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[Reseña] Beach House – Depression Cherry

Un invernadero de flores artificiales.

depression cherry1El instinto, a estas alturas, nos dice que un nuevo disco de Beach House es una noticia intrínsecamente buena. En las próximas líneas no vamos a discutir o contradecir esta cuestión: no somos nadie para decir lo que le tiene que gustar o no a la gente. Pero sí vamos a expresar lo escasamente sorprendente que nos ha resultado la escucha de Depression Cherry, quinto álbum del dúo de Baltimore, tan en la línea de todos sus anteriores trabajos que un malhablado con poco tacto podría empezar a tildarlos de cansinos. No es que aburra o resulte insustancial, pero se echa de menos alguna novedad en su fórmula, algún nuevo aliciente con el que evidenciar que el tiempo también ha pasado para Victoria Legrand y Alex Scally desde aquel inconmensurable Bloom: en mi opinión, la cumbre de atractivo de Beach House en lo que llevan de carrera. Su inmaculado planteamiento de dreampop, probablemente es más paradigmático del panorama actual del mainstream, puede que esté lejos de agotarse, pero la esencia de un producto artesanal se acaba cuando se trabaja de manera industrial, en serie.

¿Dónde están las deliciosas sorpresas tipo Used To Be – del Teen Dream – ahora? Por aquel entonces, Beach House practicaban ya una música muy catalogable, sí, pero las canciones no eran un calco morfológica unas de otras. Ritmos y texturas bien diferentes, ecos, no ecos, y, en general, una atmósfera cambiante que ayudaba a dar vida a su propuesta musical. El avance, de cara al Bloom, fue dar coherencia ambiental, empaque y solidez. En otras palabras: consistió en hacer que todas las canciones sonaran todavía más parecidas entre sí, como partes indivisibles de un todo rebosante de estilo y elegancia. Y la cosa funcionó (Además de por unas líneas melódicas valientes y directas). Es más, ya entonces vaticinábamos que los de Baltimore podrían seguir haciendo buenas canciones como churros sacándolas por ese molde; y así ha sido. Sin que la bajada de nivel sea lo suficientemente sustanciosa como para resaltarla, el disco nuevo pierde simplemente porque no le han sumado valor añadido a lo que ya habían hecho. Es casi como un Bloom 2.

Escuchar Depression Cherry es como entrar en un invernadero de flores artificiales buscando olores frescos, que sabes que crecen fuera, al natural, en otro disco que aun se mece con el viento de la mañana. A simple vista todo parece estar bien: colores vivos y sin mácula, el escrupuloso orden de las macetas, perfectamente alineadas; todo muy bien monitorizado. Pero entendemos que hay algo que falla cuando evidenciamos – tras más de una docena de intentos, palabra – que nuestros sentidos no se activan, nuestra piel no se eriza y nuestro recuerdo de las flores naturales y de su olor no se borran ante una imitación, por muy buena que esta sea. Por eso, hacer hincapié en las virtudes y buenos momentos de este disco, que los tiene, parece redundante y hasta injusto para con la fuente real de nuestra concepción de quiénes son Beach House y qué hacen. En cualquier caso: atmósferas limpias y etéreas volcadas en un teclado omnipresente, la cadencia de un ritmo flotante que se apoya en los delgados pilares melódicos que dibujan su onírica narrativa, y la voz áspera y susurrante de Victoria Legrand llegándonos desde un cielo claro desde el que se precipitan, lentamente, gotas de una guitarra intermitente.

En cuanto a los buenos momentos, está claro que destacan los guitarrazos del principio de Sparks y Beyond Love, el efecto burbuja de temas como Space Song y PPP, y obviamente Wildflower, su canción más viva junto a Bluebird, aunque en esencia sigan siendo milimétricamente parecidas al resto. De la dulzura de cómo entran los instrumentos poco a poco en las canciones, acoplándose suavemente a la vez de Legrand, ya hemos hablado en anteriores ocasiones. No negamos el carácter disfrutable de Depression Cherry, en muchas circunstancias. La mía, personalmente, será la de una – o dos, o diez, al máximo – mañana(s) en la que quiera oír, y no escuchar. Para activarme los sentidos, y para saber quiénes son Beach House, por qué me gustan, y por qué no me perdería uno de los conciertos que tienen programados en nuestro país para el mes de noviembre, recurriré siempre al Bloom: las flores de verdad.

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