martes , 24 de octubre de 2017
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Local Natives – Hummingbird

La dulce dictadura del escorzo.

Local Natives son una banda de indie-rock californiana que nació a finales de 2008 en una casa de Silver Lake. Compuesta por Taylor Rice, Kelcey Ayer, Ryan Hahn y Matt Frazier, se presentaron al mundo mediante el lanzamiento en 2009 de su álbum de debut, Gorilla Manor (Infectious Records, 2009/Frenchkiss Records, 2010), que curiosamente salió antes en el Reino Unido que en Estados Unidos, y por el cual obtendrían muy buenas críticas. Entre ellas cabría destacar la de Ian Cohen, de Pitchfork, quien los describió como ‘una suerte de Grizzly Bear de la costa oeste’. Pero por si a alguien se le pasó su nacimiento y primeros pasos, los Local Natives se han asegurado esta vez, aparte de poner en el mercado un muy buen producto, de hacerlo llamando un poco más la atención. Es el poder del escorzo, que a veces hace de imán para que nos fijemos en las cosas buenas que quizá de otra manera habrían pasado desapercibidas.

El citado producto es un álbum que se llama Hummingbird (Infectious Records, 2013)(producido por Aaron Dessner, de The National, y se nota), donde oímos a los californianos con ese punto más de madurez, de concreción en su lenguaje y mensaje musical y, por supuesto, de calidad, que se le exige a las bandas que quieran llegar al éxito por el camino correcto. En el Gorilla Manor destacaba el uso generoso y democrático de todos los elementos en los que querían basar su sonido: la voz de Taylor, la hiperactividad de Frazier a la batería, la vocación eminentemente artística de instrumentos, melodías y arreglos, y un tacto en todo momento intenso, sentido y sincero. Con todo eso, mezclado a partes iguales, conformaron un disco sólido, muy rico musicalmente, y lleno de contenido; de esos que solo sostienes a dos manos. Pero también de esos que parece que han durado más de lo que marca el minutero.

Lo que han logrado con Hummingbird es un producto musical algo más liviano, igualmente compacto y sabroso, pero utilizando para ello quizá algo menos de material, aunque más seleccionado, cuidado y eficaz. En cierta medida da la impresión de que han logrado ser más efectivos en la utilización de sus virtudes, más escuetos y precisos en su planteamiento, pero sin perder contenido. Como si hubieran sintetizado su fórmula, refinándola, para sacarle más partido a los ingredientes estrella que hay en ella. Las ansias de contar y el extra de ganas que muchas bandas primerizas le ponen a sus primeras obras, como si solo tuvieran esa oportunidad para demostrar todo lo que son capaces de hacer, han dado paso a la calma creativa que, seleccionando solo lo más bueno, es capaz de sacarle más partido a una idea más sencilla, colocándola en escorzo, y además hacer que destaque.

Porque es una pena que tantas buenas ideas se acumulen y atropellen, que es lo que pasa con Gorilla Manor, hasta un punto en el que deja de sorprenderte. Con Hummingbird logran llamar tu atención hasta 11 veces, una por canción, y no 20 o 30 por canción; de modo que usando menos ideas buenas han construido un Cd más directo y escuchable, donde en cada canción se utiliza un mismo elemento en escorzo, para llamar la atención, y que luego se rodea de los demás imperando sobre ellos. Queda claro cuando aparece la voz, cristalina, rústica y pura, en You & I, rompiendo la frecuencia de los altavoces, y reinando sobre una base instrumental a su servicio, que ha sintetizado su esencia y sus virtudes: batería omnipresente y acabados nobles de eléctrica. O en la escala vocal de Heavy Feet, o su plácido sobrevolar en Cellings.

Incluso el piano de Black Spot: los instrumentos parece que entran solo con el premiso de Taylor, y solo si se ciñen a su piel y siguen el camino que marca su voz. En la florida Breakers, por ejemplo, parece que enciende o apaga el acompañamiento con el aliento de su propia voz, como si los instrumentos fueran un fuego que se aviva soplando. La comunión y servidumbre es tal entre parte vocal e instrumental, que cuando la primera se muestra menos poderosa y más decaída, como en Three Months o Colombia, la segunda también se agacha, pero para levantarla hasta lo más agudo. Para la segunda parte del Cd dejan de incidir tanto en el escorzo, y dan rienda suelta a lo que ha sido decorado, soltándose rítmicamente en temazos como Black Balloons, Wooly Mammoth o Bowery, acabando el disco en lo más alto, en un elegante y constante in-crescendo bien culminado.

Un Cd que se ejemplifica perfectamente en Mr. Washington: delicada, contenida, elegante, noble; una voz humilde, humana; con un idea sencilla, sutil; perfecta. Una buena idea, solo hace falta una, rodearla de quién sepa apartarse en su favor, y el desarrollo natural hará que ganen en intensidad y emoción. Ya no será necesario que en cada canción reúnan material suficiente para un disco entero, y rebosen de llamadas de atención que dejan de surtir efecto: Local Natives ha optado por el sistema político más arraigado en el mundo de la música. Es la dulce dictadura del escorzo.

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