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R.E.M. – Accelerate

No nos equivoquemos, los grupos tienen fecha de caducidad. Algunos son productos frescos, de esos que no duran ni un disco después de ser abiertos, aunque como Coldplay y derivados puedan seguir vendiendo a paletadas. Otros tienen el honor de mantenerse durante unos cuantos trabajos antes del bajón, y ahí tenemos gente como Blur u Oasis. Luego están los pocos afortunados que llegan a presumir de superar las dos décadas sin caer en la mediocridad y convertirse en pálidos reflejos de sí mismos. Gracias al Señor, R.E.M. pertenecen a ese último bloque.

Ya no son jóvenes, eso por descontado. No coquetean con el grunge ni se sumergen en la electrónica, territorios que ya conocen muy bien. Y por suerte, demos gracias a todos los dioses habidos y por haber, no tratan de ver qué pasa si ponen a un rapero a hacer el tonto a su lado. Simplemente son ellos mismos: un grupo potente, con buenas melodías y que, estando lejos de su mejor forma, siguen siendo mejores que el noventa por ciento del panorama musical actual. A día de hoy, cuando ya están a la altura de cualquier mito que se nos pueda ocurrir, merece la pena pararse a pensar que nunca nos daremos cuenta de lo grandes que han sido R.E.M. hasta que nos falten.

Ya hace 26 años del magnífico Chronic Town (I.R.S., 1982), pero ellos siguen facturando temas tan impecables como Hollow man, singles tan efectivos como Supernatural superserious o piezas tan sentidas como Sing for the submarine. Este Accelerate (Warner, 2008) no es un mero trámite, una excusa para una nueva gira. Se trata de un disco menor dentro de la carrera de los de Athens, pero igualmente disfrutable. No tiene ninguna genialidad como Man on the moon, pero han superado el bache que fue Around the sun (Warner, 2004) con una vuelta a los orígenes que les ha sentado muy bien.

Así que no dejéis que falsas ínfulas de modernez os guíen, escuchad el disco cuanto antes. Michael Stipe y los suyos siguen donde siempre, en el Olimpo de los grandes grupos. No te sorprenderán, pero siguen siendo muy buenos y cada vez parece que les cuesta menos serlo. Los dinosaurios del pop, en fin, siguen mordiendo.

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