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FIB Heineken 2004 (Benicàssim, 5, 6, 7 y 8 de agosto de 2004) Parte IV

Domingo, 8 de agosto

El décimo aniversario ya estaba llegando a su fin. La efeméride pasaría a la historia y dejaría para el recuerdo interesantes conciertos, algunos de ellos aun por vivir ese domingo; y también quedaba aún por sufrir un chasco más, la actuación de Love marcada por una borrachera difícilmente justificable.

The Nicotines

Los últimos ganadores del Proyecto Demo 2004 en entrar en liza fueron los franceses The Nicotines. El quinteto de procedencia nórdica nació de la estancia de sus actuales miembros en la residencia vacacional de su líder, Henrik Orrling. No son unos advenedizos ni mucho menos, ya desde 2001 han dado numerosos conciertos en Suecia, Dinamarca y, desde finales de 2002, París. En el FIB presentaron su primer EP oficial, I don’t like it.

A The Nicotines les persigue la extravagancia, o quizá ellos son quienes la persiguen. Desde una apariencia desenfadada presentan un collage en el que conviven en armonía actitud punk desde la batería, ukeleles exóticos pregrabados, o coros que podrían funcionar en cualquier tema rock cantados en clave de pop acaramelado, como ocurre en Free jazz. Cada tema pasa por su particular metamorfosis para sonar radicalmente distinto de su inicio y del resto de canciones. Así se demostró al escuchar en vivo su atrayente Sister in love -de coros desquiciados sin perder el talante pop-, Glue, Massmouvement o Your flight is over. Si les preguntas a ellos, dirán que hacen “arte de salón”, lo que puede pecar de pretencioso, pero desde luego que lograron cautivar con sus ritmos al escaso y cansado público que llegó a primera hora de la tarde.

Vacabou

La banda mallorquina ha sido noticia en estos meses por un disco homónimo que ha seleccionado las excelencias del trip-hop, dejando a un lado la principal lacra del género, el “todo está inventado”. Sabiendo cómo se las gastan en directo, su actuación era de lo más prometedor para ir abriendo boca el domingo. Sin embargo los problemas se les acumularon, ya fuera la inevitable luz que a esas horas hay en la carpa Fiberfib.com -que impidió ver el trabajo visual que acompaña a la banda en concierto-, la mala elección de tonos rojos por los light djs, cuando su música evoca un frescor teñido de azul (que ellos mismos usan en los complementos visuales ya citados), o los problemas de afinación de la guitarra de Joan Feliú, auténtico cerebro de la banda.

Podría decirse que Joan se muestra excesivamente obsesionado con lograr un sonido perfecto, lo que en este caso le jugó una mala pasada. Si bien el calor obligaba a no descuidar la afinación de la guitarra, se perdió en innumerables ocasiones el tiempo en arreglar defectos menores (por sufrir, hasta les dieron una silla rota), tiempo que les faltó al final para entonar su hit Life as interference antes de que les cortaran el sonido. Aunque si hubo alguien que salió “beneficiado” de las adversidades fue Pascalle Saravelli, su exuberante vocalista, que no paró de recibir piropos, y que trató de amenizar los ratos muertos con su simpatía. En todo caso, los asistentes pudieron disfrutar de un conjunto de temas que esta vez se deshacían de su aspecto trip-hop, para derivar en un pop casi eléctrico. Muestra de ello es Iceland, o la impresionante Barunka left, que además dejó muestra de los magníficos coros de Pere Gelabert, que se funden con la excitante voz de Pascalle de un modo tan cadencioso como sensual.

Girls in Hawaii

Dos cabezas jóvenes pero bien amuebladas (Antoine y Lionel), se erigen en punto de gravitación de esta banda belga, que venía a demostrarnos las cualidades de From here to there, su primer disco. En una tarde muy animada, Antoine dejó caer más de una broma, trató de gustarse y de gustar al público demostrando su bagaje en castellano.

