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Damien Jurado (Barcelona, 25-11-2008)

El temporal de lluvia que inundaba la ciudad hacía prever una noche llena de emociones disfrutando de canciones tristes y cercanas, pero no fue así, y no porque tanto el telonero Espaldamaceta y el mismo Damien Jurado no pusieran toda la carne en el asador. El auténtico culpable de no llegar al clímax conseguido en otros visitas del cantautor de Seattle a nuestro país (en la memoria de los que pudimos asistir quedarán para siempre las lágrimas que no pudo contener en el Tanned Tin 07), fue el emplazamiento, y es que, estimados programadores, el Sidecar es un local nefasto para este tipo de concierto. Recordemos que la mítica sala de la Plaça Reial, con su forma de tubo y su escenario, al fondo y más bajo de lo normal, hace que a partir de la tercera fila no se vea nada de nada, y más si los artistas tocan sentados, como en el caso que nos ocupa.

La cosa empezó un poco fría y con algún despistado de cháchara en la barra, pero Espaldamaceta demostró una gran habilidad en romper el hielo y hacer reír al público a pesar de sus canciones tristes. Canciones que se pueden encontrar en el notable Madera y Poca Luz (Bankrobber, 2008) y que defendió a capa y espada armado únicamente con su particular voz y su guitarra de nylon. Entre todas destacó su tema clave: Y ahora que la mierda ya me llega hasta los ojos, hit que el mismo cantautor tarraconense presentó como el motivo de estar esa noche en el escenario.

Al contrario que el telonero, Mr. Jurado jugaba con todo el público a su favor para ver si realmente el divorcio le había sentado tan bien musicalmente como decían algunos medios (hasta la saciedad he podido leer algunos detalles de la ruptura con su esposa, como si de pornografía sentimental de prensa rosa se tratara). Flanqueado por Eric Fisher y Jenna Conrad, empezaron atacando esa joya publicada este mismo año que es Caught in the Trees (Secretly Canadian, 2008), justo hasta llegar a la grandiosa Gillian was a horse. El trío sonaba compacto y a gusto sobre el escenario; Eric y Jenna iban intercambiando sus posiciones durante el tramo medio, que se centró en inolvidables composiciones antiguas como Letters & drawings, para acabar con el mismísimo Damien a la batería entonando un Best dress realmente emocionante.

A la hora de los bises, parte del público abandonaba la sala como si de partido futbolístico se tratara, y es que, una vez más, los programadores volvieron a fallar, porque no hay que olvidar que Damien y sus compinches aparecieron en escena a las 23.30, para irse más allá de la 01.00 de un martes laborable.

Por todos estos motivos, horario y emplazamiento, seguiré recordando con más cariño el concierto de Castellón. Oportunidad desperdiciada para coronar a uno de los artistas que mejor emocionan en este planeta.

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