Cine, Tv y Teatro

L’Alternativa 2013. La extraña gatita (Ramon Zürcher, Alemania, 2013)

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Alemanes seréis.

Cuando una película rompe ciertas reglas tácitas de la construcción narrativa habitual, lo normal es que el público acabe sintiéndose descolocado, desorientado o directamente estafado. Incluso en el marco de un festival de cine independiente como es L’Alternativa, donde la mayor parte de los asistentes son doctos en las técnicas de observación del cine, hay proyectos que sorprenden porque desafían a la convencionalidad más de la cuenta. La extraña gatita, el filme de Ramon Zürcher ganador del concurso oficial, sin ser en absoluto una propuesta codificada o difícil de entender o seguir, rompe con una norma básica de obligado cumplimiento en todo arte narrativo: y es que no pasa nada en 72 minutos.

foto04Se trata simplemente, y como bien dice la valoración final del jurado, de una coreografía perfectamente bien orquestada, de un tráfico constante, ordenado dentro del caos, de una familia alemana que se prepara para una comida de reunión tras las vacaciones. Padre, madre, hermano mayor, hermana mayor, hermana pequeña, tío y tía, primo y prima, y, por supuesto, la abuela. Todo coronado por la presencia de un perro y una gatita que se mueven por la escena y por la casa sin limitación aparente alguna. Casi en ningún momento la cámara abandona la casa, colocándose prácticamente a hombros de los propios personajes casi por turnos, y salvo por la contención de contenido que parece albergar la madre, se diría que no existe un protagonista claro en el devenir de la narración: es el relato teatral de una cotidianeidad encerrada entre cuatro paredes.

03La naturalidad con la que van ocurriendo las cosas, cómo llegan y salen los personajes uno por uno, sin presentaciones ni ceremonias de ningún tipo, cómo se relacionan y se hablan, e incluso la extraña manera que tienen de ignorarse unos a otros, conforman una imagen estática de una sociedad en la que la información y los afectos parecen transmitirse de una forma bien distinta de la que practicamos los latinos. Bajo nuestros códigos, la presentación de Zürcher invitaría inevitablemente al descubrimiento y profundización de las cuestiones de índole personal que subyacen, evidentes, tras la máscara invisible de ciertos personajes como la madre, la hija mayor o la prima. Tal vez el autor reflexione con esto sobre la imposibilidad de transformar la rutina y los modales comunes por una inflexión sentimental o anímica en la sociedad alemana contemporánea, pero francamente lo dudo.

foto10Lo que nos queda del metraje, horas después de su proyección, es solo el coreografiado tráfico humano de los protagonistas alrededor de un hábito común, una comida familiar, y la extraña presencia de dos animales que parecen ser los únicos que se rigen por una lógica liberada. Curiosamente, no paran de adjetivarlos como locos, excéntricos o, como en el mismo título, como extraños. En cierto modo lo son, pero parecen reflejar el anhelo de mutua comprensión del que parecen carecer los demás personajes humanos. Dentro de los parámetros de lo que se conoce como Escuela de Berlín, puede que este filme resulte interesante y hasta atractivo por la construcción conceptual de la escena, la pincelada superficial de la psicología de unos personajes que no parecen venir ni ir a ningún sitio, o por el tipo de retrato social que en él se configura, pero opino que la contención de las emociones en el cine, como en la vida, es un error capital que tiene difícil arreglo.

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