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Los comediantes

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Siempre que ocurre alguna tragedia fruto de la naturaleza surgen las voces, generalmente más noveleras que otra cosa, de ciertos filósofos que se golpean en el pecho gritando “¿dónde está ahora vuestro Dios que permite que ocurran estas cosas?” Es curioso que, tratándose de personas que uno tiene por inteligentes, aún haya que recordarles hechos tan evidentes que se resumen en el dicho “de aquellos polvos vienen estos lodos”. En el caso de Haití es sangrante, desde luego, pero no fue Dios quien puso a los dictadores que gobernaron el país durante tanto tiempo, ni fue Dios quien mantuvo y consintió las condiciones de esclavitud que sufrió su pueblo durante tantos años. Una ironía, cuando había sido el primer país en el mundo en abolir la esclavitud, y el primer país latinoamericano en lograr la independencia. Ahora acuden a ciertos países -algunos, grandes potencias impotentes- fuertes sentimientos de culpabilidad.

En 1967 se estrenó este film sobre la dictadura de François Duvalier en Haití, basado en una novela de Graham Greene, quien también se encargó del guión, lo que a la larga pudo ser un lastre. La película, pese a contar con pesos pesados de Hollywood, pasó por las salas prácticamente sin pena ni gloria. Ello se debe, seguramente, a su largo metraje y a que la última media hora resulte demasiado densa. Los protagonistas principales fueron la consolidada pareja cinematográfica Richard Burton y Elizabeth Taylor, que repetían ese mismo año con La fierecilla domada y Doctor Fausto. Pero, además, contaba con dos actores de reparto de renombre como Alec Guiness y Lilian Gish, junto a Peter Ustinov y un joven James Earl Jones. El director fue Peter Glenville, que ya venía de dirigir a Burton para Becket.

El film, aunque rodado en África, está ubicado en el Haití de ‘Papa Doc‘ Duvalier y narra la historia de un propietario de hotel (Burton) y su mirada fatalista sobre un país hundido en la corrupción política. Aunque contiene una serie de complicaciones argumentales -amistad con un líder rebelde, el consabido affaire con la mujer del embajador alemán, las artimañas de un traficante de armas-, el título de la cinta es el que sostiene la continuidad de la intriga. Cada uno de los protagonistas desempeña en la vida un papel, y es la trama la que determina en qué momento pueden darle, o no, un giro brusco a ese guión preestablecido: “Yo también soy un poco actor, y ¿quién no en este país? Todos interpretamos comedias de salón alguna vez”.
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En el fondo de la acción, la política del déspota ‘Papa Doc‘, que instigó purgas militares y gubernamentales, ejecuciones masivas y la institución de toques de queda. Todo ello aplicado por los terribles “tontons macoutes”, cuerpo policial y organización de espionaje, a quienes se atribuye la muerte de decenas de miles de haitianos, la mayoría opositores, durante los años 60. La película narra sin ningún tipo de rubor el robo de cadáveres, las ceremonias vudús y los cortes de luz para que los esbirros ejecutaran mejor sus órdenes.

Graham Greene sobre Los comediantes:

Mis dos primeras visitas a Haití en los cincuenta fueron muy felices. Eso fue en el tiempo del presidente Magloire. Había pobreza extrema, pero había muchos turistas, y algo del dinero que ellos traían tenía permitido bajar por la escala social (…) Conocí a poetas, pintores y novelistas haitianos, y a un hombre a quien quise sobre todos, que fue el modelo para el Doctor Magiot en Los comediantes, una novela que nunca soñé en ese momento que llegara a escribir alguna vez. Era un doctor y un filósofo, pero no comunista. Durante algún tiempo había sido Ministro de Salud, pero encontró sus manos muy atadas, por lo que dimitió -algo que hubiera sido muy peligroso hacer en la época del Doctor Duvalier-. (…) Era un hombre alto y muy negro, con una gran dignidad y una cortesía a la antigua. Tuvo que morir en el exilio. ¿Más afortunado que el Doctor Magiot? ¿Quién puede decirlo? Fue durante ese periodo que asistí a la ceremonia vudú que describo en la novela. (…) En mi hotel, el Oloffson -lo llamo Trianon en Los comediantes-, había tres huéspedes además de mí: un italiano gerente del casino, un viejo artista americano y su señora -una gentil pareja de la cual no puedo negar que tenían un gran parecido a Mr. y Mrs. Smith de la novela-. Él quería enseñarles a los aristas haitianos el uso de la pantalla de seda, para que así pudieran ganarse mejor la vida vendiendo reproducciones de sus pinturas en los Estados Unidos. (…) Una noche, los tres nos adentramos en la oscuridad para visitar el burdel que he descrito como el de Mere Catherine. Allí no había más clientes, salvo una pareja de ‘tontons macoute’. Mr. Smith comenzó a dibujar a las mujeres que habían estado bailando juntas, y los ‘tontons’ miraron con odio, a través de sus anteojos de sol, ese extraño espectáculo de un hombre sin miedo, alegre e inocente, que no podían entender”.

“Los comediantes, me alegro de decir, molestó a ‘Papa Doc’ Duvalier. La atacó personalmente en una entrevista que dio a Le Matin, el diario de su propiedad en Puerto Príncipe. Es la única crítica que he recibido en toda mi vida de un jefe de Estado: ‘le livre n’est pas bien ecrit. Comme l’oeuvre d’un ecrivain et d’un journaliste, le livre n’a aucune valeur’ (el libro no está bien escrito. Como el trabajo de un escritor y periodista, el libro no tiene valor alguno). (…) Después de cinco largos años desde mi visita, el Ministro de Relaciones Exteriores publicó un elaborado y elegante folleto relativo a mi caso. Utilizó mucha investigación para su preparación, con muchas citas extraídas de una introducción que había escrito para una editorial francesa de mis libros. ‘Graham Greene desenmascarado’ incluía un boceto sesgado respecto a mi carrera. Me describía como ‘un mentiroso, un cretino, un chivato… Desequilibrado, sadista, pervertido… Un perfecto ignorante, mintiendo hasta su mismísimo corazón. La vergüenza de la orgullosa y noble Inglaterra. Un espía, un drogadicto, un torturador’. Este extenso trabajo fue distribuido a la prensa a través de las embajadas haitianas en Europa, pero la distribución cesó abruptamente cuando el Presidente se enteró de que el resultado no fue el que deseaba. (…) Estoy orgulloso de haber tenido amigos haitianos que pelearon tenazmente en las montañas contra el Doctor Duvalier, pero un escritor no es tan débil como habitualmente se siente, y un lápiz, al igual que una bala de plata, puede dibujar sangre”.

De la autobiografía de Graham Greene, Vías de escape (Ways of escape).

The comedians, EE.UU.-Francia, 1967
Dirección: Peter Glenville; Guión: Graham Greene, a partir de su novela del mismo título; Fotografía: Henri Decaë; Música: Laurence Rosenthal; Intérpretes: Richard Burton (Brown), Elizabeth Taylor (Martha Pineda), Alec Guinness (Comandante H. O. Jones), Peter Ustinov (Embajador Manuel Pineda), Lillian Gish (Señora Smith), James Earl Jones (Dr. Magiot).

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