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[Reseña] Gladie – Safe Sins

Cayetana fue un trío de punk de Filadelfia que apareció a mediados de la década de los 2010 con influencias de las bandas del indie rock de los 90. Su cantante Augusta Koch comenzó el pasado año una serie de conciertos en solitario y en compañía del multiintrumentista Matt Schimelfenig en un nuevo proyecto que finalmente acuñaron con el nombre de Gladie.

Safe Sins, el disco debut de la banda de Filadelfia, toma prestado su título del cuaderno de poesía de su guitarrista y vocalista. De hecho las canciones existieron primero como poemas antes de tomar forma, ahora ya revisados desde una perspectiva optimista y constructiva, en The Bunk en Henryville, Pennsylvania, donde Koch (guitarra, voz) grabó con sus compañeros de banda Matt Schimelfenig (guitarra, bajo, teclado, voz), Ian Farmer (bajo) y Pat Conaboy (batería).

El álbum comienza con la introducción de Pray, una suerte de himno que puede despistar porque no se asemeja en nada al resto de canciones del álbum. Le siguen los dos singles conocidos hasta ahora, las alegre When you leave the sun y A Pace Far Different, en las que definitivamente arrancan las guitarras deslizantes que dominan en Safe Sins, un disco en el que, además, los sonidos de sintetizador y batería juguetean con matices muy expresivos. En Twenty Twenty, Koch grita con determinación un lema que resume el espíritu del disco, una obra que alumbra, en aparente contradicción, tristeza y esperanza: «Estoy enojada, estoy sola, ¡pero también soy optimista!»

Realmente casi todos los estribillos, cuando existen, son entonados por la voz familiar de Augusta como mantras: “Les damos crédito, no les debemos mucho», canta en Even At Your Easel  o «Todo lo que perdí, realmente no lo tuve nunca» recita en Cosmic Joke. Según ella misma ha comentado, el disco “representa las etapas que atraviesas cuando estás de duelo, pero también cómo la mayoría de la gente no pasa siempre de una etapa a la siguiente». Éste, es, por tanto, un proyecto más personal e introspectivo que el que tenía con su antigua banda Cayetana. En los últimos minutos, la luz se va abriendo al final del túnel. «La fe es solo una píldora en la que confiamos cuando todas las palabras se quedan cortas», canta en Even at Your Easel, para finalizar con Parlor con un halo de esperanza y aceptación: «Me regalaré mi propio respeto / Tal vez algún día el tiempo interceptará y podré otorgar mi propio éxito / Ser feliz».

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