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Editors (Madrid, 08-02-2006)

Editors tenían una cuenta pendiente con Madrid. Hace ya unos meses debían pasar por la capital, pero una oferta para telonear a Franz Ferdinand en su gira europea nos valió la cancelación de su visita. Con la promesa de volver en cuanto terminara su aventura llegamos a este mes de febrero. Entre la cancelación y la nueva cita el «de boca en boca” funcionó de modo que el recinto previsto, Moby Dick, se quedó pequeño. Así que hubo que trasladar el concierto a la recuperada Sala Caracol, perdiendo por el camino, eso sí, a uno de sus teloneros.

Para abrir el show se eligió a Gliss, terceto que todavía no ha editado un álbum (aunque cuenta con un EP del que se puede escuchar algunos temas en su web), pero que ya ha tenido el honor de compartir escenario con Calexico, Devics o Giant Sand en algunos festivales europeos y, el menos afortunado -todo sea dicho-, Billy Corgan en su gira en solitario. Su set se hizo corto entre sus efectistas (más que efectivos, pues todos tocaban por el estilo), cambios de instrumento y unos cortes que igual nos recordaban a los primeros BRMC de sonido sucio pero melodioso, o que se enmarañaban en accesos más post-rock al estilo de los recientes Secret Machines. Quizá su principal pega es que toquen demasiados palos en tan pocos temas: veremos que dan de sí en un futuro primer largo.

Llegó el momento estelar, y Editors subieron al escenario. Los cuatro chicos de Birmingham venían a defender con uñas y dientes su primer disco The Back Room (Kitchenware, 2005), enésima propuesta revisionista del fenómeno post-punk que agita el Reino Unido. Y a buen seguro que sólo por haber vendido todo el papel ya salían con mucho ganado de antemano.

Para quienes los llaman los «Interpol europeos», siempre desde un punto de vista peyorativo, en directo estos chavales no se enfundan en trajes y corbatas. Tampoco se refugian en la oscuridad del escenario optando por juegos de luces vistosos, y mucho menos se quedan prácticamente estáticos sobre las tablas. Y todo eso lo dejaron claro con el primer tema de los trece con los que nos obsequiaron, un Lights demoledor, tanto por el sonido, limpio y contundente, como por actitud escénica, donde Tom Smith (vocalista y guitarrista) y Chris Urbanowicz (guitarrista) se llevaron la palma.

Gran culpa del excelente concierto que se pudo vivir fue por la habilidad de su frontman para convertir en trallazos no sólo los singles, que ya sabíamos que lo eran, sino también las menos cuidadas baladas del álbum. Dotadas de mayor contundencia, en Fall, Camera y Open your armsla interpretación de Smith dejó en pañales los efectos especiales que necesitan otras bandas para sonar igual de desconsoladas. El chico estaba con tantas ganas que se atrevió con el piano, donde nos puso los pelos de punta sin tener que recrearse en estribillos o alargar la sección cuando todos los demás hubieran dejado de tocar. Para cuando quisieron encarar la recta final con palabras mayores como Blood, Bullets y, sobre todo, Munich, todo el pescado estaba vendido, el público se había entregado a ellos y Chris se dio un baño de multitudes entre convulsivos punteos.

Sólo pondremos una pega y es una lástima tener que hacerlo. Pero decidieron abrir el bis con un tema nuevo del que esperemos se deshagan en breve, porque representa todos los males que se puedan intuir en su disco: un tostón de sad song que tal vez en un amago de sinceridad bien han hecho en llamar Weight. Al menos, maquillaron el desacierto con el incontenible estribillo de Fingers in the factories.

Autor: Jorge García

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