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Metrorock (Madrid, 23-06-06) Parte II

SÁBADO, 24 de junio

Como suele ocurrir con estas cosas, si el viernes llegué con más de una hora de adelanto al recinto, el sábado aparecí un cuarto de hora tarde. Antes de Sexy Sadie quería conocer tanto a Cultura Probase como a Gecko Turner, pero mi plan de asistir al comienzo de los primeros se vio frustrado por querer apurar media hora de siesta en casa. Así que, dado que el Escenario MetroRock se encontraba al lado de la entrada, GECKO TURNER fueron los premiados con mi aparición por el socorrido césped. Y no porque yo sea nadie especialmente importante, sino porque a esas horas se podía numerar la audiencia en apenas algunas decenas, bien lejos, sentadas a la sombra de los árboles.


Fernando Echave al frente de Gecko Turner

A pesar de este aspecto tan desangelado, la banda de Fernando Echave estaba dando un buen espectáculo. Coristas, guitarras, bajista, trompetista, batería, percusionista y un fornido tipo blanco que además de la harmónica derrochaba una estupenda voz digna del mejor Tom Jones: casi una decena de músicos venidos de todo el mundo daban forma a la singular propuesta de este autor y productor extremeño. Tras asistir a una interesante dosis de reggae, algo de jazz y mucho de música latina, decido que tal vez deba pasarme a ver qué se cuece en el otro escenario.


El trompetista Irapoan Freire acompañaba a Gecko Turner

Al fin y al cabo podría ser que por acomodarme ante lo que empezaba a parecer una apuesta segura estuviera perdiéndome una de las sorpresas del festival. Sobre el Escenario Parque y también ante un escaso público, descubro que Rocío, la nueva cantante de CULTURA PROBASE, no sólo parece bastante atractiva (o al menos no va vestida de monjita) sino que además tiene mucha voz. La banda con su tercer álbum bajo el brazo, de nombre Pornotrónica (Electric Chair Records, 2006), daba rienda suelta al drum n’ bass más bailable mezclado con bases electrónicas pregrabadas. Pero los graves estaban demasiado fuertes, con lo que su sonido no era bueno. Eso, añadido a lo que me resultaba un exceso de pose, me hizo recordar la fantástica banda que tocaba en la otra punta del Parque Ferial. Así que en un alarde atlético, bajo un sol de justicia, desanduve el camino para volver a ver a Gecko Turner.


Rocío, cantante de Cultura Probase

Más gente iba llegando al MetroRock, y ya se podían ver animosos melómanos en las primeras filas. Tras la típica presentación de los componentes de la formación, Fernando anunció que tocarían alguna composición nueva. Con una proyección de PacMan, el mítico videojuego de los 80, dispusieron sus piezas para interpretar música negra permitiendo lucirse con todas las de la ley al trompetista Irapoan Freire. Todo un lujo. Tras lamentarse tímidamente por los estrictos horarios, dos piezas más: la primera, una vuelta al reggae; la segunda, puro groove del bueno. Se despiden con una nueva presentación de la banda (ahora ya había más público que se pudiera interesar), y se les ve felices. No es para menos, pues esta gira viene precedida de la salida al mercado de Chandalismo ilustrado (Lovemonk Records, 2006) y la edición en América de su debut, Guapapaseá (Lovemonk Records, 2004).


Jaime de Sexy Sadie

Mi idea era acercarme a ver el comienzo de Nowayout, pero causas exclusivamente achacables a mi persona me lo impidieron. Denme las gracias porque no me dedique a extenderme en escatológicos detalles. En cualquier caso ya sólo podía pensar en la presencia de SEXY SADIE. Había unos cuantos alicientes: por un lado la publicación de Translate (Subterfuge, 2006); por otro la sustitución del guitarrista Carlos Pilán por Michael Mesquida (Satellites, Moreland Cowboy) y la incorporación a los teclados y la guitarra de Sergio Molina (Jet Lag).


