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David Gilmour – On an island

Una de las mejores bandas de rock progresivo se reunía en el Hyde Park de Londres un 2 de julio de 2005. Tras 24 años de separación llenos de disputas legales, Roger Waters, David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright se subían a un escenario, aparcando momentáneamente sus diferencias, para interpretar en directo cuatro grandes temas. Bob Geldof, organizador del Live 8, consiguió lo que apenas un año antes era impensable: reunir a uno de los grupos más grandes, Pink Floyd.

On an island (Sony, 2006) es el tercer disco en solitario de David Gilmour. Un disco lleno de colaboraciones, como la participación del renombrado compositor polaco Zbigniew Preisner. David Crosby y Graham Nash también se encuentran entre los créditos del álbum, haciendo coros en algunos temas. Robert Wyatt participa tocando la corneta, así como Caroline Dale hace lo propio con el cello y Alasdair Mohillo con la armónica. En las tareas de producción encontramos el nombre de Phil Manzanera, legendario componente de Roxy Music, que se suma así a este suculento reparto.

Una grabación de tempo lento, en algunos momentos brillante y pausada. Su inicio nos recuerda un poco al último trabajo en estudio de Pink Floyd, The division bell (Columbia, 1994), con la introductoria Cluster one seguida de What do you want from me. En esta ocasión nos encontramos con la introducción de casi cuatro minutos titulada Costellorizon, que enlaza su final con el comienzo de On an island, primer single, donde las voces de Crosby y Nash destacan, pero no tanto como lo hace la guitarra de Gilmour, en uno de sus mejores solos en solitario. The blue es una pieza tranquila, con letra de Polly Samson, esposa de Gilmour. Después de la calma viene, posiblemente, el tema más rockero, Take a breath, cantada a dobles voces, con muchas guitarras endiabladas y un background con aliento psicodélico. Red sky at night, con Gilmour tocando el saxo, ejerce de puente para llegar a This heaven, un blues rock con predominantes guitarras acústicas y un sensacional teclado Hammond. En el trayecto final hay que destacar Smile, por su sencillez y su pureza. Y no podemos olvidarnos de uno de los temas más interesantes del disco, por no decir el mejor: A pocketful of stones es una mezcla de sensaciones encontradas, de memorias sensibles y cuya orquestación, junto a la guitarra de Gilmour, hace que la pieza sea simplemente preciosa.

Los años pesan y a nadie le gusta que se lo recuerden. Quizás esta madurez es la que a David Gilmour le ha producido tranquilidad, junto a esas ganas de componer canciones y ambientaciones sonoras, pero sin dejar de lado ese estilo «floydiano» con el que creó escuela y leyenda. El concierto de Hyde Park posiblemente ha pasado a la historia y será recordado como una cita mágica, en la que cuatro compañeros olvidaron sus malos momentos pasados e hicieron lo que mejor sabían hacer, música.

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