En lo estrictamente musical, concierto más que correcto, con momentos para el lucimiento de sus dos pilares, más Antoine por su carisma que Lionel con su indudable calidad sentado a la guitarra. Además dieron un toque más rockero a su repertorio indie-pop, que termino de redondear algunos de sus temas. Notable fue Time to forgive the winter, o el que fuera su primer single allá por el 2003, Found in the ground, que les catapultó en Francia hasta su contratación en festivales como el Eurockeenes. Por supuesto sin olvidar el extásico desenlace de 9.00 AM.

Patrick Wolf

Patrick sólo tiene 21 años y ya es toda una estrella en Irlanda, fruto de acompañar como telonero a otro portento juvenil, Damien Rice. Wolf ha publicado casi en el límite entre el 2003 y el 2004 una de las óperas primas más impactantes de los últimos años, donde se conjugan por igual pop ochentero made in The Cure, violines, acordeones, y la electrónica más avanzada. El resultado, ese Licanthropy, era su tarjeta de presentación en el FIB.

Uno imagina que semejante disco requiere de una banda amplia, pero el joven salió al escenario sin más compañía que su pc, un teclado, el violín y una guitarra casi de juguete, llevando al directo como buenamente pudo su primer trabajo. Es innegable que tiene una voz deslumbrante, con la que alcanzó ampliamente cada una de las notas de su disco, que sabe tocar cada uno de los instrumentos que presentó en el escenario… Pero a ratos se vivió la sensación de estar ante un mero karaoke. Todo estaba pregrabado, desde la batería hasta los coros, así como sintetizadores y demás virguerías que en el disco terminaban por desarmar al más escéptico. Una lástima, porque su dependencia de la electrónica terminó por empañar la cita cuando, una vez más, el equipo del Fibclub empezó a dar problemas. En todo caso, quedarán para el recuerdo y como constancia de su calidad innata esas intensas Wolf song y A boy like me, con la que, por cierto, trató de explicar el porqué de su extravagante vestimenta.

Love with Arthur Lee

A la par que Wilson, la presencia de Arthur Lee rememorando una de las más grandes obras maestras que la psicodélia californiana nos había dejado se antojaba como el plato fuerte de la décima edición del FIB. La estupenda versión que Calexico hiciera un año antes de Alone again or sonaba ahora a celebrada premonición. La proximidad de horarios entre Wilson y Love era uno de los grandes desaciertos de la organización, así como la elección de escenario para los segundos, pues su grandeza era sobrada para llenar el escenario verde. Pero la idea de escuchar en plenitud instrumental el Forever changes hacía olvidar estos inconvenientes.

Con plena predisposición de la audiencia, hizo aparición un tambaleante Arthur Lee con traje negro, pañuelo, sombrero y gafas oscuras. Empieza el concierto y las esperanzas de que su actitud fuera debida a un avanzado estado senil desaparecen. La embriaguez etílica era más que evidente y la figura de un Lee torpe y vacilante descorazonadora. Pero lo peor eran los balbuceos y la desgarrada voz que sobresalían por encima de un brillante acompañamiento musical que devino en eje fundamental de un concierto que pintaba insoportable. La paciencia del público fue escasa y las huidas de masas y pitidos abundantes. Los menos decidieron quedarse, y aunque sólo fuera por los sonidos que rememoraban la magia del Forever changes, por la gran banda que acompañaba al abuelo Arthur, y por lo anecdótico del asunto, pues probablemente valiera la pena. Será este un momento de recuerdo constante para los allí presentes y para los organizadores quedará agradecerles el haber forzado su presencia, pues la cancelación habría sido fuertemente criticada a la par que injustificada, pues deja patente la poca profesionalidad de un tipo que por mucho que esgrima razones personales, ha adoptado ya el ingrato papel de bufón.

