamiento de los animales de cristal.

¿Es posible que el cambio climático haya provocado que, en los últimos años, entre más luz y color en Inglaterra? Sería una explicación medianamente plausible de la proliferación del fenómeno cromático-cubista que está cambiando el panorama indie pop-rock reciente de la mayor de las islas británicas; pero ha de haber otra. Y probablemente esa otra explicación sea Arcade Fire y su influencia. Primero fueron los Wild Beasts, a finales de la década pasada, pero el boom llegó sobre todo en 2012 con la irrupción de Django Django y de Alt-J en un panorama británico que se ladeaba peligrosamente hacia los placeres del electropop, como todo el mundo occidental. Ahora nos llega el último grito en esta nueva forma de entender la música: Glass Animals, un cuarteto de Oxford liderado por Dave Bayley, compositor, guitarrista, cantante y productor del proyecto, que acaban de publicar un álbum de debut, Zaba (Wolf Tone, 2014), con el que rápidamente han llamado la atención de audiencia y crítica.

Solo con ver la portada ya podemos hacernos una idea de por dónde van a ir los tiros: se trata de una mágica y cuidadosa jungla de sonidos, con flora y fauna propia, de texturas y formas sofisticadas y perfectamente encajadas. La voz clara de Bayley ilumina el camino en todo momento, y nos conduce por un mundo musical entramado a base de percusiones afro, teclados que parecen hojas de baobab meciéndose al viento, y briznas de cuerdas que rozan nuestros pies haciéndonos bailar. Orquestado con instrumentos analógicos y digitales sobre un ritmo inspirado en el trip-hop, Zaba resulta un viaje iniciático a través de una realidad (inspirada, a su vez, en el libro The Zabajaba Jungle, de William Steig) que los Glass Animals construyen a su antojo con delicadeza. Y encontramos, además de las coordenadas básicas un indie rock con vocación artística, elementos de R&B y música negra, downtempo, afrobeat, algo de dub manipulado y psicodelia sana, y un gran trabajo de electrónica de producción.

Morfológicamente hablando, Zaba destaca por una ligereza de cuerpo que es compatible con el alto contenido simbólico y mágico que presenta; por el cubismo vocal, traducido en coros constantes de efecto poliédrico; por el cromatismo cambiante y bien combinado del decorado ambiental de sus canciones; y por unas líneas melódicas saltarinas y juguetonas que, tras recordarnos a Alt-J al principio, se van acercando, a medida que avanza el disco, a formas inspiradas en la música negra, y en concreto en las del R&B. Como si efectivamente se tratara de un viaje iniciático por la selva de nuestras propias vidas, de Zaba nos llama la atención al principio la vegetación tupida de percusiones cuasi tribales, enriquecidas con instrumentos de cocina y sonidos del barrio y del patio de Bayley. Pero tras la fascinación por el entorno natural construido por los de Oxford, el disco parece orientarse más hacia el elemento faunístico, protagonizándolo más las voces en la segunda mitas, como si fuera el decálogo de los cantos de apareamiento de todas las especies que se esconden tras las líneas de Glass Animals.

Zaba es, por tanto, la descripción de un mundo mágico, natural y a salvo del ser humano, en el que conviven diversas formas de vida, frágiles y casi milagrosas. Un mundo al cual penetramos por un portal llamado Flip, que se hace más grande a medida que nos acercamos a él. La atmósfera a la que nos enfrentaremos queda clara en Pools, la pequeña celebración nocturna y tropical de nuestra llegada a la que acuden todos los animales del disco; y se desata en Walla Walla, corazón central del álbum, recordatorio de la influencia arcadefireana, y perfecto ejemplo de la verticalidad que puede alcanzar este cuarteto de Oxford. Adaptados ya al entorno, y tras el dulce y elegante despertar de la resaca con Intruxx y su deliciosa guitarrita, entenderemos mejor los cantos y los ritos de apareamiento de todos esos animales de cristal que habitan la jungla del disco.

Algunos de esos cantos del principio, como Black Mambo y, sobre todo, Gooey, ya en clave R&B, pasan desapercibidos en los primeros compases. Pero en realidad es en la segunda parte del álbum donde más ejemplos de este tipo encontramos: temas como Hazey, Cocoa Hooves y JDNT, con el que cierran el disco, que parecen solitarias llamadas de amor en medio de una naturaleza sutilmente voluptuosa que ya conocemos. La colocación de Toes y Wyrd en esta segunda parte hace que el contraste no sea tan acusado, pero es evidente de todas formas. Con todo, los Glass Animals han conformado correctamente un hábitat introductorio, para luego poblarlo de una vida animada que se pasea, canta y se aparea detrás de cada detalle de cada instrumento. Zaba es un festival de colores, sonidos, plumajes, picos de arcoíris y voces secretas que solo desvelarán sus secretos si de verdad prestas atención.

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