Cine, Tv y Teatro

Los Ecos de Laurel Canyon

Negativos de Henry Diltz

Se estrena en Filmin el documental Echos in the Canyon de Andrew Slater de 2018. Al mismo tiempo, en EEUU se emite a través de EPIX Laurel Canyon: A Time and Place, serie de dos capítulos que también recuerda a los artistas que crearon el «sonido de California» durante las décadas de los 60 y 70.

Jacob Dylan y Andrew Slater se pasaron la mayor parte de la última década trabajando en el documental Echos in the Canyon, titulado aquí Ecos de una era. Dylan se crió en Malibú pero se mudó allí los 19 y, como si los fantasmas del pasado le acompañasen, grabó en 1996 el mayor éxito de su carrera, Bringing Down the Horse con su banda The Wallflowers. Dylan como músico y Slater como ex presidente de Capitol Records consiguieron entrevistas clave como Brian Wilson de los Beach Boys; Stephen Stills de Buffalo Springfield; Roger McGuinn y David Crosby de los Byrds; Michelle Phillips de Mamas and the Papas; Eric Clapton de Cream; Ringo Starr de los Beatles; John Sebastian de the Lovin’ Spoonful; Graham Nash de los Hollies;el productor musical Lou Adler; el cantante y compositor Jackson Browne y el fallecido Tom Petty en su última entrevista delante de una cámara. Dylan, guía durante todo el trayecto, recorre los alrededores de la ciudad hasta Western (United) Sound y otros estudios de grabación en un GTO de la década de 1960. Su «inspiración» fue un drama de 1969 que vio en TCM, Model Shop, una película de Jaques Demy que presentaba a Gary Lockwood dando vueltas por los Ángeles en un MG A de los años 50. El enfoque del documental, sin embargo, abarca sólo el período de 1965 hasta 1967, incluye artistas de nuevas generaciones que difícilmente pueden aportar más contenido que sus protagonistas y, sobre todo, no incluye a uno de los miembros fundamentales de la comunidad: Joni Mitchell.

Por otro lado, Alison Ellwood, la directora australiana de Laurel Canyon: A Time and Place, vivió en Los Ángeles en la década de 1990 y tras ver la película de 2002 Laurel Canyon, protagonizada por Frances McDormand, quiso mudarse a aquel lugar mágico. Laurel Canyon mezcla imágenes de archivo y nuevas entrevistas con una multitud de músicos que vivieron allí durante la época dorada del boom del folk rock de los años 60, pero también durante la era de cantautores de los 70.

A diferencia de Echos in the Canyon, en el documental de Ellwood el guía es uno de los testigos sobresalientes de aquella peculiar comunidad. Henry Diltz, músico y fotógrafo, autor de fotos míticas de Woodstock o portadas como Morrison Hotel de los Doors. En el mismo nos explica por qué fue el centro neurálgico de toda una generación de grandes músicos: su excelente ubicación, a solo unos minutos de Sunset Strip, hogar de los clubes nocturnos de Los Ángeles, lo hizo especialmente atractivo para vivir, además de un precio barato y comodidades de la vida en el campo, un estilo rústico de principios de siglo redescubierto ese aire bohemio inspirado en que muchos actores vivieron allí en los años 40 y 50. Michelle Phillips, de 75 años, de The Mamas and the Papas, miembro del Salón de la Fama del Rock & Roll desde 1998, compara a Laurel Canyon de aquel entonces con «una gran gran comuna».

Para Chicago Sun Times Laurel Canyon «es más un auténtico documental. Presenta docenas de entrevistas personales (y fuera de cámara), nuevas y antiguas, y grabaciones de personajes como Crosby, Stills & Nash, Linda Ronstadt, Don Henley, Jackson Browne, The Doors y más. …y hay pequeñas joyas salpicadas por todas partes». Según The Hollywood Reporter «es (un documental) más inmersivo que analítico. El director tiene una idea segura de la esencia de la época y sus jugadores, y del impacto social y emocional de sus canciones. Gracias a una riqueza de material excelentemente curada y la edición de Anoosh Tertzakian, un mundo cobra vida dentro del tiempo de su ejecución relativamente». Para Variety «es un ejercicio de felicidad de casi cuatro horas, que nos devuelve a un momento fugaz en el que la calidez musical y la excelencia formal iban de la mano e hicieron que todo el mundo deseara el «California Dreamin». Según The Hollyoood Reporter «fue una alquimia de juventud, visión, talento y ambición, y la invención de nuevos estilos de música. Para aquellos que crecieron con esa música y para aquellos que la hicieron, los planetas se estaban realineando, y Laurel Canyon es un recordatorio vigoroso de cómo se veía y sentía eso y por qué importaba» . Para Vanity Fair «Laurel Canyon no se trata solo del vecindario visto a través de los ojos de Ellwood (…) ni del estilo de vida relatado por sus participantes apenas adultos, donde las drogas fluían libremente (…) se trata de lo que el paisaje y sus habitantes fusionaron, musical y personalmente, y la historia milenaria de las escenas musicales que se construyen, alcanzan y flamean que mantiene viva esa historia que Ellwood nos brinda con un flujo constante de materia».

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