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El Columpio Asesino – La Gallina

La tercera entrega de El Columpio Asesino ya está en la calle, disponible en los escenarios y en la biblioteca musical (sea digital o en su formato redondo) de todo el estado. Por suerte no es preciso decir “a la tercera va la vencida”, ya que nunca ha habido ni un primer ni un segundo disco al que vencer, siempre ha sido vencido cualquier atisbo de duda, si es que los hubo, de cualquiera de sus fans u oyentes.

La Gallina (Astro, PIAS, 2008) ha sido creado con las bases de los dos hermanos “asesinos”, Raúl y Álbaro, los cuales han definido un tanto los bocetos de este álbum bastante más personal y detallista que el anterior De mi sangre a tus cuchillas (Astro, 2006). El lavado de cara es patente a lo largo de parte del álbum, sin quitarle ni brillantez ni su huella, por supuesto, personal. A través de cachivaches varios, un mayor y más amplio uso de la electrónica (apuesta por las texturas) y la aportación de una cantante hacen de este trabajo una limpieza de sudor y grasa con respecto al anterior, apostando por la elegancia y un toque más intimista.

Cenizas es un tema antiguo que han querido pulir convenientemente para éste último trabajo, el cual no suena a nada anterior; medios tiempos, guitarra simple, voz y maracas. Misterio incrementado por sintetizadores que se van añadiendo hasta que aparece ese gran fichaje a las voces, Cristina, para aportar un dueto vocal tremendamente bello y adictivo entre ella y Álbaro (batería y voz). La electricidad vuelve a aparecer en una forma menos roquera y habitual con El destacamento, el single que nunca podría ser single salvo si no fuesen El Columpio Asesino quienes se empeñaran. La austera batería, la oscura voz y la misteriosa guitarra van dejando paso a unos sintetizadores que logran intensificar la propuesta hasta desnudar al tema en su álgido punto final. A partir de ahí, aparece el Columpio menos “concentrado” con La marca en nuestra frente es la de Caín, el tema más parecido a su anterior trabajo, single y hit en toda regla y Moscas, donde recuerdan musicalmente a Derribos Arias y consiguen hacer uno de sus temas de humor (y no humor) irónico sobre esa sociedad no demasiado útil que tanto abunda por nuestros lares.
El lado más pop está en Yo soy tu hombre, el cual habla de amor, un amor infinito y arrebatador bajo un prisma totalmente singular; y en México estamos ante otro batallón de rock y electrónica que tiene una parte más progresiva en su parte final: la maquinaria en plena ebullición. Otro aporte curioso es Un arpón de grillos, el cual acaba siendo quizá uno de los temas más puramente electrónicos del grupo, apostando por texturas hasta ahora no utilizadas por los navarros.

El no encasillarse era un futuro previsible en un grupo que se desmarcó con su disco homónimo hace cinco años, confiando en esa variedad estilística; de lo que no éramos capaces era de saber la duración de su calidad. Y que dure.

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