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Josh Ritter – Madrid (08-12-08)

Ya en la entrada muchos éramos los que, aun con las ganas de ver al culpable de uno de los mejores discos del 2007, seguíamos apenándonos al saber que su impresionante banda, que acompaña a Josh Ritter desde hace una temporada, no estaría presente en la sala Moby Dick esa noche.

Los encargados de abrir el concierto fueron los irlandeses The gorgeous colors, una banda poco conocida por estos lares que animó a los presentes con unos temas de pop, rock y folk, sin pretensiones y muy bien hechos.

Tras la actuación de este grupo, el escenario se vació de instrumentos quedando sólo un par de guitarras y un micrófono. La sala, casi llena, fue quedando en silencio y la expectación se tornó en ovaciones y aplausos cuando Josh Ritter hizo su elegante aparición en el escenario -traje de chaqueta y acústica en mano- y comenzó a tocar Monster ballads, canción de su penúltimo disco The animal years, después de la cuál interpretó Bright smile, tema de apertura de su segundo trabajo Hello starling. Durante los noventa minutos de concierto, el norteamericano no dejó de reír y agradecer la presencia del público, el cual tarareaba en voz baja sus canciones entre un silencio difícil de conseguir en una sala en la que hasta los camareros procuraban no hacer ruido al servir las bebidas.

Por ello fue fácil que, después de tocar canciones como Man burning o To the dogs or whoever, el tema country más pegadizo de su último álbum The historical conquest of Josh Ritter, el artista se se acercara al público a tocar ‘a pelo’ un conocido tema de Bruce Springsteen, The river.

Josh Ritter siguió entonando temas de sus anteriores discos, como Come and find me, incluyendo anécdotas sobre su trabajo como repartidor de periódicos, sin dejar de recordar a los asistentes lo encantado que estaba de tocar por primera vez en España aunque, eso sí, el sol no le acompañase en su gira, tal cual dijo bromeando: “gracias a España por el buen tiempo que ha hecho estos días” (mientras, en el exterior de la Moby Dick, se presentaba una de las noches más frías y lluviosas del año.)

Durante los últimos minutos del concierto, Josh pidió una cerveza por el micrófono antes de interpretar sus últimos temas y, mientras el público pasaba la bebida de mano en mano hasta el escenario, el de Idaho dejó su guitarra apoyada en el suelo y, cerveza en mano, entonó a capella un tema tradicional irlandés, The parting glass, dejando claro que las melodías folk son uno de sus puntos fuertes.

Quizá un concierto de Josh Ritter compañado por su banda hubiera sido más enérgico y divertido (no desesperéis, pues les tendremos de vuelta a todos ellos en unos meses), pero la calidad y esencia de sus canciones no se perdió en ni una sola nota de su guitarra y su voz. De hecho, los que allí estuvimos presenciamos una noche que difícilmente se repetirá. Bendito Josh.

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