Domingo , 23 de abril de 2017
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[Entrevista] Cala Vento

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Cala Vento son Joan Delgado y Aleix Turon, batería y guitarra, dos hijos de l’Empordà y de la Costa Brava que han encontrado acomodo en el barrio de Gràcia barcelonés bajo el ala protectora de Eric Fuentes y el sello BCore. Tras la publicación el pasado año de su primer disco vuelven ahora con Fruto panorama, un trabajo intenso, directo y sincero que amplía matices y sonoridades. Actualmente se hayan inmersos en una extensa gira de presentación que el pasado 10 de marzo recaló en la Sala Velvet de Málaga, donde ofrecieron un concierto enérgico y divertido. A Estoy enamorado de ti, Isabella Cantó o Abril, temas ya emblemáticos en su repertorio, se unen ahora Historias de bufanda, Hay que arrimar o Isla desierta, una de las más celebradas de la noche. Pocas horas antes del concierto estuvimos charlando con Aleix en el Drunk-O-Rama.

¿Cómo comenzasteis Joan y tú con Cala Vento? 

La vocación de componer y tocar nace en el instituto. Joan montó una banda en su pueblo, Torroella de Montgrí, y yo la mía en Figueres. No había muchos grupos de indie rock en ese momento por la zona, así que cuando nos conocimos conectamos enseguida. A partir de ahí fuimos montando cosas juntos.

¿Cómo conocéis a Eric Fuentes?

A Eric lo conocimos tras ganar el concurso Converse Make Noise en 2015. El premio era estar con él una semana. Nosotros tocábamos y Eric nos daba su opinión. Nuestra música era tan cercana a lo que a él le gusta y lo que hizo con The Unfinished Sympathy, que, más allá de consejos, Eric se metió de inmediato en nuestros temas. Estaba muy motivado. Eso fue en febrero, ya en mayo vino a vernos tocar y dos semanas después de ese concierto nos dijo de quedar. Ahí fue cuando nos propuso grabar el disco.

En la producción del nuevo trabajo, Fruto panorama, también os ha ayudado Santi García.

Sí, en este segundo más que en el primero, en donde solo mezcló. Fuimos a un estudio que suele utilizar para grabar sobre todo baterías. Tuvimos la suerte de que en esta ocasión también pudiera participar del sonido del disco desde el minuto cero.

¿Ha sido muy diferente la grabación del nuevo trabajo con respecto al debut?

Para el primero cogimos canciones que ya teníamos hechas desde hacía tiempo, pero tardó seis meses en publicarse. Durante ese tiempo nosotros habíamos seguido haciendo canciones, y al cabo de pocos meses nos dimos cuenta que teníamos ocho o diez temas nuevos. Pensamos que si componíamos alguna más podíamos grabar otro disco. A diferencia de con el primero, donde todo fue muy precipitado, con Fruto panorama hemos tenido más tiempo para componer, trabajarlo como conjunto y darle una nueva dimensión a nuestra música. Hemos intentado buscar cosas nuevas.

Ahora tenéis más material para los conciertos.

Es muy divertido. Estamos tocando más del segundo disco, que es lo que nos apetece ahora. Hace poco más de un mes que salió y la gente empieza ya a controlarlo.

¿Habéis tocado antes en Málaga?

No, en Málaga no, pero hemos estado un par de veces por el sur, en las dos últimas ediciones del Monkey Week.

Hablando del Monkey Week, ¿qué os parece su modelo de festival? ¿Es similar a la propuesta del South by Southwest de Austin donde también tocasteis el año pasado?

Son festivales muy interesantes desde el punto de vista del músico. Conoces a otros artistas con los que puedes tener afinidad y hay más facilidad para que te vean promotores y sellos. La idea es juntar a toda la industria, a todos los estamentos. En este tipo de eventos se intenta dar alojamiento a las bandas, pero en el South by Southwest no te dan nada, no te ponen ni el backline. Es como una feria. Tienes un slot, es decir, una hora y un sitio donde actuar, si quieres vas y tocas y si no pues les da igual. Tú llevas los instrumentos y pagas los viajes y el alojamiento. Estas cosas son muy puñeteras. Un promotor que quiera ir allí tiene que pagar ochocientos dólares para ver todos los conciertos.

En ese sentido, creo que Monkey Week está mejor montado. Intentan ayudar más a las bandas. Estos festivales tienen que tener en cuenta los gastos que tenemos. No puedo venir de l’Empordà al Puerto de Santa María, donde se celebraba antes el Monkey Week, y perder ahí mogollón de pasta. Hay muchas bandas emergentes que no tienen poder adquisitivo para hacer estas cosas. Después te encuentras con que Monkey Week quiere ser un escaparate de bandas nuevas, pero muchas de las que van llevan un largo recorrido. Quieren ir allí a tocar para salir de su zona de confort y se lo pueden permitir. Creo que todo esto debería mirarse un poco más. Por lo demás, es un festival espectacular, muy chulo. Este año en Sevilla fue la bomba, hay muchas salas y está todo muy cerca.

De cara a próximos trabajos, ¿habéis pensado en incluir más músicos para tocar en directo?

De momento no. Así es todo muy fácil. No tenemos grupo de Whatsapp (risas). Pero es inevitable tener que recurrir a una tercera persona en el equipo. Ahora vamos a tener que hacer algunos festivales y llevaremos a nuestro técnico para poder sonar realmente bien. A la hora de encontrar esa tercera persona tenemos que tener cuidado, hay que escoger bien. Buscamos a alguien con el que, más allá de que sea bueno en su trabajo, tengamos cierta afinidad. Estamos tan bien los dos solos que cada vez que tiene que entrar alguien en la ecuación nos da algo de pereza. Pero es necesario y va a funcionar.

En la canción Hay que arrimar decís que “las buenas letras te llevan al altar”. A la hora de componer, ¿tiran más las letras que la melodía?

Hay que arrimar es de las que compusimos tras decidir que íbamos a publicar el segundo disco. Esa presión, digamos, por tener que hacer algunos temas para completar el trabajo dio pie a que escribiéramos sobre el dilema que tienes muchas veces cuando haces una letra, si es importante o solo con la melodía ya puedes transmitir lo que quieres. La conclusión es que la melodía es muy importante, pero al final son las letras con lo que se queda la gente.

Cuando se habla de vuestro grupo aparecen casi siempre los mismo nombres: Nueva Vulcano, Los Planetas, Japandroids, Arctic Monkeys, Bloc Party o At The Drive-In. ¿No escucháis música de los sesenta y setenta, siempre tan reivindicada? Me refiero a los clásicos: Beatles, Stones, Pink Floyd, etcétera.

Intentamos entender la importancia de los grupos clásicos, pero nosotros no tuvimos una experiencia sensorial con esas bandas. La tuvimos con grupos como Arctic Monkeys. Para nosotros eso es lo que un día nos sacudió de una manera brutal. Lo mismo te podría decir de la generación de finales de los ochenta con Nirvana, seguramente. Creo que ahí está la gracia, porque si no al final estaríamos todos escuchando lo de siempre. Nos gusta entender a Cala Vento como una banda de nuestro tiempo. Vamos a intentar seguir desarrollando el proyecto con esa coherencia.

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