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[Reseña] Curtis Harding – If Words Were Flowers

«‘Slop’ n ‘Soul’ era algo que llamé mi música porque si no la describes de alguna manera, entonces el público, los escritores, críticos y periodistas la llamarían de otra manera», comentó el músico Curtis Harding en alguna entrevista al comienzo de su carrera “la parte de ‘basura’ (slop) es básicamente porque tiendo a usar lo que otros artistas no usan [como] lo que los granjeros no comen en la mesa y se lo darían a los cerdos.. A veces es funky y otras es descuidado». Harding, un artista nativo de Atlanta, no es ajeno a la música: con una madre cantante de gospel, acompañó a Cee-Lo a principios de la década de 2000 y se alimenta del arte de perfeccionar su oficio, utilice o no, como él mismo dice, tal vez de una forma excesiva, material de desecho. Si su debut Soul Power lo produjo él mismo, y Face Your Fear lo hizo con Danger Mouse, a quien conoció cuando comenzó el dúo Gnarls Barkley con Green, en su nuevo álbum vuelve a contar con Sam Cohen (Kevin Morby, Benjamin Booker), quien también colaboró en su anterior trabajo.

Harding mantiene prácticamente inexpugnable su receta de soul vintage en su tercer disco de estudio. Vuelve a dominar el cuidado minucioso de los arreglos, sobre todo los instrumentos de viento y cuerda, que incrementan el lustre de los resultados, como el atinado final de It´s a wonder. Si en la canción titular dominan- aunque suelen ser elementos capitales a lo largo de todo el álbum- los coros góspel acompañando la voz y completando prácticamente un único estribillo, en The one y en el resto de canciones abunda más la estructura de soul clásico, con Marvin Gaye y Curtis Mayfield de nuevo en el horizonte. Si Harding aprendió a cantar y tocar la batería en la iglesia con su madre, quien le presentó a artistas como Mahalia Jackson y Mavis Staples, fue, sin embargo, la colección de cintas de hip-hop de su hermana lo que le inspiraría hacia una carrera en la música. Esa especie de dicotomía queda reflejada de alguna forma en su eclecticismo, en el que compagina, con el compromiso presente en algunas de las letras (Hopeful), su devoción por la tradición y el celo por la vanguardia, entendida como tal algunas filigranas psicodélicas, si bien huye, salvo en retazos de canciones como So Low, de tentativas temerarias a la hora de rastrear nuevos sonidos. De momento, al menos en Harding, la carencia de osadía- estamos hablando al fin y al cabo de neo soul– no necesariamente tiene que ser una desventaja: en If Words Were Flowers las buenas canciones, que para un músico al largo plazo constituye un mejor signo de identidad que estar contínuamente en primera línea de la modernidad, continúan presentes.

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