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Crónica: Half Moon Run (Razzmatazz 3, Barcelona, 09-11-2013)

Half Moon Run (190)RetPLa alegoría de la caverna.

Mucha gente dice que uno de los súper poderes de la música es la capacidad inimitable que tiene para cambiar el humor del oyente. Es relativamente fácil que una canción nos levante el ánimo, que una melodía nos entristezca, o que determinados estribillos nos motiven, ya sea para salir de fiesta, para una batalla o para encarar un simple y maldito lunes. En directo, además, ese poder emocionante de la música se multiplica, llegando incluso a arrancar lágrimas de pura emoción y a ensanchar el alma más oprimida. Pero lo cierto es que hay quien provoca ese tipo de efectos por mera vocación artística, de forma natural y casi sin poder remediarlo, y hay quien sencillamente los busca y, claro, los encuentra. Por desgracia, el concierto de ayer de Half Moon Run no despejó las dudas sobre qué tipo de grupo quieren ser ellos con respecto a dicha división; pero si son, como lo parece, el reflejo de su público, mucho me temo que acabarán perteneciendo al segundo, quieran o no.

Half Moon Run (160)RetPSu álbum de debut, publicado en Canadá en 2012 y a nivel internacional el pasado verano, está lleno de pasajes de calidad compositiva y de estilos diversos, destacando elementos que proceden, con toda certeza, de la admiración de la banda hacia grupos como Mumford & Sons, Radiohead, Fleet Foxes, Grizzly Bear o Arcade Fire, paisanos suyos. Además, en la estela del éxito de estos últimos, al igual que Alt-J, Of Mosnters And Men o The Lumineers, hacen del efecto festivo y de celebración de lo humano un lenguaje, un mensaje y, a la vez, su única razón de ser. Eso sí, siempre desde un concepto musical pletórico. De alguna manera, se saben placebo de otros a quienes el éxito les ha venido al encuentro, y no viceversa. No dudo de la honestidad musical de Half Moon Run, pero es evidente que han pisado sobre las selectas huellas de quienes admiran para garantizarse un camino seguro hacia el favor del público, cosa que se percibió claramente ayer en su concierto en Razzmatazz 3.

Half Moon Run (121)RetPO dicho con otras palabras: parecen sentirse cómodos frente a un público que, con el extraño y desmesurado entusiasmo inoculado propio de las juventudes del JMJ, sucumbe de manera ciega al uso consciente que hacen de ciertos elementos y efectos musicales prestados, convirtiéndolos consecuentemente, más que en técnicas, en burdos trucajes un tanto demagógicos. Un público que les aclama y que repite, en dichoso júbilo, el que parece ser primer y único dogma que han escuchado hasta ahora. Los canadienses, sin duda, serían número 1 en la caverna de Platón. En ese sentido, y con todos mis respetos hacia los allí presentes, opino que algo va mal cuando el 80% de los asistentes a tu concierto no supera la media de edad de 19 años. Las emociones, que al parecer venían de serie con la entrada, se activaban al unísono con los acordes, ritmos y gestos indicados.

Half Moon Run (211)RetPPor otra parte, en lo estrictamente musical no pudieron dar más: interpretaron íntegro el Dark Eyes [Indica Records, 2012 (Canadá)/Glassnote, 2013 (internacional)], y además presentaron al público tres temas nuevos no incluidos en él. Call Me In The Afternoon, Full Circle y She Wants To Know, bien escalonadas en el setlist, fueron las más aplaudidas. Devon Portielje y Conner Molander, principalmente con guitarra y voz el primero, y teclado, guitarra y voz el segundo, lideran un cuarteto completado por Dylan Phillips e Isaac Simonds dando claras muestras de mutuo entendimiento y conexión: se buscan constantemente, se complementan, y se nota que cada canción es el fruto de una sana relación entre buenos talentos. Pero en cualquier caso, y aunque como banda sean capaces de mostrarse con carácter, talento y entrega, su música no dejó de sonar como una limitada versión de lo que un día grabaron en un estudio.

Half Moon Run (179)RetPEn concreto considero que les faltó clase en Nerve, poética crepuscular en No More Losing The War, definición en la estética modernista en 21 Gun Salute y Give Up, y algo de profundidad en Need It. Acertaron con las poco exigentes Judgement y Unofferable, y, para ser justos, lo bordaron bastante con Fire Escape(¿), los cuatro al natural al borde del escenario. Pero incluso sus hits más celebrados, al amparo de un oído neutral que disfruta de su disco como uno de los más sorprendentes y refrescantes del año, sonaron como si de la receta hubieran extraído esa especia invisible que, en realidad o sobre el papel, constituía la esencia de su apreciado sabor. Quizá sin saberlo, los asistentes del concierto seguramente acabarán solapando el sonido del disco en los recuerdos que guarden de ayer. Porque la realidad, al fin y al cabo, es como queramos verla.

Concierto organizado por Miles Away.

Fotos de Pablo Luna Chao.

Escucha el setlist (parcial) del concierto en Spotify, o míralo aquí.

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