Sergio Molina, nueva incorporación de Sexy Sadie

Comenzaron el setlist presentando algunas canciones de este nuevo álbum, como Nonsense, en la que ya podíamos ver cuánto aire fresco introducía Sergio gracias a sus teclados. En ese sentido sólo hubo que escuchar A scratch in my skin o una You know that’s the way I like it remozada al piano para darse cuenta del fantástico papel que puede jugar en el desarrollo de la banda. Con el sonido tan limpio característico de los mallorquines -si bien Jaime, la voz de Sexy Sadie, dijo entre risas que nunca había dicho que él nació en Madrid-, se fueron sucediendo temas nuevos y temas ya clásicos. Ahí estuvieron Stay behind me o Always drunk, en la que introdujeron el estribillo del When doves cry de Prince antes de abordar su brutal final.


Michael Mesquida, otra cara nueva en Sexy Sadie

Solventaron las dificultades técnicas que un micro estaba empeñado en causar atacando No matter how, I feel so fine y The second to last, ésta tras comentar que no sería la última que tocaran esa tarde. Poco más tarde, tras un gran Feel no sorrow, problemas de afinación antes de Take from me dieron lugar a uno de esos sutiles detalles que encierran mucho más tras de sí. «Es lo que tiene, que llevamos muchos años, nunca aprendemos», comentó Jaime ante su guitarra que no sonaba debidamente. Y tal vez ahí esté la clave: con seis discos ya a sus espaldas, Sexy Sadie no han perdido la ilusión de aprender y de disfrutar haciendo música. Ahí queda el cierre con Someone like you, que no por trillada ha perdido un ápice de su valía.


Pignoise

Cambiamos de tercio para dar paso a las memorias del abuelito. Hace varios años conocí a PIGNOISE. Álvaro, su líder, todavía se dedicaba al fútbol a pesar de la lesión que le apartó de un destino tal vez más grande en los terrenos de juego. Estaban empezando con este proyecto, tocando canciones divertidas y con pocas ínfulas de nada más, influenciadas por el lado más punk de Nirvana y Green Day, a los que incluso se atrevían a versionar. Entonces sólo tenían un tema en español, que por gracias del momento se llamaba Q t pires. Tiempo después sacaron su primer largo, Melodías desafinadas (Luno, 2003), en el que por artificiosas maravillas del marketing el idioma anglosajón había desaparecido de sus letras. Ha pasado el tiempo, y ante la presentación de su tercer disco, Anunciado en televisión (DRO Atlantic, 2006), me acerqué con cierta nostalgia de un pasado en el que mi incipiente calvicie todavía no había hecho acto de presencia. Lo que vi era básicamente lo que esperaba: estos chicos cada vez están más lejos de Kurt Cobain y más cerca de El Canto Del Loco. Bueno, me alegro por ellos y por sus agradecidas fans, pero esto no es para mí. Así que vuelvo al escenario principal buscando a un grupo que sí que sabe lo que es cantar en la lengua de Cervantes.


Álvaro es el líder de Pignoise

Para mi decepción me encuentro ante un muy mal comienzo de LORI MEYERS, que no pudieron hacer otra cosa que destrozar su gran Tokio ya no nos quiere al amparo de unos graves terribles, un bombo demasiado alto y un sonido que no les hacía ninguna justicia, y que fue siendo arreglado a lo largo del tema. Noni, voz principal y guitarra, preguntó por el partido entre Alemania y Suecia, y al enterarse del resultado musitó un «hijos de puta…» que dejó a las claras su querencia por los teutones. Con Caravana esto ya empezaba a parecer otra cosa, y con Vigilia, con la que aprovecharon para hablar de la reedición de Hostal Pimodán (La Incubadora, 2006), sólo molestaba el bombo, que seguiría demasiado picado hasta el final del concierto.


