conciertos

FIB Heineken 2004 (Benicàssim, 5, 6, 7 y 8 de agosto de 2004) Parte II

Viernes, 6 de agosto

La fiesta de presentación quedó atrás y el viernes, primer día “serio”, se presentaba a priori con muchas luces y sombras en torno a la calidad que contenía respecto a las apuestas más claras del sábado y del domingo.

Virüs

Cojamos como ingredientes dos integrantes de Las Perras Del Infierno, a un ex The Brillantina’s y mezclémoslo con post-punk, electricidad, irreverencia y descaro: el cocktail se cortará como la mayonesa en verano sin remisión. Y es que, sin saber cómo decirlo para no herir la sensibilidad de la banda, este año MTV, Radio 3 y la organización del FIB han escogido al peor ganador del Proyecto Demo, no ya de las ediciones de este concurso en España sino de las que han representado a Francia, Italia y Alemania.

Se podrá banalizar con que son parte del regreso de la Movida, pero desde luego su directo es un engañabobos que se reduce a una serie de clichés, al aspecto entre metalero de muñequeras y gótico de negro impoluto, a la repetición constante de un mismo acorde cual música de tiovivo, a “letras” (por decirlo de algún modo) que empiezan y acaban en el título del tema Gas, Desconexión, Himno mosquito… Una pena que algunos finalistas (de muy variados estilos musicales) quedaran relegados por tan irrisoria propuesta que ha ocupado el lugar que en años pasados tuviera gente como Ellos, El Columpio Asesino o Lou Anne.

Micecars

El trío ganador del Proyecto Demo 2004 italiano para la ocasión se transformaba en quinteto, presentando los temas de GewGaw tunes, EP autoproducido y que podéis descargar gratuitamente de su página oficial.

Los italianos sorprendieron, pese a haberse fundado apenas un año antes, por su compenetración a la hora de tejer un pop cercano al britpop desplegado por Blur en los años heroicos, con melodías y guitarrazos por igual, pero consagrado a los coros de sus tres miembros oficiales en un plano más cercano al que en la otra orilla del Atlántico acostumbran grupos como Imperial Teen o los Green Day más tranquilos. Posiblemente hayan sido los exponentes de este concurso más lúcidos de esta edición del FIB.

Snow Patrol

Para quien no conozca a la banda podría creer que estamos ante el enésimo hype de NME, revista que alabó hasta la extenuación Run, primer single de su nuevo disco The final straw. Sin embargo no estamos ante unos recién llegados, pues este grupo lleva dando guerra desde 1997, y tras dos discos infravalorados han conseguido sacar la cabeza en esta tercera entrega.

No obstante, en directo olvidan su pasado y sustentan el recital en el largo de este año. Se sucedieron temas como Wow, la genial Spitting games, la melosa Chocolate, el pegadizo estribillo de Somewhere a clock is ticking, que a ratos peca de tener un parecido razonable con algún tema de Coldplay, o el hit ya mencionado, Run. El público se entregó por partes iguales a su música como a la adoración de la banda, que se divertía de lo lindo en el escenario, comandada por ese yerno que toda suegra desearía tener que es Gary Lightbody, con su sempiterna sonrisa, su pose antibelicista (“Stop Wars” rezaba la camiseta) y su entrega física, hasta hacerse sangre en la mano y continuar sin inmutarse. De lo mejorcito que ha pisado el Fiberfib.com esta edición.

Kings Of Leon

“Más de la mitad del concierto serán temas del nuevo disco”, advertía Yozell en la entrevista que se publicó en el Fiber (periódico oficial del FIB que se publica de jueves a lunes durante el festival), y lo cumplieron. Los autores de Youth & young manhood volverán a la carga en noviembre con A-ha shake heartbreaker, y es probable que en la primavera del año que viene los tengamos por aquí de nuevo. Hasta que llegue ese día recordemos su actuación.

No se puede decir que los recién aseados Followill (fuera las barbas, salvo las de su batería) no le echen agallas al setlist. La gente iba para verles tocar los temas de su primer trabajo, y ellos respondieron tocando extractos del futuro álbum. Pero todo lo que les honró ser arriesgados lo dilapidaron en una interpretación discutible. La desgana corroía a los de Nashville cada vez que se asomaban a su debut, y sonaron sin garra Holly roller novocaine, Molly’s chambers o Red morning light. Además, si bien los temas nuevos tienen muy buena pinta, especialmente el tono blues de Pistol of fire, o los soberanos cambios de ritmo de Razz, en general se perdían matices por no poder comparar el directo con el Lp. Al menos salvaron la papeleta con la sensacional Trani cuando ya todo el pescado estaba vendido.

