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El Columpio Asesino – De mi sangre a tus cuchillas

Hace tres años descubrimos con alegría que aquel conjunto de grupos indies patrios que demuestran ser algo más que una pura copia británica y/o americana, o ser uno más de la lista de cualquier revival (véase 12twelve, Manta Ray, Lisäbo, etc.), podía aumentar. Nació El Columpio Asesino y con ellos una pequeña esperanza de obtener cierta originalidad y ¿subversión? en el ámbito musical nacional. Aterrizando de nuevo en el actual 2006 nos presentan su segundo largo: De mi sangre a tus cuchillas (Astro, 2006). Si el disco homónimo de 2003 nos sorprendió a todos por su eclecticismo y su viaje a ninguna parte, éste aporta sobre todo más garra y suciedad. Bajo la premisa del “no sé hacia dónde voy ni porqué”, la actitud de El Columpio Asesino se ha visto dirigida por esa musa llamada Instinto que tan sólo unos cuantos han sabido aprovechar (o simplemente poseer).

Al fruto se le pueden degustar distintos sabores expresados por vías mayormente contradictorias. Por un lado tenemos a los Columpio más viscerales, machacones y sucios, tanto musicalmente (en Edad legal, Sintetizadores sobre motos y guitarras) como líricamente (La zorra, Floto, el Ep Ahah); y por el otro, ambientes envolventes, relajados, melancólicos, como sucede en Gaviotas perdidas en el centro del mar o La perra del hortelano. De todo ello cabe destacar el uso un tanto “excesivo” de la producción, tal como dice Albaro Arizaleta (voz y batería), enfocando el sonido por un lado un tanto agresivo.

Detallando algo más el cancionero, es imposible obviar la actitud tan directa y sucia de Edad legal, con un bajo repetitivo que nos hunde en las enmarañadas guitarras del Columpio mientras va entrando el típico ritmo bailón guitarrero del conjunto navarro. La misma dinámica está presente en Lucas 44-48, todavía más dirigida al baile, a un baile totalmente mordaz (“Nos comeremos África entera y eructaremos como señores / cáncer e infartos en occidente”). Y como uno de los temas estrella está Floto, el Columpio en estado puro y sacando nota alta. A través del ritmo magnético de bajo y batería discurren los casi 7 minutos, con su parte vocal e instrumental acompañadas de toda la cacharrería pamplonica (sintetizadores, guitarras, etc.), y con una parte final en la que es imposible no sumergirse en el maremoto sonoro de la banda.

Esa facilidad para combinar ritmos arrebatadores y casi explosivos con ambientes melódicos y envolventes sin dirección (La caja de música) es la seña de identidad de un grupo que no sólo demuestra que hay esperanza, sino que se consolida como uno de los puntales del indie patrio a base de trabajo y personalidad.

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