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Jessie Ware – Devotion

‘Podría imaginarme en una isla desierta escuchando a Sade para siempre’. Jessie Ware admira profundamente a la banda británica (bueno, ella y un montón de músicos como Frank Ocean, Drake o The XX). Las composiciones de los creadores de Love Deluxe siguen siendo el espejo donde se miran muchos de los artistas más cautivadores del momento. La poderosa imagen de Sadu Adu se refleja con más fuerza que nunca en obras como Devotion (PMR Records/Island Records), el hechizante primer disco de Jessie Ware.

Sin embargo, Sade Adu no es la única; la inglesa tiene un puñado de musas como Aaliyah, Lauryn Hill, Chaka Khan, Annie Lennox, Maria McKee, que irremediablemente se han colado en su primer álbum. La cantante aspira a ser una diva de pop privada y para ello combina sonidos r&b, house, pop, drum’n’bass, hip hop y dubstep con unas cuerdas vocales embadurnadas de soul. Aunque huya de esa imagen de estrella, a veces se contradice: ‘Trabajaría con David Guetta. No creo que el Dj se lo pensara mucho con una voz así; para él sería otro gol por la escuadra, pero para ella, con canciones como las suyas que están en la frontera de la fascinación-desilusión, sería algo fatídico. A pesar de no querer hacer mucho ruido y haber llegado a convertirse en una estrella del pop (iba para periodista) casi de rebote, tiene las cosas muy claras y  busca con sus temas el mismo impacto sonoro que tienen los de Beyoncé o Alicia Keys. Y la verdad que lo ha conseguido gracias, en gran parte, a un trio de productores de lujo: Dave Okumu (The Invisible), Julio Bashmore y Kid Harpoon.

Antes de dar el paso de grabar en solitario, se ha fogueado con músicos de la talla de Sampha o SBTRKT, con el que participó en su magnifico disco de debut. Pero Jessie Ware es mucho más que una acompañante vocal y la prueba definitiva fue uno de los adelantos de su primer disco, la balada electrónica de lo que va de año, su Empire State of Mind, la terapéutica Wildest Moments. Una pieza compuesta a partir de un tartazo que se llevó en una boda, cortesía de su mejor amiga, y que demuestra la intensa amistad que mantienen (‘Maybe in our wildest moments, we could be the greatest, we could be the greatest’). Su música alcanza cumbres de gran intensidad como en la jazzy Sweet Talk (‘Give me the sweet talk and it works for me. And it’s the sweet words that pulls me in’), donde sobrevuela la sombra de Whitney Houson. La influencia de Sade vuelve a aparecer en la slow jam más audaz y adictiva de todo el disco, Night Light (‘Night light here in the shadows, away from the light. This darkness under which we hide, like a ghost’). Por cierto, no te pierdas el videoclip de la sugerente Running, que es un claro homenaje a Smooth Operator.

Su música es elegante, melodiosa y épica, a veces  demasiado, como en Taking In Water, con una interpretación vocal sobrada, pero con la sacarina que no le hace falta. Un corte donde pisa terrenos arriesgados (Sade se aleja y se acercan figuras peligrosas como Céline Dion o Barbra Streisand). De todas formas no hay que preocuparse porque en 110% vuelve a echar mano de sus divas (esta vez le toca el turno a Aaliyah) para fundir magistralmente la tradición melódica clásica con la electrónica más vanguardista. El ejemplo más claro de la transformación musical que está viviendo Jessie Ware, se refleja en Still love Me, un tema que empieza siendo un drum’n’bass y termina convertido en una joya pop.

Devotion es una obra tremendamente sensual, llena de ritmos downtempo magnéticos y en la que Jessie Ware nos regala un recital vocal despampanante. Esperemos que su próximo paso sea coherente con su discurso y huya del éxito comercial más descarado. Haga lo que haga, este álbum ya no nos lo quita nadie.

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