Her Space Holiday

Marc Bianchi habría estado tan triste como la letra de sus temas más sonados de haber sabido que se le escuchaba infinitamente mejor sentado en el césped que en la, a ratos, desastrosa acústica de la carpa Kane NYC Fibclub. Ésta ha sido una de las lacras de este FIB, ya que o sonaba mal o no había Dios que pusiera a funcionar las máquinas, al gusto del consumidor.

Al recital tecnológico de Her Space Holiday le falló el sonido excesivamente alto para su repertorio y un micro que funcionaba a ratos. No obstante, las ensoñaciones pop de este veterano, que se vió acompañado por un bajo y una batería, fueron dibujadas a la perfección, lanzándose a ratos a amagos hip-hop micro en mano y con el público predispuesto al baile. Si hay que tachar algo por ser quisquillosos sería la ausencia de esos violines que tanto embellecen Tech romance y My girlfriend’s boyfriend, joyas de The young machines, para no disparar económicamente su propuesta. En cualquier caso, los violines pregrabados también sirven y desde el césped, como decíamos antes, son igual de eficaces.

Lali Puna

Otro de los grandes damnificados por los constantes problemas técnicos del Fibclub fueron los alemanes. Era frustrante ver como pasaban los minutos de la actuación de Lali Puna y ellos seguían mirando impotentes cómo el teclado y el micro no funcionaban. A Valerie sólo la faltaba echarse a llorar.

Solventados temporalmente los problemas y con todo el mundo comiéndose las uñas, por fin sonaron los primeros acordes de Faking the books, cuyo álbum homónimo ocupó gran parte del concierto de los de Munich. Ésta, Call 1-800-FEAR o Left handed fueron el mejor termómetro para comprobar que el nuevo disco ha calado hondo en los amantes del pop electrónico. La actuación voló gracias a la interpretación de Trebeljahr y la hiperactividad de Christian Heiß a los teclados y las mezclas. No obstante fue una decepción que Markus Archer, muy correcto durante la breve actuación, no se empleara en la guitarra contestona de Micronomic, que estaba pregrabada.

Air

Los franceses se han convertido en la música de cámara del siglo XXI, su elegancia no tiene parangón, ni siquiera se les puede comparar con Kraftwerk, son conceptos totalmente opuestos con la misma apariencia. Por ello, cuando decidieron (o les impusieron) tocar en el Hello Moto, todo hacía presagiar que de la intimidad de la carpa podría surgir un concierto mucho más rico y aprovechable que el de hace dos años en el escenario verde, aún sacrificando la comodidad y haciendo frente al increíble calor que había que sufrir en la misma.

Y ciertamente, el repertorio del que disponen Godin y Dunckel da para ello, más aun este año con su nuevo álbum Talkie walkie. Sin embargo, su hieratismo es exasperante y a ratos soporífero, da igual que esté sonando el excelente single Cherry blossom girl que Playground love, el resultado es una miriada de fibers expectantes y el dúo francés impertérrito. Sólo salieron de su estirada imagen para, al más puro estilo circense, preguntar aquello de “¿Queréis bailar? ¿Queréis bailar ahora?”. Lástima que en las distancias cortas sigan siendo tan sumamente fríos, porque si se desataran no habría forma de quedarse indiferente ante temazos como Sexy boy o Kelly watch the stars.

Einstürzende Neubauten

Posiblemente hayáis escuchado alguno de los discos de Blixa Bargerd y compañía y lo encontréis tremendamente tedioso. Acaso podéis conocer a la banda porque su líder estuviera ligado en el pasado a Nick Cave (ojo con preguntarle a Blixa por esa etapa, que se enfada y mucho). O quizás no los conozcáis de nada. Sin embargo, no podréis decir que lo habéis visto todo en el mundo de la música si no asistís a uno de sus shows.

