Cine, Tv y Teatro

FIC 46 – 3. Día 2

Sección Oficial: Nowhere Man

El que esta cinta nazca del taller de guiones de Sundance demuestra que igual uno pueda sobrevalorar todo lo que venga de la meca independiente americana. Y no porque sea malo precisamente, sino porque, como parece marca de fábrica del inicio del FIC, no sabe concretar las cosas.

En Nowhere Man hay un corto, incluso un medio, magistral. Lo que pasa es que se alarga todo hasta que resulta pesado. Hay tiempos muertos innecesarios que diluyen la fuerza del planteamiento hasta que uno comprende que la película se va a acabar en un momento que no resulta concluyente, en una llanura emocional que se instala en el espectador desde demasiado pronto.

Sección Oficial: Three Monkeys

La primera sorpresa agradable del festival le corresponde a esta película turca, del prestigioso Nuri Bilge Ceylan, que ya fue ganadora de mejor dirección en Cannes 2008. Y con merecimientos.

Porque estamos ante una película que se construye desde su propia naturaleza cinematográfica. Ceylan no parece darle tanta importancia al qué, sino al cómo. Evita muchos momentos culminantes de la acción y se centra en los desencadenantes y las repercusiones. Crea un mundo reducido y opresivo donde apenas cinco personajes, y eso siendo generosos, se sobran para dar toda la paleta emocional necesaria.

Y todo lo redondea con una fotografía cuidada y unos encuadres irreprochables. Hay auténticos lienzos pintados sobre el celuloide que consiguen convertir la lentitud de la película (algo indudable) en un punto a su favor. La primera gran película del Festival ya ha llegado.

Retrospectiva: Studio AKA

Si algo queda claro tras ver la colección de cortos y anuncios del Studio AKA es que estamos ante algo grande, pero que todavía puede crecer. Este equipo inglés resulta tan interesante como sorprendente, y apenas acaba de vislumbrar los potenciales de un mayor metraje.

Porque si bien tanto JoJo in the Stars como Varmints ya muestran el interés por aumentar el metraje, también denotan una falta de dominio de la narración y el tiempo. Ambos prometen mucho más de lo que finalmente dan, aunque en medio nos dejen imágenes de indudable belleza.

Por eso de momento su punto fuerte siga siendo el corto, con locuras imprescindibles como su serie de Love Sport. En esas distancias cortas, sin narración, con una animación sencilla, son absolutos maestros.

Concierto: Remate + Ladybug Transistor

Pretender estar en la estela de un Will Oldham o similar en España no puede ser fácil. Ahí le hay que dar un voto de confianza a Remate. Que además lo haga con la cabeza bien alta, sin aparente verguenza, hace que a uno le caiga bien.

Pero en directo le faltan tablas, muchas tablas. Vale que no era el lugar más adecuado del mundo, y que la gente no estaba a lo que tenía que estar, pero hay que tener guardado en el repertorio algún truco más. Ponerte en pie y bailar como buenamente puedes no cuenta, por cierto.

Lo que queda más claro tras la actuación es que a Remate, como a tantos otros músicos, no le sientan bien las salas donde la gente está más atenta al precio de la copa, o esperando al siguiente grupo. Una pena, porque se podían intuir buenos momentos, pero no se concretaban.

Trece años después, Ladybug Transistor siguen siendo un grupo que a uno le suena pero que pocos seguramente conozcan de verdad. Por suerte, es de esperar que conciertos como el de ayer ayuden a cambiar dicha situación.

Porque si a un sonido que solo estaba empañado por algunos problemas con la voz principal le sumamos un buen repertorio, unos intérpretes mayormente entregados y una buena comunión con el público, tenemos un éxito.

Entre borrachos que les daban chupitos (que bebieron religiosamente), globos rosas que seguían sueltos por el escenario, intentos de hablar español que acababan convirtiéndose en balbuceos casi incomprensibles y otras situaciones semejantes se firmó un gran concierto.

Y al final, la gran traca. Entre risas y con una predisposición absoluta se presentó como punto culminante una versión en riguroso español de esa gran canción de Los Brincos que es El pasaporte. Difícil sería concebir una mejor conclusión para un concierto al que no se pueden poner pegas.

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