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Franz Ferdinand (Madrid, 22-12-2006)

Tercera vez que el cuarteto de Glasgow tocaba en Madrid tras hacerlo el pasado verano: primero en la sala Aqualung con Kaiser Chiefs, y poco después como teloneros de U2. Aun así casi llenaron el aforo.

Como preludio de lo que luego sería el concierto, en el descanso entre sus descafeinados teloneros, The Rakes, y su actuación se pincharon canciones bailables cien por cien (Out Hud, Daft Punk, Strokes…). Así, pese al retraso que acumulaba el evento, cuando salieron Kapranos y compañía todo el mundo ya había calentado lo suficiente como para no parar de dar saltos durante la casi hora y media que duraría el show.

Ha cobrado importancia la puesta en escena para la gira de presentación de su segundo largo, You could have it so much better… (Sony, 2005), y en el escenario nos encontramos una estructura con forma de arco de las que antaño usaban las leyendas del rock. Como entonces, la distribución de la banda es la misma. Encima del arco, al fondo, se coloca el batería Paul Thomson, en el extremo de su derecha se sitúan los teclados de Nick McCarthy; mientras en el extremo de su izquierda nos encontramos a Bob Hardy, el bajista. Por fin, al frente, tenemos a nuestro anfitrión en esta fiesta retro, Alex Kapranos. Detrás de ellos, y por encima, una lona sobre la que se proyectan círculos negros y rojos y una misteriosa interrogación “?”.

Con esta disposición acometieron casi sin respirar This boy, recuperaron de su debut Come on home y explotaron su single Do you want to? . Fue entonces cuando, ante el delirio del público que coreaba todas las estrofas y bailaba ya al ritmo que imponían las cortantes melodías de Franz Ferdinand, se descolgó la lona. A la vista quedaban cuatro telares sobre los que se proyectarían las caras de los miembros de la banda y una enorme pantalla en la que podríamos apreciar todas y cada una de las posturitas popstar de Kapranos. Si de éste se podía decir hasta hace unos meses que parecía un aprendiz de Brett Anderson, ahora puede enorgullecerse de haberse creado su propio estilo.

El concierto transcurrió con un guión bastante previsible que alternaba temas de ambos discos y al brutal comienzo de I’m your villain le siguió la más calmada ternura de Auf Asche. Luego se pondrían brutos con The fallen, Tell her tonight y What you meant. Con The dark of matineé tuvieron un nuevo punto de inflexión, en él ratificaron lo bien que saben conjugar en tres minutos pasajes cercanos a la balada con estribillos explosivos, certificando cambios de ritmo para nada toscos.

Quizá enmendándose por la escabechina hecha entre el público -¡cuántos pisotones y sudores llevábamos ya!- nos premiaron con Walk away, que probablemente en un disco tan bullicioso no llame la atención como lo hace en directo con la voz de Alex un punto más grave de lo habitual, y con el homenaje velado (otro más) a los Beatles en Eleanor put your boots on.

Así alcanzaron la recta final con cuatro temas de su debut, Franz Ferdinand (Domino, 2004), que fueron bailados tanto en la pista como en los palcos. De hecho las gradas supletorias parecían castillos de naipes que en cualquier momento se vendrían abajo por obra de la alegría que contagiaron Take me out, Darts of pleasure, Michael y 40 ft. Ésta última canción reflejó a la perfección lo que se puede mejorar en dos temporadas de continua gira. Si el año pasado se podía decir que Franz Ferdinand eran McCarthy y Kapranos, acompañados por dos coleguillas amateurs, hoy tenemos que quitarnos el sombrero ante Hardy y Thompson. Han afinado su trabajo hasta el punto de permitirse dar la réplica a sus compañeros en improvisaciones como la que vimos esa noche para presentar a cada miembro de la banda entre juegos de palabras y ritmos sostenidos.

Llegados a este punto se fueron para hacerse rogar cinco minutos y regresaron, como no podía ser de otra manera, con Jacqueline. De nuevo se desataba la euforia, pero esta vez para no apagarse hasta que diera fin el concierto. Le siguió Evil and heathen y a ésta Outsiders, temazo donde, haciendo referencia al título, saltaron al escenario los miembros de Rakes para tocar a diez manos la batería, un hecho cuanto menos efectista. Se acababa lo bueno, una lástima que la noche se hiciera tan corta, aunque todavía dio tiempo para que entonaran This fire y sentenciaran Madrid con aquello de “burn this city / burn this city”.

Autor: Jorge García

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