Llegaron los de Berlín con el inferior Perpetuum mobile bajo el brazo, no sin haber dado el susto cuando anunciaron en junio que no vendrían porque les salía caro trasladar todo el equipo que su concierto requería. Y claro que tiene que ser caro, a los instrumentos convencionales como guitarras y bajo debemos añadir a la facturación “instrumentos” como tubos y compresores de aire, bandejas giratorias de cristales rotos y plásticos (como la de la portada de su nuevo álbum), muelles, plato-sierras, botes de aceite de cinco litros atados que luego sacarían a pasear como si fueran perros… Y todo ello para ¡¡¡hacer música!!! Sin duda una sesión de rock industrial que dejó atónitos a todos, incluido José Morán, que por allí rondaba. Desde la incendiaria Ich gene jetzt con los compresores de aire, hasta Armenia y Alles, en las que se añadía como juguete distorsionador un consolador, pasando por un Perpetuum mobile desquiciado, seccionado en cuatro fases, y que tuvo como hilo conductor las neuras de Blixa, que no cejaba en sus sacudidas al tiempo que sintonizaba emisoras de la zona con un transistor. Irrepetibles.

Pet Shop Boys

No cabe duda de que Pet Shop Boys marcaron época en los 80 y a principios de los 90, pero en los últimos años, perdidos en una maraña de recopilaciones y de remezclas que no hacen justicia a los originales, no encuentran el paso correcto para regresar a su sitio en el trono. Con esa premisa y sabiendo que su concierto sería un grandes éxitos es imprescindible acudir a la cita. En cualquier otro caso, si se pasaran por tu ciudad en una mastodóntica gira europea seguro que los dejarías pasar por trasnochados y caros.

Y así el escenario verde se llenó de fans y de curiosos, estos últimos con la idea de “Veo un par y si no me gustan me voy”. Neil y Chris salieron ejerciendo sus habituales roles: el primero de showman amanerado, al principio de negro absoluto y luego de un blanco nuclear que casi hace daño a la vista; Lowe con su compostura casi kraftwerkiana, impertérrito tras sus gafas de sol y su gorra, escondido en los teclados y en la mesa de mezclas. Pero la sucesión sin descanso de hits, de himnos del pasado, como Flamboyant, It’s a sin, Se a vida é o Being boring mantuvieron a todos en su sitio, para terminar de complacer a unos y a otros con las covers Always on my mind (clásico de Elvis), Where the streets have no name (para júbilo de los fans de U2) y, por supuesto, Go West (de los Village People).

Kraftwerk

Más de 30 años han pasado desde que Hütter y Schneider dieran a luz a la criatura. Más tarde se les unirían Hilpert y Schmitz. Desde aquel hito y con discos como Autobahn o Trans Europe express, editados todos ellos en versión inglesa y alemana, la música se desdobló. Una parte siguió su camino convencionalista y otra mutó en la revolución de las máquinas a las que tanto deben gente de la talla de New Order o Depeche Mode. Y el viernes 6 estaban allí, en Benicàssim, Kraftwerk en “concierto”.

Desplegada la sábana que tapaba el escenario pudimos ver la atípica puesta en escena. Los cuatro de Düsseldorf con sus trajes negros, sus camisas rojas y corbatas negras; cuatro ordenadores y de fondo una enorme pantalla. Con The man machine se pudo comprobar cuál iba a ser el modus operandi. Ellos cuatro mezclando los temas sobre la marcha, estirados frente a su ordenador, si acaso siguiendo el ritmo con el pie. Detrás, la pantalla ilustrando en vídeo los temas de su repertorio. Para quien entiende la música como una furia desatada sobre el escenario fue un fraude, de hecho nunca sabremos (siendo maliciosos) si mezclaban ellos los temas o simplemente dieron al play. Para quienes vieron el show como una forma de comunicación, la transmisión del mensaje (que en ocasiones pueden parecer estúpido por lo conciso de sus letras pero que allí cobraba todo su sentido), no pueden decir otra cosa que no sean excelencias de su directo. En cualquier caso, lo que nadie podrá negar es que no faltaron a la cita ninguno de los hits de las últimas tres décadas The model, Vitamin, Autobahn, Tour de France (tanto la versión original como la del pasado año), Trans Europe express, Radioactivity, Aerodynamik … Y por si el aspecto visual no había sido lo suficientemente impactante volvieron a echar el telón para que les sustituyeran sus dobles robot para ambientar The robots. Finalmente volverían ellos vestidos con trajes fluorescentes para redondear su actuación con Music non stop.

Textos: Jorge García
Fotos: Miguel González

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