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[Reseña] Charles Bradley – Changes

charles-bradley-changes-album-cover-artDios bendice mediante soul

Si algo no se cura a base de soul, es que no tiene arreglo. Puede incluso recomponer una vida entera de miseria y analfabetismo: solo hay que entregarse en cuerpo y alma. La historia de Charles Bradley es el cuento de hadas del último rescate del género. Nacido en el interior de Florida hace 67 años, el hombre las ha pasado canutas hasta hace apenas un par de días, dedicando gran parte de su vida a imitar profesionalmente a James Brown, su ídolo de la adolescencia. Anteriormente, y desde bien joven, pasó períodos de grandes penurias, partiendo de un semi abandono por parte de su madre y de la muerte prematura de su hermano, viviendo en la calle –en el metro de Nueva York– durante algunas temporadas, y subsistiendo a base de empleos precarios. Solo ahora el bueno de Bradley está aprendiendo a leer y escribir. Por suerte, ha sido siempre un pozo sin fondo de talento interpretativo, y solo ha necesitado la suerte de cruzarse en el camino de alguien que le diera una oportunidad para triunfar; lástima que haya tardado tanto. Aunque en realidad fue él a buscarla: el día que llamó a la puerta del sello Daptone Records, con más de 60 años y una de sus cintas de vídeo, la vida le giró 180º.

Bradley pidió trabajo en el sello, uno de los referentes actuales de la música negra, y aunque empezó como corista, pronto llamó la atención de todo aquel que tuviera oídos. En 2011, con la inestimable ayuda del músico y productor Tom Brenneck, lanzó su primer álbum, No Time For Dreaming, recibiendo fantásticas críticas, y dos años después Victim of Love, donde ya se había quitado definitivamente el disfraz de James Brown. Ahora presenta Changes, su tercera referencia en Daptone, y pese a la presencia en sus filas de Sharon Jones and the Dap-Kings, parece haberse erigido como la gran estrella en alza de la casa. Y la verdad es que se lo ha ganado a pulso y voz. Olvídense del nuevo electrosoul hecho por mulatos primermundistas y delgados chiquillos de habitación con cuatro cacharros: esto es puro soul clásico, rythm & blues sudoroso y rebosante del estilo que puso a bailar al mundo entre los ’60 y los ’70. Pura pasión y sentimiento; dolor, traducido en una música que saca lo mejor del ser humano.

Podríamos hablar de la autoría compartida de estas nuevas canciones, ahora que Bradley ya tiene la experiencia que le faltaba al principio de su incipiente carrera, pero qué más da. Él es quien pone la presencia, el sentimiento y la voz; el resto, la típica producción instrumental orquestal del soul seminal. Changes es extremadamente emocionante: un impresionante recordatorio de las facetas más exultantes de todo un género, atemporal, conservado intacto en esos gritos totalitarios y partidos de Bradley, y en una temática integradora y luchadora filtrada a través de vívidos y tórridos sentimiento empapados. El primero de todos: un amor ferviente por (Norte)América –God Bless America–, su casa, el lugar donde los sueños pueden hacerse realidad. A partir de ahí, Bradley reparte pedazos de su alma a diferentes ritmos, con canciones especialmente llenas de flow como Good to Be Back Home o Change for the World, y con grandes baladas soul como Nobody But You, Crazy for Your Love y Slow Love.

El muestrario del norteamericano está en expansión y rebosa autenticidad. Ha pasado de ser un simple intérprete a ser todo un autor en primera persona; de administrar un legado del pasado a aportar su pequeño pero creciente granito de arena al presente de la música negra. Incluso sureña, en toda su acepción, conectando con fórmulas contemporáneas y southrockeras como las de Alabama Shakes o los primeros The Black Keys en temas como Things We Do for Love y Ain’t Gonna Give It Up. Mención especial merece la versión de Changes de Black Sabbath que, curiosamente, da título al disco. Porque no solo se la lleva al terreno normativo y morfológico del soul más sentido, sino que también se la lleva al suyo propio personal, enlazándola con la reciente pérdida de su madre, fallecida durante las sesiones de grabación del disco. Changes, en su conjunto, resulta otro evidente paso adelante en la carrera de Bradley, porque su estilo es cada vez más preciso, cada vez sabe mejor lo que quiere hacer. Pero también lo es porque está sabiendo construir y agrandar su figura artística desde las raíces de su propia historia, dándole significado a una vida entera de miseria y analfabetismo. ¡Y que Dios bendiga a América!

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