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Neil Young – Chrome Dreams II

Situémonos en 1977. Neil Young decide no publicar Chrome dreams. En 1978 un incendio en su casa de Malibú quema el master original de la grabación y toda la documentación existente (diseños, portadas, créditos de la producción…). Pasan los años, y en 1992 se encuentra en Alemania una copia de ese disco circulando por el mercado negro. Muchos críticos han comentado que de haberse editado hubiera sido una nueva obra maestra. Hoy, en 2007, Neil Young decide publicar Chrome dreams II (Reprise, 2007), nombrándolo como la segunda parte de una primera que nunca vio la luz. El álbum está producido por el propio Neil y por Niko Bolas (The Volume Dealers), y en él han participado muchos de sus músicos habituales, como el Crazy Horse Ralph Molina a la batería, el bajista Rick Rosas o el multiinstrumentista Ben Keith. En total diez temas, tres de ellos antiguos, que harán a más de uno admirarse de lo bien que le sienta esta segunda (o tercera) juventud que está viviendo el músico canadiense.

El disco se abre con las viejas composiciones, empezando primero por Beautiful bluebird, originalmente de la época del Old ways (Geffen, 1985). Por su parte Boxcar fue uno de los temas que no fueron incluidos al final en Freedom (Reprise, 1989). Por último Ordinary people, el engranaje estelar de este disco, con dieciocho minutos que nos dejan boquiabiertos ante esa demostración de gran lirismo con una melodía preciosa. Fue grabada para This note’s for you (Reprise, 1988), y siempre ha sido una de las grandes canciones no publicadas de Young.

Después descubrimos el material nuevo, empezando por Shining light, en la que nos encontramos con el Neil Young más sosegado y tranquilo. El ritmo alegre de The believer nos trasladará, en apenas tres minutos, a otro de los registros a los que nos tiene acostumbrados. Después nos chocaremos con el Neil más rockero, y es que Spirit road y Dirty old man son dos piezas rudas, en las que seguramente habrá usado su guitarra Old Black. Ever after es una canción country con el siempre reconocible pedal-steel de Ben Keith. Después, con No hidden path, volvemos al ritmo rock de medio tiempo tan característico de Young. Resulta extraño, pero sus catorce minutos de duración nos transportan mentalmente con su sonido años atrás, resultando posiblemente una de sus mejores composiciones de esta década. Cierra el disco la preciosa balada The way -en la que colabora el coro The Young People’s Chorus de Nueva York-, endulzándonos este final de viaje con frases como «Te mostraremos el camino para traerte de vuelta a casa».

Lo hemos dicho muchas veces, pero no nos cansaremos de hacerlo: Neil Young nos roba el corazón una y otra vez con sus nuevas grabaciones. Últimamente a razón de disco por año, como si su inspiración no tuviera fin. Uno de los más grandes iconos de la cultura rock parece nunca perder la forma. Que siga así.

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