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[Crónica] M Clan (Fuengirola, 05/08/20)

Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez repasaron en formato acústico el repertorio de la banda murciana dentro de la programación del Marenostrum Fuengirola

Carlos Tarque y Ricardo Ruipérez, durante el concierto. Foto: Alberto Fernández-Baca

A M Clan, como a toda persona física o jurídica, esto del coronavirus les ha fastidiado los planes diseñados para 2020. La banda tenía previsto volver a reunirse para dar continuidad a aquel Sin enchufe (2001) que tantas satisfacciones les proporcionó, proporciona y proporcionará. La solución para reactivar una agenda mermada y trastocada después del confinamiento ha sido, como la de tantos otros grupos, lanzarse a la carretera con lo justo de equipaje para repasar un inventario sonoro que, en este caso, comenzó a gestarse a mediados de los noventa y ha ido alumbrando a lo largo de dos décadas y pico algunas de las canciones más recordadas del pop español.

Un buen puñado de ellas sonaron ayer en el Castillo Sohail dentro de la programación del Marenostrum Fuengirola, que ha convertido su inesperada Edición Limitada en un estupendo emplazamiento para el esparcimiento estival, amortiguado esta temporada por la crisis sanitaria. Echando mano de voces, un par de guitarras, armónica, pandereta y cajón, Tarque y Ricardo Ruipérez ofrecieron un recital bonachón que, a ratos, parecía demandar algún ensayo extra para camuflar con éxito la luz del piloto autómatico. Abrieron con Filosofía barata y Souvenir —las dos canciones que servían también para inaugurar las actuaciones del tour acústico con el que ambos recorrieron algunas salas en 2016— entre constantes exhortaciones, finalmente agotadoras, a tocar palmas, corear este o aquel estribillo y canturrear todo lo que solicitara un Tarque a medio gas.

Las cualidades de Ruipérez a las seis cuerdas, copadas por un innegable sentido del ritmo y la melodía como bien dejó apuntado el productor Brad Jones en el documental dedicado a la creación de Delta —uno de los mejores discos de la formación murciana—, desembocan aquí en una carretera asfaltada en una única dirección: nada de solos, filigranas o mínimos hallazgos que empuñar para mantenernos expectantes. Y así, plácidamente, transcurrió una velada que brindó tramos notables cuando el dúo arrimó el repertorio al blues (qué bien quedó Perdidos en la ciudad) y se guardó para el final una sarta de éxitos compuesta por Maggie despierta (con invocación a Calamaro), Quédate a dormirCarolina y Concierto salvaje que terminó por saciar al respetable pese a lo irregular del menú.

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