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[Crónica] Ballena (Sala Velvet, Málaga, 22/12/2017)

Los malagueños presentaron su primer disco, Navarone

En palabras de Miguel Rueda, excomponente de Cecilia Ann y Fila India, ahora guitarrista, letrista y cantante de Ballena, con este nuevo proyecto se podría decir que les ha tocado la lotería. El grupo malagueño, que además de premiado goza de apreciable salud, se completa con la batería de Juande Jiménez (Negroazulado) y la guitarra de Alejandro Hidalgo (Notes to Myself y Modo Bélica), a los que se les unen sobre el escenario Alfonso López al bajo y Sixto Jiménez a los teclados y coros. Registraron su primer trabajo, Navarone, porque les apetecía, por diversión, tal vez para seguir en permanente contacto con algo tan indispensable para muchos de nosotros como es la música.

Tras finiquitar la grabación, Miguel —lo cuenta él mismo en una entrevista que publicaremos próximamente— llevó el disco bajo el brazo a Subterfuge, probablemente la discográfica independiente más significativa de nuestro país. Carlos Galán, responsable del sello junto a Gema del Valle, quedó fascinado con la propuesta y los fichó para un catálogo que cuenta con Neuman, Viva Suecia, McEnroe o Anni B Sweet. La primera actuación de la banda tuvo lugar en la Plaza de la Constitución de Vélez a finales del pasado mes de agosto dentro del FestiBallix. De ahí pasaron a la madrileña Joy Eslava, con capacidad para un millar de espectadores, donde abrieron la noche del 5 de octubre para Neuman en un recinto atiborrado. Faltaba conquistar Málaga desde dentro: la Sala Velvet sería testigo de ello.

Abrieron fuego de puntillas, inmersos en un grito sordo de Ignatius Farray; así se inicia Portugal, espléndido relato de ida y vuelta que sirve para delinear el tono de unos textos que nacen primordialmente, con amor y humor, de la experiencia personal, de la vida misma. Ocurre igualmente con Trío de pedernal, con Sagres Mini —en donde Paco Neuman incrusta combativas líneas de guitarra— y con Lolalé, toda una aglomeración de sus virtudes representativas —agraciadas melodías, algunas frases para el recuerdo, coros por doquier— en una canción que nos devuelve a Tom Petty y a unos Teenage Fanclub de los que beben, al menos aquí, hasta embriagarse. De ellos, de los escoceses, es precisamente una de las versiones que apuntalan un repertorio aún reducido; Star sign, incluida en el inolvidable Bandwagonesque, descargó decibelios aquí, allá y acullá. Ocurrió algo similar con la urgente Caught by the fuzz, de Supergrass, elegida para cerrar el concierto tras Primo donna.

Antes sonaron, hasta repasar el álbum en su totalidad, Aerobic CristalTaxígrafoLos cañones de Navarone —siempre dedicada al padre de Miguel—, De la cadena los favores y Tropisálida, que sobre las tablas se sacude parte de su sutileza bossa en favor de los aguijonazos eléctricos de la guitarra de Alejandro. No nos olvidamos, para ir cerrando, de El policía del estilo: Ballena rubrican con ella uno de los momentos musicales de este año que se nos escapa gracias a un estribillo que, al igual que muchos de Teenage Fanclub —para no desprendernos de ellos— o The Shins, se fija en nuestra cabeza con brío, sin avisar. Y es que esta Ballena, ya lo verán, ha llegado para quedarse a vivir entre nosotros; recibámosla con aplausos y carantoñas.

Foto: Francisco J. Fernández.

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