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[Crónica] Derby Motoreta’s Burrito Kachimba (Theatro Club, Málaga, 28/03/19)

Los sevillanos presentaron su primer disco en un abarrotado Theatro Club

Dandy Piranha, durante la actuación. Foto: Alta Fidelidad

Venían avisando desde el año pasado con la publicación de El salto del gitano y La piedra de Sharon, dos adelantos que evidenciaban por donde irían los tiros, y con notables apariciones esporádicas por aquí y por allá. Antes del lanzamiento de su álbum de debut calentaron motores en el festival Monkey Week de Sevilla, sensacional escaparate de formaciones emergentes donde se dejaron ver y escuchar en la sala Even y en la Alameda de Hércules por partida doble: primero sacudiendo al personal en la matutina batalla de bandas organizada por Radio 3 y, horas más tarde, con una actuación propia inmersos en un ambiente convenientemente caldeado. Poco después limarían los últimos flecos del disco en el estudio Pancake Analog Recording de Dos Hermanas asistidos por Fernando Zambruno y hace unas semanas, al fin, lo publicaban bajo el sello Primavera Labels con título homónimo: Derby Motoreta’s Burrito Kachimba.

Tras la intrincada denominación encontramos, surgidos de grupos sureños como The Milkyway ExpressFuria Trinidad Quentin Gas & Los Zíngaros, a Dandy Piranha (voz), Bacca (guitarra), Gringo (guitarra), Soni (bajo), Máscara (sintetizador y teclados) y El Papi aka “Pachuli” (batería), apodos que bien podrían haber encajado en una ficción cinematográfica de Eloy de la Iglesia. Nace así la kinkidelia, corriente novísima que «discurre por esa fina línea que separa el cine de José Antonio de la Loma y una trip movie de Kenneth Anger».

Encabezados por Piranha, figura esbozada entre trazos de Marc BolanRobert Plant que remite desde la bocanada inaugural a Jesús de la Rosa (escuchen Somnium Igni), los sevillanos dibujan y expanden sobre el escenario una propuesta que bebe por igual del rock andaluz de Triana, Azahar o Smash, que de las sonoridades propias de la psicodelia del siglo XXI que emanan Thee Oh Sees, los Tame Impala más tempraneros o los australianos King Gizzard & The Lizard Wizard. Muestran querencia por los desarrollos más o menos extensos, y es ahí donde ya, a estas alturas del cuento, se revelan intachables; así lo atestigua el arranque con The new gizz, el viaje a todas partes que supuso Samrkanda o la sugestiva pieza, edificada con meticulosidad, que dio paso al final de fiesta con El salto del gitano. Toca brindar por la kinkidelia.

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