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[Reseña] Fuck Buttons – Slow Focus

fuck_buttonsLa máquina está viva.

Describir precisa y correctamente la música del dúo británico Fuck Buttons requeriría metáforas que aunaran, casi en exacta proporción, el sabor metálico de su parte electrónica y la hipnosis épica de sus estructuras epicéntricas. Porque escuchando el Slow Focus (ATP Recordings, 2013), su tercer y último trabajo, uno no sabe bien qué pensar. Cuando parece que se trata de un ejercicio más de llevar al extremo las posibilidades atmosféricas del post-rock instrumental, de repente, y sin que nada haya cambiado aparentemente, se imponen las texturas amenazantes y metalizadas de la electrónica tipo drone. Y cuando los ritmos son más contundentes y más marcados en beat de lo que es habitual en el rock, descubrimos evoluciones y desarrollos estructurales que poco tienen que ver con la electrónica, y sí mucho con los itinerarios progresivos del tipo Mogwai.

Esto último no es casualidad, puesto que el dúo nacido en Bristol en 2004 se compone de dos piezas angulares, procedentes ambas de la escuela de arte de la ciudad cuna del trip-hop, pero con diversas inquietudes e intereses que han logrado hacer convergentes. En una entrevista en 2009 para el New York Daily News Andrew Hung declaró sentirse influenciado por la música de Aphex Twin, mientras que Benjamin John Power se confesaba seguidor de la mencionada banda escocesa. En Fuck Buttons reconocemos la esencia de ambos referentes, pero no por eso la suya deja de ser una propuesta original y del todo genuina. Simplemente son las coordenadas base desde las que parte una especie de travesía por el desierto, que es el Slow Focus, en la que no hay lugar para la pausa ni para la piedad; aunque sí para el disfrute de paisajes y ambientaciones contemplativas al estilo Tarkovsky.

El de Fuck Buttons es un lenguaje duro, pero capaz de decir grandes y hermosas verdades. Detrás de su evidente latir matemático y de su corteza gris oscura y metalizada, tal vez haya un poso de sentimientos; o quizás una inteligencia artificial precisamente en busca de ellos. Slow Focus, entonces, sería la primera prueba tangible de que la máquina está viva. Incluso parece un ejercicio demostrativo de ello: un trabajo preciso de engarce de joyas realizado por una enorme apisonadora que trata de mostrar algo de sensibilidad ante sus creadores. Y aunque ya sabemos cómo suelen acaban este tipo de historias, hay un claro de cierta esperanza entre las amarguras del final, que, como el de Blade Runner, deja abierta la puerta al milagro del libre albedrío. Stalker y Hidden Xs cierran un disco que, en efecto, parece haber ido aprendido de emociones a medida que avanzaba y se desarrollaba.

El Cd arranca con la impetuosa cabalgata rítmica de Brainfreeze, primera muestra de la tremenda determinación que, más tarde en The Red Wing, adquirirá tintes de pura supervivencia. Slow Focus, que tira un poco de la propia energía del oyente, es también una fuente de inspiración para la resistencia ante cualquier inclemencia social. Es, ante todo, un magnífico aislante personal. Siete canciones, de entre 4 y 10 minutos de duración, que marcan un camino de liberación (o al menos el intento) desde los engranajes mismos del conflicto. Adictivos, un tanto alienantes, y con cierto horror vacui basado en un ruidismo de fondo electrónico y electrificado, los Fuck Buttons han sintetizado lo mejor de su obra anterior en un trabajo tan compacto como el cemento, y tan dinámico y ágil como el mejor de los metales. Un híbrido más propio de los reinos de la ciencia ficción futurista que del mundo real. Una joya engarzada por las máquinas.

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