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[Reseña] Big Thief – Capacity

Inspiración sin freno

Con canciones con la personalidad de Masterpiece, Paul, Humans o Parallels, todos intuíamos que solo era cuestión de tiempo que Big Thief dieran el pelotazo. Lo que ninguno imaginábamos es que fuera a suceder tan pronto. El cuarteto de Brooklyn no ha tardado ni un año en dar continuidad a Masterpiece con Capacity, publicado el pasado mes de abril también a través del sello Saddle Creek Records, validando esa máxima que dice que a la inspiración no hay que ponerle freno. Y si en su álbum de debut los estadounidenses sorprendían por la versatilidad, la solidez y el descaro de su estilo, que revoloteaba en la órbita de referentes como Sharon van Etten, Waxahatchee, PJ Harvey, Julien Baker, Car Seat Headrest, Angel Olsen, Whitney, Mitski o Fleet Foxes, en su continuación convencen por haber sabido perfilar y concretar más su sonido. Han protagonizado un movimiento natural. Como la dupla de dilatación y contracción, de apertura y cierre, de expiración y exhalación, que rige la naturaleza misma.

Aunque sí funciona como confirmación, puede que el segundo disco de Big Thief no supere al primero en atractivo, pero eso se debe a que Masterpiece es, efectivamente, una obra maestra. Capacity es una colección más contenida de fantásticos temas, algunos de ellos brillantes, y no tanto el brain storm de su ópera prima, donde su sonido se dispara en todas direcciones. Aquí la línea medular se identifica más claramente en tres tipos de canción: la acústica y desnuda, la del tipo pop alternativo, y la que, sin internarse demasiado en los cánones del rock, busca la intensidad emocional desde la alianza entre guitarra y batería. Tampoco la lírica plantea una unidad de concepto: expone historias aparentemente aisladas que, eso sí, en varias ocasiones, abordan lo masculino y –sobre todo– lo femenino desde la perspectiva personal y aseada de Adrianne Lenker, cantante, guitarrista y compositora de la banda.

Lo hace ya en la canción inaugural: la acústica y arpegiada Pretty Things, donde trata de ensalzar el valor universal de lo femenino con el mantra “There’s a woman inside of me / There’s one inside of you, too”. Y volverá a hacerlo, también desde un planteamiento desnudo y lo-fi, en Coma, sugiriendo con ese “When you wake up / You won’t recognize your house” algo más que el despertar de un coma: un despertar vital y la recuperación espiritual de una mujer tras un maltrato (el que ha llevado a esa madre, en efecto, a ese coma). Pero es en Watering donde el discurso se torna más escalofriante. Es la crónica del acoso y la violación de una mujer, con versos duros como “He cut off my oxygen / And my eyes were watering / As he tore into my skin / Like a lion” o “I knew it was poison / As he filled me to the brim / And my blood was dripping / Like a lamb” que, sin embargo, no impiden a Lenker tener cierta visión clemente con respecto al hombre y sus pecados. Poniéndose en los dos lados de la ecuación, construye de algo muy sórdido una canción excepcional, posiblemente la mejor que han firmado Big Thief hasta la fecha.

En el pódium de Capacity, junto a esta última, podrían colocarse también Mythological Beauty y Shark Smile. La primera por la magia que vive en la ondulación sostenida de la melodía vocal, a juego con el cálido arpegio de guitarra, y por erigirse en oda a los padres jóvenes. La segunda, por el contrario, porque desde la primera nota sabes que es el himno que estabas esperando para decidirte a soñar (aunque sepas que te puedes estrellar). “It came over me at a bad time / But who wouldn’t ride on a moonlight line?”, reza, con toda la razón, porque nunca es mal momento para ello. Lo que nos cuenta es la historia de un accidente, pero ese carismático acento a folk, no del todo urbano ni rural, ese crescendo emociónate y, sobre todo, esa guitarra, convierten sus cuatro minutos en gloria indie.

El resto del álbum circula, como hemos dicho anteriormente, entre el pop-rock desgastado de ‘Capacity’, el pop alternativo y poco maquillado de ‘Great White Shark’ y la desnudez minimalista de ‘Mery’, culminando con los meandros melódicos de ‘Objects’, el folky de ‘Haley’ y el sencillo glamur de ‘Black Diamonds’. Pero hágannos caso: lo mejor es mezclar los dos discos y escuchar todas las canciones que tienen ahora mismo Big Thief. Solo así se entenderá el espectacular potencial que tienen.

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