Wire

Esta gran banda emergió a mediados de los setenta y alcanzó su cénit artístico en 1977, con la publicación de uno de los grandes álbumes del punk londinense, Pink flag. Su capacidad de anticipación estilística y la constante construcción de nuevos sonidos les han mantenido en un lugar importante del panorama musical.

Tras la decepción provocada por los dos artistas que les precedían (Love y Patrick Wolf), y a pesar de su lamentable coincidencia con Wilson, eran muchos los que esperaban con ganas las sacudidas y la exteriorización de la rabia contenida. Se trató de un repaso a su último disco Send, pero supieron colocar de forma estratégica los mejores temas del Pink flag, lo que provocó el deleite de la audiencia. Un gran concierto.

Brian Wilson

El hombre se consume pero su obra quedará para su recuerdo. Con esa máxima y con la edad haciendo estragos en Brian Wilson (por si no fuera suficiente, también han hecho mella en él mil y una depresiones), se decidió el año pasado a volver a los escenarios y, como desenlace de esa gira previa a la salida, en octubre, de Smile -la obra nunca terminada de los Beach Boys-, le tuvimos en España.

Ante la incertidumbre sobre qué podría dar de sí Wilson en la actualidad, contestamos que él sólo tal vez no demasiado, pero secundado por un colectivo tan increíble como el que le acompaña la cosa gana mucho. Brian ya sólo hace de maestro de ceremonias sentado al frente de todos, detrás de unos teclados que no toca en ningún momento y leyendo las letras que salen por sus pantallas. Pero con sus gestos articula todo un huracán de sensaciones, y cuando habla se le nota más suelto de lo que aparenta, con algunos comentarios ácidos y divertidos. A su alrededor, diez grandísimos músicos (todos hacen coros), donde especialmente destaca un teclista muy entregado que ayuda en los falsetes a su líder. El repertorio fue excelente para tratarse de un festival, pues se saltaron a la torera la limitación horaria y pudimos escuchar Wouldn’t it be nice, Catch a wave, Deserve drive, Gettin’ in over my head o California girls, en una cuidada selección que alternaba grandes éxitos de su antigua banda con temas de sus más recientes trabajos en solitario. No faltó la “Mejor canción de los Beach Boys” como él mismo bautizó la emocionantísima God only knows, que, a la misma hora en que el día anterior los desolados fans de Morrissey lloraban por su ausencia, hacía correr lágrimas de pura emoción a muchos de los congregados para ver a Brian Wilson en su primera visita a España. Por si fuera poco, salieron en un largo bis con la cara más surfera de Help me Rhonda, Barbara Ann, Fun, fun, fun y Surfin’ USA. En ésta última aprovecharon los Stockholm Strings, músicos que normalmente acompañan a Brian pero esa noche habían tocado junto a Arthur Lee, para marcarse una coreografía de lo más febril. Un cabeza de cartel perfecto y una medalla que los Morán deberán colgarse por su apuesta, bastante arriesgada cuando por abril muchos fibers cegados por la falta de nombres de actualidad se quejaban de “aquel vejete”.

Franz Ferdinand

Enésimo grupo que NME lanza a la fama, pero además con una historia increíble. Con un nacimiento más que surrealista, Alex Kapranos se encuentra con el que será su guitarrista, McCarthy, en una disputa por una botella de vodka en una fiesta. Paul Thomson se unió para tocar la batería, y para terminar de completar la banda acuden a Bob Ardy, un pintor de galería al que enseñan a tocar el bajo, logrando editar su primer trabajo. Ante la polémica de que en esta edición no había bandas guitarreras, digamos que no había bandas guitarreras consagradas, pero con Franz Ferdinand hubo guitarreos para dar y tomar.

