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[Crónica] Pitingo (Teatro Cervantes, Málaga, 15/05/19)

El intérprete onubense presentó su disco 'Mestizo y fronterizo'

Pitingo, durante su actuación. Daniel Pérez / Teatro Cervantes

Llegaba Pitingo al Cervantes escoltado por una docena de músicos, trío de góspel incluido, para presentar con hechuras de superproducción un Mestizo y fronterizo que refresca, partiendo de la raíz flamenca, la particular coctelera de sonoridades del artista. La mezcla resultante recibe el nombre de soulería, género soul a ritmo de bulería ingeniado por él mismo y cuya definición podemos encontrar en el Diccionario de términos del flamenco editado por Espasa Calpe en 2007. La RAE aún no se ha pronunciado al respecto, pero confiemos en que todo se andará.

El concierto basculó entre nuevas composiciones, piezas recurrentes de su repertorio y varias adaptaciones de algunos de los clásicos estadounidenses más reconocidos del siglo pasado, como Georgia on my mind (popularizada por Ray Charles), Stand by me (Ben E. King) o un Soul man, registrada en 1967 por Sam & Dave y rescatada por los Blues Brothers a finales de los setenta, grabada para Mestizo y fronterizo con la colaboración, precisamente, de Sam Moore. Bien engarzada quedó la lectura de Imagine en la soleá dedicada al guitarrista alicantino Mario Escudero, que se hallaba en Nueva York el día que asesinaron a Lennon. Al parecer, Yoko Ono se le abrazó llorando mientras le preguntaba si conocía bien al exbeatle, a lo que Escudero respondió que no, que él sólo pasaba por allí.

Entre las revisiones también se colaron Rescue me, I just call to say I love you, Killing me softly, Proud Mary, Guantanamera o la inevitable I will survive, todas ellas indiscutibles resortes a la hora de agitar los esqueletos de los asistentes, a los que el propio Pitingo autorizó —siempre desde el respeto al prójimo— a utilizar sus teléfonos móviles para tomar cuantas fotos, vídeos, selfies y mensajes de voz quisiesen. El anuncio, recibido con más aplausos que las intervenciones del trompetista cubano Frank Santiuste o el formidable interludio jazzístico que se marcaron Carlos Merino (percusión), Fernando Favier (batería) y Constan González (bajo), fue secundado por menos documentalistas de los esperados. Bravo.

Pese al bullicio generalizado en las butacas durante la ristra de hits, el ritmo de la extensa velada (dos horas y media) se resintió: échenle la culpa si acaso a las holgadas charletas de un Pitingo que recorrió su actuación con gafas de sol debido a una reciente operación de úlcera en su ojo derecho. Entre tanta fiesta —y parones—, los pellizcos de mayor enjundia arribaron cuando más recogido se mostró el escenario, dejando vía libre para que la guitarra de Jesús Núñez se alzara espléndida por fandangos o en una conmovedora Cucurrucucú paloma. A veces, menos es más.

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