Sábado , 19 de Agosto de 2017
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Guy and Madeline on a Park Bench: primeras impresiones

Guy and Madeline on a Park Bench

Se estrena en EEUU el nuevo musical indie que causa sensación entre la crítica norteamericana.

El film Guy and Madeline on a Park Bench, del debutante Damien Chazelle, trata de la relación muchas veces difícil pero bella siempre entre la música y el amor. Cuenta la historia de un joven músico de jazz de Boston que deambula de relación en relación, con su trompeta como única constante en su vida. Él conecta de forma prometedora con una introvertida y perdida Madeline, que inmediatamente se acopla a su música. Su relación se corta, sin embargo, cuando Guy la deja por otra. Los dos amantes separados caminan de regreso a sus respectivas vidas, a través de una serie de romances que van enmarcados en canciones.

Un musical que reformula el tradicional modelo de la Metro Goldwyn Mayer en un estilo arenoso, casi documental. El film está protagonizado por Jason Palmer, recientemente nombrado por la revista Down Beat uno de los veinticinco “trompetistas para el futuro”, y cuenta música original compuesta por Justin Hurwitz y grabada por la Orquesta Sinfónica de Bratislava. La película fue rodada en 16 mm y también cuenta con Desiree García, Khin Sandha, Andre Hayward (trombón con Betty Carter, Dave Holland Big Band, y Jazz at Lincoln Center Orchestra) y Kelly Kaleta (miembro del reparto de Imagine Tap).

Variety pone varios apelativos al film, que se estrenaba esta semana en EEUU “una sorpresa, un placer y un experimento caprichoso, que podría ser un éxito, a pesar de sus esfuerzos rigurosos por no resultar comercial.” Para Slant Magazinesu retrato en blanco en negro en 16mm de la relación entre amor y arte es tan ágil y radiante como para aturdir los sentidos”. Washington Square News dice que “parte espectáculo de baile, dos partes retrato íntimo, el film es maestro en parar el argumento con una coreografía y colmarlo con ansia y desesperación”. New York Times dice que “si la nostálgica banda sonora de Justin Hurwitz (interpretada por la Orquesta Sinfónica de Bratislava) imita el ritmo relajado de los jóvenes inquietos, la película evoca un momento en que cada historia de amor tenía su propia banda sonora, y cada canción parecía estar escrita sólo para nosotros…”

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