Lori Meyers

A vueltas con el fútbol, ante el «¿Quién va a ganar el Mundial?» a imagen y semejanza de aquél «¿Cómo están ustedes?» de Los Payasos De La Tele, la audiencia se mostró dividida entre Alemania y Brasil, a posteriori más encaminados que el grupo, que presos de orgullo patrio, apostaban sin reticencias por España. En realidad, tras Sus nuevos zapatos y L.A. y una comparación entre Granada y Madrid, Noni reconoció que todas estas chorradas que se veía obligado a decir sólo servían para ganar tiempo de cara a la afinación. Pues se agradecen si sirven para poder disfrutar de un Ham’a’cuckoo tan enérgico como el que nos brindaron. Y es que el repertorio estaba pecando de ser poco movido para un festival con tanta gente con ganas de fiesta. Lo que no fue óbice para disfrutar de la deliciosa El aprendiz, o para sorprenderse con los teclados que han añadido a Mujer esponja.


Noni: «¿Quién va a ganar el Mundial?»

Tras dedicar al público ¿Dónde están mis maletas?, Noni volvió a la carga preguntando por la selección que saldría victoriosa del Mundial, comentando que le hacía gracia que le contestaran. De aquí en adelante llegó la subida de decibelios que reclamaban los presentes. Dilema, De superhéroes con toda la gente dando palmas en la introducción, y El gallo ventrílocuo -en la que introdujeron un par de veces la melodía de los Simpsons-, precedieron a la ya clásica Viaje de estudios y La vida de Jacques Rigaut. Para terminar una accidentada La pequeña muerte, que Noni dedicó a su padre antes de volverse loco intentando volver a entrar en la canción tras un cambio de guitarra por causa mayor. No fue de sus mejores conciertos, pero Lori Meyers demostraron otra vez que con un par de discos a sus espaldas tienen un bagaje fantástico de temas tremendamente recomendables. Y el hecho de que musicalmente no se conformen y sigan dando acertados lavados de cara a sus composiciones muestra que estos chicos no harán otra cosa en el futuro más que crecer como banda. Yo, desde luego, no me lo pienso perder.


Alejandro, guitarrista de Lori Meyers

Como desde luego no me pensaba perder por nada del mundo a 12TWELVE. Hacía poco que los había visto en concierto (como podéis ver en este enlace) y no han cambiado muchas cosas. El setlist fue bastante parecido, pero a pesar de ello las sorpresas seguían estando ahí. Son posiblemente el grupo más excitante de este país, y cada concierto suyo es una nueva experiencia en la que la improvisación y la cabeza van de la mano para darnos todo un espectáculo de virtuosismo musical. Voy a ser sincero, confieso que he intentado escribir docenas de cosas sobre lo que dieron de sí sobre el escenario. No sabía cómo enfocarlo, porque se me acababan los adjetivos calificativos y me repetía hasta la saciedad en cosas ya dichas en la crónica reseñada en el párrafo superior -recuerdo al menos diez variaciones parecidas sobre las percusiones de Il monstro-. En un acto de concisión, creo que se puede dejar todo eso en: «Si tocan a menos de 200 kilómetros de tu ciudad, ve a verles. Si es más lejos, piensa seriamente en ir a verles de todos modos».


Jaume Pantaleón, guitarrista de 12Twelve

Así que al final he descubierto lo que me pasa: me he convertido en un incondicional de estos tipos. Y como muestra, un botón en forma de paja mental. Durante el concierto recordé cierto anuncio de televisión en el que Dani Pedrosa, motociclista de pro, decía que si juegas al fútbol anhelas imponerte en el mundial, si lo tuyo es el baloncesto sueñas con ganar el anillo de la NBA, y si te van más las motos, aspiras a correr en su equipo. Esto último nunca me acabó de quedar claro, ya que supongo que cualquiera firmaría antes ganar el título, y de hecho me parece que a Valentino Rossi le van más ese tipo de cosas. En cualquier caso me valió para pensar que, si quieres ser músico, olvídate de merecer semejante mención hasta que no seas la mitad de bueno que cualquiera de los miembros de 12Twelve, sobre todo su batería. Ahí queda eso.


