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Destroyer – Your blues

Destroyer es un grupo ya veterano, tras 9 años de carrera y presentando su quinto disco de estudio. Pero al mismo tiempo posiblemente se trate, para la mayor parte del público, de unos desconocidos cuya mejor carta de presentación sea el trabajo de su alma mater, Dan Bejar, en ese supergrupo independiente americano que son The New Pornographers. Sin duda este Your blues pueda ser una buena razón para que la banda deje de estar en el anonimato y ocupe un merecido lugar dentro de la escena independiente, tanto americana como global.

Una producción compacta, que en su edición española se acerca a los 60 minutos con la inclusión de tres temas extra acústicos, en la que vemos reflejada una sensibilidad pop indudable, conjugada con un cierto gusto por el rock más artístico de un primer David Bowie. Cuando uno empieza a pasearse por las creaciones de Bejar se sumerge en un trabajo de naturaleza atemporal y cuya vigencia se nos antoja muy larga, lejos de efectismos o de concesiones a la galería.

El inicio no puede ser más adecuado, con Notorious lightning marcando la línea a seguir. Pop luminoso, mucho peso en la voz y un aire relajado que sigue a una guitarra que terminará dejando su lugar a las cuerdas para que lleven el peso del tema. Éste tiene un indudable aire orquestal, mostrándose parte de ese chamber pop que tanto gustan de mentar los críticos en lengua angosajona y que aquí funciona perfectamente. No se cae en la grandilocuencia ni en la prepotencia, creando una gran overtura para el disco.

Tras ese comienzo nos iremos a la tranquilidad de It’s gonna take an airplane, que nos puede recordar a los últimos Lambchop hasta la entrada de las palmas. También visitaremos el lado más directo y positivo de An actor’s revenge, más cercano a los pasajes de The New Pornographers, nos pararemos a ver un pop delicioso en The music lovers… Todo el álbum es un viaje por un concepto musical centrado en la elegancia, la sutileza y la perfecta realización del pop en su vertiente más sinfónica.

A esto le sumaremos ocasionales destellos que van más allá de la calidad del conjunto, que es muy alta. El inicio a capella del tema central, el homónimo al disco Your blues, nos da una inmejorable entrada que desemboca en una de las piezas más gloriosamente melancólicas del año. New ways of living parece jugar con el recuerdo inicial a You’re always on my mind para inmediatamente convertirse en un tema que no desentonaría en absoluto en el Electric version del año pasado. Don’t become the thing you hated es un tema más sencillo, tal vez menos sorprendente, pero no por ello menos satisfactorio, puede que un descanso dentro de la progresión del trabajo como totalidad antes de atacar su última parte.

Una conclusión que parece volver la mirada a los primeros 70, sobre todo sin perder de vista al Bowie de la época del Hunky dory en algunos momentos. Mad foxes abre el camino a unas guitarras atmosféricas y alegres que terminan convertidas en unos vientos que conjugan efectos de sonido evocadores. The fox and the hound se antoja un puente, más oscuro de lo habitual y muy centrado en las voces a partir de la irrupción de éstas, para la gran traca final. What road nos trae de la manera más clara las referencias ya comentadas al Duque Blanco, en uno de los mejores cortes del trabajo, mientras Certain things you ought to know vuelve al carácter más reposado y con un cierto toque siniestro que ya ha ido surgiendo a lo largo de la escucha para componer un aspecto global del disco lleno de contrastes y plenamente satisfactorio.

Aparte quedan los tres temas incluídos en la edición española, una suerte de apéndice musical en el que podemos intuir la manera de llevar al directo el álbum. Pese a ser canciones de su trabajo anterior, This night, su cercanía al nuevo LP es indudable. Podemos ver en ellos la potenciación de la voz y la guitarra ocupando los espacios más puramente destinados a la orquestación a lo largo de la producción. Un buen añadido, sin ninguna duda, por mucho que la verdadera concepción del disco se acabe en la pista número 12.

En éste su nuevo trabajo de larga duración la banda de Vancouver se nos muestra totalmente consolidada. Un sonido sin fisuras, con un cierto aire retro que se maneja de modo impecable y que entroncaría con una visión más luminosa de lo que unos Lambchop hacen en los últimos tiempos. Tal vez Destroyer sean, en el fondo, más ambiciosos de lo que parece en una primera escucha. Lo que es seguro es que saben lo que hacen, y cómo hacerlo.

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