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Erykah Badu – New Amerykah Part One (4th World War)

New Amerykah Part One (4th World War) (Universal Motown, 2008) es el último álbum de Erykah Badu, bautizado curiosamente de manera un tanto profética si tenemos en cuenta las recientes elecciones de su país de origen. El quinto trabajo de esta diva de la música negra circula ante la sombra caricaturesca de Amy Winehouse, el fantasma de esa cumbre llamada The miseducation of Lauryn Hill (Ruffhouse, 1998) (décimo aniversario) y todas aquellas compañeras de viaje en la que Erykah empezaba a dar sus primeros pasos (Billie Holiday, Nina Simone…). Sus comienzos ya fueron llamativos gracias al éxito de On and on, aquél tema incluido en Bazuim (Kadur, 1997), disco en el que definió bastante a las claras su apreciado gusto por mezclar hip-hop y neo-soul, mostrando una calidez silenciada con desnudos graves y bajos, evitando un tanto las estridencias y sonidos menos convencionales.

La Erykah Badu del 2008 nos enseña lo que tiene a su alrededor, el mundo digital, tanto a nivel de producción como a nivel de medio de comunicación. La ciencia digital se apodera del último trabajo de la diva, la cual ha tratado de trabajar cada canción desde lo más básico: el sonido y sus frecuencias. Lo que lleva a cabo esta premisa es intentar buscar y rebuscar entre los sonidos del hip-hop, el soul y el funk para que, mezclados, transformen e hipnoticen lo máximo posible al oyente de manera bastante sorprendente; y es que New Amerykah se convierte en un álbum nada convencional, con un halo de futurismo en muchos de sus temas. Para ello ha ido a buscar a aquellos productores que le evocaban ese mismo aspecto visionario: Madlib, 9th Wonder y algunos de los componentes de Sa-Ra.

El disco empieza recordándonos a aquella alocada familia Stone de los 70, con ese funk tan rabioso que supone Amerykah Promise, y en el cual se satiriza con la actitud de consumo y con la política estadounidense (“Promise to you baby, I’ll love you tooth for tooth and eye for eye / Promise to you baby, anything you want you know I’ll buy”). Pero es a partir del segundo tema donde Erykah nos demuestra su actual propuesta, aquella que logra hipnotizarnos. El hip-hop abarca casi todas las bases del álbum, desde una óptica abstracta, desarraigada de medallones, palabrería barata y grooves a lo old-school. Ahí está The Healer, uno de los temas más fantasmales del LP con una melodía que consigue mantener en vilo al oyente, la cual se sostiene con una base hip-hop nada usual, mientras la Badu nos dice aquello de “hip-hop it’s bigger than religión / it’s bigger than government”.

La gran baza de éste New Amerykah es que se consigue abstraer al oyente utilizando dulces y amables arreglos junto con otros totalmente ásperos y rudos, como sucede en Twinkle o en la ya mencionada The Healer. La cara más encantadora del álbum, donde la fantástica voz de Erykah se adapta a un cálido hip-hop totalmente novedoso en la de Dallas, se muestra aprovechando unos entrañables saxos en Me, o en la fantástica y bella línea melódica de Soldier, otro de los inmejorables momentos del álbum. En ella consigue llegar a un punto final donde sólo se acompaña de unos coros absolutamente fantasmales, para volver a iniciar esa fantástica melodía. Punto y aparte.

Erykah Badu parece ser atraída más por el hip-hop, pero sin olvidar el neo-soul, el jazz o el funk, fabricando una mágica propuesta derivada de ése género mundial que empezó en las calles y que ella ha conseguido llevar a su laboratorio científico de mano de los productores menos convencionales del género.

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