El Columpio Asesino

Tras semejante orgasmo musical, y ya que carezco de filias toxicómanas relacionadas con la nicotina, no pude reprimir el impulso salvaje de introducir en mi estómago algo de comida (aunque posiblemente semejante denominación no le haga justicia a aquel amago de bocadillo). El concierto de los Charlatans ya estaba muy avanzado, así que opté por seguir las evoluciones de EL COLUMPIO ASESINO. Por un lado sabía que no me iba a llevar ningún chasco, dado que les había visto en la gira de su debut en dos ocasiones y me dejaron un fantástico sabor de boca. Por otra parte, y dado que no se puede estar a todo en esta vida, podría escuchar por primera vez algunos de los temas de su segundo álbum, De mi sangre a tus cuchillas (Astro, 2006).


El público descansa entre concierto y concierto

El concierto estaba bastante avanzado, y en ese sentido me llevé una decepción, ya que casi todo el repertorio al que asistí correspondía a su debut homónimo. Lo que no deja lugar a dudas es la capacidad de los navarros para atronar al personal a la vez que lo pone a bailar sin apenas respiro, ya fuera con esa bella historia de amor entre fontaneros que es Motel, con ese enorme homenaje a los Pixies en Vamos, o con la pegadiza Ye ye yee. Sobresaliente resultó Your man is dead, y Floto dejó al público con la impresión de haber vivido una fenomenal sesión de baile vigorizante a la par que desinhibidora.


The Charlatans

Llegados a este punto habría que empezar a hablar ampliamente de The Charlatans y de Paul Weller. Uno es consciente de sus limitaciones, así que para labores tan magnas prefiero delegar en la sapiencia de nuestro reportero más dicharachero, el gran Andrés Cabanes. Al que, por cierto, todavía tengo que devolver aquella camiseta de merchandasing comprada el día anterior por hacerme un favor ante mi lamentable desnudez. Cuenta con ella en nuestro próximo encuentro. Llegados a este punto, doy por terminada mi labor informativa -ha sido un placer-. Maese Cabanes, tenga usted a bien comentar con la parroquia sus impresiones sobre el final del festival.


Tim Burgess de The Charlatans en acción

Pues, a petición de mi compañero de fatigas, me veo en la tesitura de tomar el testigo para narrar a partir del momento en que separamos nuestros caminos tras el concierto de 12Twelve. Mientras Miguel se decidió por degustar con tranquilidad la comida que se podía adquirir en las barras del festival (hacemos hincapié en que no estamos muy seguros de que a “eso” se le pueda llamar así) y luego ir a ver a El Columpio Asesino, yo preferí darme un poco de prisa para ver a THE CHARLATANS. Con el concierto empezado, pude comprobar cómo los de Manchester todavía siguen en plena forma. Nunca he sido muy devoto ni seguidor del movimiento de su ciudad natal, pero lo que hay que reconocer a los chicos de Tim Burgees es la claridad y la sobriedad de su propuesta. Junto a Paul Weller, que actuaría tras ellos, demostraron que la veteranía es un grado y que lo que realmente importa son las CANCIONES, así, con mayúsculas. Y no es que fuera un gran concierto. De hecho, las piezas de su último trabajo, Simpatico (Sanctuary Records, 2006), son –por decirlo de alguna manera– algo insípidas. En el fondo temas como su primer single, Blackened blue eyes, o la jamaicana City of the dead no están mal, pero no son comparables con éxitos del pasado como My beautiful friend o The only one I know, de las pocas que hicieron reaccionar a los presentes.


The Charlatans

Llegaba la hora del, para mí, mayor aliciente de esta edición del MetroRock: PAUL WELLER. Ya que Miguel se ha abierto lo suficiente como para contar algunas de sus miserias, reconoceré que yo fui uno de los gañanes que llegó el pasado tres de noviembre a la puerta de La Riviera y se quedó con un palmo de narices al comprobar que el concierto del modfather se había cancelado. Entonces hubo muchos rumores sobre el porqué de aquella cancelación. Gracias a la rueda de prensa que ofreció antes del concierto de esa noche ahora sabemos la verdad: “Me molestó haber estado metido durante ocho horas en un autobús desde Barcelona a Madrid y que tampoco supiera cuándo iba a llegar”, dijo visiblemente enfadado. Su actuación prometía, pues Weller venía presentando Catch-Flame! (V2 Music, 2006), un disco que recoge en directo lo mejor de su carrera en solitario y al frente de The Jam y Style Council. Casi nada. Y empezó por el final, arrancando con las mejores canciones de su anterior trabajo, As is now (V2 Music, 2005): From the floorboards up y Paper smile. De este álbum también tocaría, más tarde, I wanna make it allright, Come on let’s go y la brillante Fly little bird.