Habían estado ya en mayo en el Primavera Sound, y en aquella ocasión dejaron mal sabor de boca por problemas de sonido con el micro. Atajados éstos en el FIB, el público pudo vibrar con los aires de frontman a lo Brett Anderson de Kapranos, o los ataques casi epilépticos de McCarthy a la guitarra y sus arremetidas sobre el teclado. Hasta Ardy se permitió licencias de cara a la galería con poses varias (se nota que va cogiendo confianza conforme van terminando la gira). Entre sudores se pudo escuchar desde el principio los temas más radiados de la banda Auf achse, Jacqueline, Take me out, Matineé -de lo más pinchado en este FIB, por cierto- o Tell her tonight. Posteriormente el concierto se relajaría algo, pero aún así daría para disfrutar con Michael o Darts of pleasure, sin olvidar que presentaron en directo This boy. Este tema formará parte de su segundo disco, y sigue la línea de los mejores temas de este primer álbum sin agotar la fórmula, todo un reto.

LCD Soundsystem

James Murphy es el Rey Midas de la abrasadora escena neoyorkina: tanto con DFA Records, su sello, donde tiene bien atados a los nuevos monstruos del funk-rock, los !!!, como en sus sesiones de dj de primerísimo nivel o, en su faceta que ahora nos ocupa, en su situación de frontman de LCD Soundsystem. A finales de año saldrá su primer largo tras despegar con los singles Give it up, Losing my edge y Yeah.

El concierto empezó tarde por culpa de un nuevo extravío de instrumentos (en algún sitio tiene que haber suficiente como para surtir a The Polyphonic Spree y dejarles equipo de reserva) y problemas con la prueba de sonido, en la que recibieron la ayuda de David Dewaele (2 Many Dj’s). Como anécdota, David y su acompañante quisieron quedarse a ver el concierto desde el foso, y tuvieron que lidiar con los excelentes miembros de seguridad -siempre atentos a que nadie excediese el tiempo de uso del foso de prensa-, hasta que desde el escenario Murphy les hizo señas de que era su invitado y que de ahí no se movía. Apenas hubo tiempo para tocar algunos temas pero fue una auténtica locura, haciendo bailar a todos los presentes hasta la extenuación. Sonaron sin descanso Beat connection, Tribulations, Give it up, el frenesí de Losing my edge y acabaron con la brutal Yeah, que hizo desgañitarse al público completamente volcado. Pero aparte de ser rock para pistas de baile (como el que ahora predican The Rapture, Radio 4 o Hot Hot Heat), Murphy le da un ramalazo funk con una voz negra salida de una garganta blanca. Macarrismo en estado puro.

The Chemical Brothers

Como presencia habitual del FIB (ésta era la cuarta) y cabezas de cartel en todas y cada una de sus anteriores apariciones, poco podían sorprender. Tras la reciente publicación de su álbum recopilatorio de singles, su espectáculo iba a consistir en lo que más tarde aconteció, un repaso pregrabado e interminable de sus temas más conocidos y mil veces escuchados. Cabe plantearse por parte de los organizadores un nuevo rumbo que dirima el estilo de un festival que anda hoy a medio camino del pop y la electrónica, y cuya indecisión viene reflejada en la enésima presencia de una pareja de Dj’s con incapacidad para reciclarse. Del concierto (o sesión, llámese como quiera) poco cabe decir. Algunos, con la segura e inestimable ayuda de psicotrópicos, habrán disfrutado enormemente; aquellos en situación de agotamiento físico y mental se retirarían a tiempo; el resto se iría disgregando conforme avanzaba.

Tras su paso por el Xacobeo, eran muchas las voces que alertaban de lo anodinos, repetitivos, pretenciosos y aburridos que resultaban, pero muchos no querían creer la realidad en la que habían devenido quienes antes habían sido estandartes de una electrónica que irrumpía con fuerza a finales de los noventa. Visto lo visto, sólo queda pedir que su próxima presencia esté justificada en base a un nuevo trabajo que nos resulte sorprendente y no únicamente en base a su nombre.

Textos: Jorge García
Textos Wire, Love with Arthur Lee y The Chemical Brothers: Oriol Alcorta
Fotos: Miguel González

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