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[Crónica] Dry Martina (Málaga, 25/09/20)

La banda liderada por Laura Insausti festejó su décimo aniversario en un Teatro Cervantes con el aforo limitado a doscientas personas

Javier Ojeda y Laura Insausti, durante la actuación de anoche. Foto: Teatro Cervantes

Nada más acomodarnos en el patio de butacas los ojos se dirigen a la lámpara y el par de sofás situados en el centro del escenario, que junto a los variopintos instrumentos esparcidos aquí y allá conforman una estampa íntima, casera. Y esa era, precisamente, la intención de Laura Insausti: hacernos sentir como en el salón de una casa imaginada que poco a poco iría acogiendo convidados para celebrar el décimo aniversario de su banda, Dry Martina. Hace unos meses la jarana hubiera sido de órdago, claro, pero ahora, con el aforo del Cervantes limitado a doscientos espectadores, los festejos adquieren una forzosa atmósfera familiar. En cualquier caso, el combo malagueño desplegó durante su concierto —enmarcado en la programación de un Festival Terral igualmente adaptado a las circunstancias— un repertorio enérgico y bien calibrado que concedió protagonismo a las sonoridades propias del swing, el soul y el jazz pero siempre condimentadas con una pizca de funk, electrónica, flamenco y rock’n’roll.

Ayudó a extender el amplio abanico de géneros una nómina de invitados, con innegable acento malagueño, que empezaría a desgranarse con la comparecencia del vibrafonista Javier Navas para colorear Sácame a bailar, uno de los tres o cuatro avances del próximo disco del grupo que se estrenaron anoche frente al público. De hecho, María Peláe y Zenet debían arropar ayer otra de las canciones inéditas, la combativa Rayo, pero ambos se encuentran en Madrid y finalmente, lástima, causaron baja por «ya sabéis qué». Sí acudió Diego Lara, que acompañó con su guitarra la interpretación acústica de Solo para ti, pieza cálida y conmovedora compuesta por Insausti para su hija Daniela en una tarde invernal.

Pero presentemos ahora a la banda, a los anfitriones del convite. Apunten: Stefano Tomaselli abrazó el saxo, Jaime Fernández hizo lo propio con el trombón, Nacho Loring circuló entre la trompeta, la guitarra española, el órgano y el piano, y Alejandro Lévar se ocupó de la guitarra eléctrica y el sintetizador, desde donde lanzó el set percusivo de la noche y algunos dardos electrónicos. No olvidemos a Juan Baca: el contrabajista, formidable, tuvo una presencia intermitente (e imponente) durante la velada dispensando argamasa de primer orden. Al frente de todos ellos se sitúa una Laura espléndida que alternó diversos registros vocales y empuñó ukelele, maracas y hasta castañuelas.

La segunda parte del concierto, que resultó acaso más breve de lo esperado, se abrió con la aparición del trío The Vintage Experience para coreografiar y corear Malahierba —y llevarnos de la mano a las primeras décadas del siglo pasado— y prosiguió con Tú quieres mambo, interpretada con la colaboración de un Javier Ojeda que alentó el movimiento #AlertaRoja, y Málaga, al son de la buena vida, que contó con la aportación a las voces de La Mari de Chambao. El único bis se nutrió de la esperada Musarañas y de otro tema aún sin título que, atiborrado de ritmo y lúdicas exhortaciones, reunió sobre las tablas a todos los implicados en la fiesta para un último y feliz baile. Toca, pues, alzar las copas y brindar por lo pasado, por el ahora, por los días que vendrán. Qué menos.

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