Paul Weller

Entre medias desgranó uno a uno todos sus éxitos en solitario: Peacock suite, The changing man, Porcelain dogs, Out of the sinking, Broken stones… De entre todos destacaría ésta última, una de mis favoritas, y You do something to me, que junto a Wild word hizo que a servidor se le pusieran los pelos como escarpias. No puedo dejar de hacer una reflexión: lo mejor que le ha pasado a Paul Weller desde que iniciara su carrera en solitario, es Steve Cradock, el guitarrista de los Ocean Colour Scene que le acompaña desde hace una década. En ese sentido, lo mejor que le ha podido pasar a Cradock es Paul Weller, a tenor de lo poco inspirados que resultan los últimos discos de OCS. Para los más nostálgicos, Weller rescató algunas de sus canciones más recordadas de su etapa al frente de The Jam: Running on the spot, In the crowd y Town called Malice, con la que se despidió de un entregado público madrileño.


Paul Weller

Lo peor del concierto de este mito fue presenciar cómo Miguel -que se incorporó corriendo al inicio-, tenía que pedir que bajaran el tono de voz a un pequeño grupo de espectadores que, más empeñado en relacionarse entre sí a grito pelado que en presenciar el espectáculo, impedía a la gente de alrededor escuchar la música. Resultó entrañable ver cómo continuaron farfullando en arameo y lanzando comentarios en voz alta sobre la justificada petición para luego, tras el concierto, acudir uno de ellos herido en su orgullo tratando de entablar con él un debate prepotente y gafapastoso sobre si es mejor Paul Weller en solitario o cuando tocaba con los Jam. Miguel, que es muy honrado, le contestó algo así como: “Precisamente como apenas conozco a Paul Weller quería comprobarlo”. El otro, evidentemente, no podía decir nada, porque lo que es su directo lo escuchó bien poco.


Damian Kulash, cantante de OK Go

Dándose algo de prisa se podían presenciar los últimos acordes de los norteamericanos OK Go, que actuaron a la misma hora que el británico pero en el escenario Parque –tirón de orejas para la organización por ello–. Pero, ¡oh, sorpresa!, tras dejar los instrumentos y abandonar el escenario, la banda salió de nuevo ante un atónito público para bailar –sí, he dicho bien, bailar– su A million ways. Para los que no lo sepan, su videoclip, (pinchad aquí para disfrutarlo), que precisamente consiste en el bailecito de marras, lleva bastante tiempo siendo considerado una de las sensaciones de Internet. Más tarde me contarían que fue uno de los mejores conciertos del MetroRock (aunque si verlo suponía perderse a Paul Weller, me temo que mi elección estaba clara). Lo cierto es que su último disco, Oh no (Capitol/EMI, 2006), publicado en España con un año de retraso, no está nada mal, y dicen que canciones como Do what you want son mucho mejores en directo. Lamentablemente no tuvimos tiempo para comprobarlo.


OK Go

El cuerpo pedía descanso, y nos quedamos sin ver el esperado regreso de Surfin’ Bichos. Del clubbing, mejor ni hablamos. Por lo demás, lo único que me queda por decir es que gracias al MetroRock me he reconciliado con los festivales. He comprobado en primera persona cómo se puede hacer un buen cartel, que sea de calidad y ecléctico a la vez, y todo ello sin sentir agobio alguno pese a los veintidós mil asistentes del primer día y los diez mil del segundo según la organización. El año que viene repetimos. Y nos traemos el tupper de casa.

Texto: Miguel González y Andrés Cabanes
Fotos: Alex García y Jorge Pérez

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